Jueves, 26 de Abril de 2018
El Tiempo

Tenemos que recuperar ese Estado más justo de Bienestar Social, donde no dejemos a la intemperie a los más desprotegidos. Somos muchos los que queremos recorrer este camino y cuantos más, más cerca estará la utopía de un mundo más justo.

Era una mañana fría y lluviosa de finales de noviembre. A las 8 de la mañana salía de Argoños, uno de los pueblos más pequeños de Cantabria, conocido lamentablemente por tener cerca del 20% de su suelo urbano con sentencias de derribo, donde muchas familias llevan décadas esperando una solución. Me recogía un amigo para ir a Santander a escuchar una conferencia del Presidente de los Economistas Españoles, organizada por una importante cadena de radio. El señor Valentín Pich es de esas personas que hablan pausadamente, sus palabras suenan sabias, aunque muchas veces no entiendas muy bien de qué va la oración, todo parece indicar que siempre tiene razón. Ya se sabe que la forma y el tono dan mucho empaque, y es que una buena oratoria despeja las nubes del entendimiento.

Hay quien sostiene que los economistas son historiadores especializados en economía, que sólo dicen lo que ya ha pasado, cómo ha pasado, cuándo ha pasado; pero nunca nos dirán qué va a pasar... Bueno, quizás la bola de cristal no la tenemos ninguno, pero después de tanto fiasco se echa de menos un poco más de humildad en algunos miembros de este gremio.

La ponencia se exponía bajo un título tan interesante como el de "Mantener y mejorar el Estado del Bienestar". Cuando muchos pensábamos que el mismo había quedado tocado y casi hundido en esta crisis, el ponente daba datos que parecían desmentir esta situación. Los que somos aprendices de brujo, artesanos de la escucha activa, alguna cosa si nos pareció comprender, y varias ideas llamaron la atención, como "que no puede ser que a base de ayudas públicas una persona pueda vivir mejor que otro trabajando". Lo cierto es que seguro que alguno habrá, pero da la sensación que es convertir la anécdota en categoría. También hay a quien le toca la lotería, pero la mayoría somos contribuyentes voluntarios a las arcas del Estado con este juego.

Por cada euro que se va en ayudas sociales, la pregunta es cuántos se llevan la corrupción

Por cada euro que se va en ayudas sociales, la pregunta es cuántos se llevan la corrupción, en los papeles de Panamá, la ingeniería financiera que acaba en esos paraísos fiscales donde el dinero parece multiplicarse para algunos, mientras esos mismos, predican la austeridad en su país para aquellos que peor lo pasan. Frases como que el seguro de desempleo puede ser visto como "dos años de vacaciones para la gente joven". Pueden ser tremendamente injustas cuando ya hablamos de la generación perdida o que ha tenido que hacer las maletas y buscarse la vida fuera de este país, cuando hemos oído ya con demasiada frecuencia que por primera vez en mucho tiempo los hijos van a vivir peor que los padres.

Considerar que algunos parados son personas que están de vacaciones con un sueldo retribuido por el Estado, que pagamos a escote, es una idea preocupante, incluso demoledora, y a pesar de ser usada con prudencia, produce efectos poco deseados. Bastante tienen los parados con su dura situación para que ahora ahondemos en la estigmatización de quienes se encuentran desempleados. Si hay errores en el sistema, que se depuren, pero la necesidad de mejorar la situación de aquellos que en nuestra sociedad se encuentran desprovistos de herramientas para ganarse la vida tiene que ser dar soluciones. Los países más avanzados son aquellos en los cuales las diferencias sociales son menores.

Hay datos que llaman la atención. Así, los altos ejecutivos del Ibex ganan de media 112 veces más que sus trabajadores. Por ello, cuando se exponía que hay que incentivar el trabajo y la recompensa por el mismo, se manifiesta la necesidad de salarios más elevados, acordes con el trabajo realizado sin sueldos de auténtica miseria, que son inferiores a los que se percibían por el mismo trabajo hace más de 10 años. Es cierto que hemos mejorado nuestro paro, pasando del 21% al 16%, pero este descenso se está haciendo sobre todo a costa de muchos que están trabajando en precario.

Es muy de agradecer la lección del Sr. Pich, se puede estar de acuerdo o disentir, pero todos aquellos que nos hacen pensar, reflexionar sobre la situación en que nos encontramos, ya tienen su mérito. Si se aportan ideas, aunque no se compartan, tienen un efecto motivador, el de buscar y contrarrestar las mismas con argumentos más sólidos. Se debe pedir a quienes tienen las responsabilidades legislativas y ejecutivas que se trabaje para algo en lo que la mayoría si estamos de acuerdo: la protección de la población, la necesidad de recuperar las cuotas del Estado de Bienestar Social que teníamos antes de esta profunda crisis, donde tantas plumas se han quedado.

El problema está en la distribución de esas obligaciones y beneficios

Es muy preocupante la situación de aquellas personas que no tienen ni para pagar la calefacción ahora que el frío arrecia, y nos llegan recuerdos penosos de situaciones pasadas. Los que para llegar a fin de mes les cuesta más que lo ingresado por su trabajo. Los que no tenemos esos amplios conocimientos sobre la economía, agradecemos las lecciones que recibimos, pero también es cierto que no todo lo que escuchamos pasa por el filtro de la razón. Además, cada uno tiene el suyo a la hora de realizar su criba y esas ideas tropiezan con muchos prejuicios, ideologías y situaciones que se elevan a la categoría de dogmas. Ya se sabe que para superar una crisis, nada como echar trabajadores a la calle y luego recogerlos pagándoles la mitad de su salario anterior Una gran obra de ingeniería financiera y económica siempre bajo la sintonía de la flexibilidad laboral como panacea a todos nuestros males.

Nos decían que los derechos sociales tienen coste, son como los menús, cuando se cogen, hay que mirar en la carta cuánto nos van a costar y si tenemos capacidad para abonar los mismos. Por ello, esos derechos tienen que ir acompañados de obligaciones. El problema está en la distribución de esas obligaciones y beneficios, en definitiva, que no siempre paguen el menú los mismos. Muchas de las políticas de nuestros días buscan siempre el beneficio económico, y se sigue esperando el beneficio para todos, el beneficio social.  

Todavía hay muchas personas que no tienen lo más elemental, ya la dijo Espartero, el torero, en 1885: "más cornadas da el hambre". Necesitan recurrir a organizaciones sociales que están realizando un gran trabajo de solidaridad y justicia social. Por estos pueblos de la zona de Siete Villas, desde donde salíamos esa fría mañana a escuchar cómo recuperar el Estado del Bienestar, el domingo 10 de diciembre se va a realizar la 69 Marcha Solidaria del 0,77%, con salida a las 9 de mañana del Ayuntamiento de Bareyo-Ajo, para ayudar a aquellos que más lo necesitan y que tienen que recurrir a instituciones que realizan esta labor social, como el Banco de Alimentos, la Cocina Económica, Cáritas, ONGs, Asociaciones ... Cierto, tenemos que recuperar ese Estado más justo de Bienestar Social, donde no dejemos a la intemperie a los más desprotegidos. Somos muchos los que queremos recorrer este camino y cuantos más, más cerca estará la utopía de un mundo más justo.