Viernes, 18 de Agosto de 2017
El Tiempo

La valla de la vergüenza, aquella que separa a las personas simplemente por la situación geográfica, por el lugar de su nacimiento, ningún otro mérito especial. 

¿Quién no tiene en su retina imágenes difundidas por los medios de comunicación de personas intentando saltar las vallas de Ceuta y Melilla, con profundas heridas producidas por las cuchillas de esas vallas?. Otros intentando alcanzar con cualquier instrumento que pueda flotar las costas españolas llegan, los que no se quedan en la fosa común del Mediterráneo, exhaustos, temblando de frío,  muchas veces los vemos envueltos en esas mantas grises cabizbajos,encerrados en su propio miedo. Nos hemos acostumbrado y la excepcionalidad se ha convertido en algo normal.

La valla de la vergüenza, aquella que separa a las personas simplemente por la situación geográfica, por el lugar de su nacimiento, ningún otro mérito especial. 

Así los que nacen en una parte tienen sus derechos protegidos por el Estado y su poder coercitivo,  la fuerza de la ley y su respeto, tienen el sentido de poseer ese territorio y todo es suyomientras  que los que están a la otra parte, en la lado oscuro, son los sin papeles, sin patria y sin derechos, son los que les ha tocado por una designación divina dirán unos, o por el puro azar que les ha jugado una mala pasada, la de vivir en la eterna pobreza. 

Nos hemos acostumbrado y la excepcionalidad se ha convertido en algo normal

Es difícil de entender para cualquier persona bien nacida la situación de aquellos que la vida ha situado al otro lado de la valla, en el lado oscuro, donde el sufrimiento y la propia vida tienen muchas veces poco valor, en frente civilización occidental con unos grandes valores éticos y morales, pero que lamentablemente no se  aplican a estas personas. Se ponen escudos  contra los sin patria, ni patrimonio, ni derechos,  los condenados a la pobreza más absoluta. Sin embargo con los medios que hay actualmente  a ellos les llega las imágenes y el sonido de otro mundo lleno de oportunidades, la publicidad incluso a ellos les vende lo maravilloso que es vivir en el mismo. Para esos jóvenes sus ídolos, en el mundo de la canción, del fútbol, de cualquier espectáculo viven al otro lado y son aquellos que han alcanzado el éxito. 

A ellos les ha tocado por nacimiento vivir en el lado oscuro, donde la vida es tan dura que están dispuestos a perderla para lograr atravesar esa frontera. 

Mientras los presupuestos de la Unión Europea son para cerrarles las puertas, para esconderlos en Turquía, para poner concertinas que desgarren sus carnes, o en EEUU para construir y hacer menos permeable su muro de la vergüenza, añadiendo que lo van a pagar ellos,  con una clara intención de humillarles . 

Siempre habrá disculpas para mantener al otro lado a estas personas que sólo piden una oportunidad de poder estar donde desde el mundo de la comunicación y la publicidad se les promete el paraíso. Para quien come una vez al día y mal, comer tres veces al día ya es el paraíso. 

Hoy se justifican situaciones de flagrantes violaciones de los derechos humanos y siempre hay una escusa, un enemigo. Como decía el filósofo y escritor José Luís Sampedro "nos educan para ser siervos y dóciles utilizando el miedo como arma inmovilizadora, inyectándonos ese miedo en el cuerpo  para dominar nuestra voluntad, con la escusa  del binomio seguridad, libertad. 

Decir que el de fuera nos roba hasta los puestos de trabajo y las ayudas sociales, todo vale con tal de no asumir nuestras propias responsabilidades. ¿Con qué ojos veríamos estas situaciones si fuéramos más asertivos, y nos pusiéramos nosotros en el lugar de los que luchan por entrar en nuestro mundo, si la que estuviera arriesgando la vida subiendo una valla llena de cuchillas o metida en una patera fuera nuestra hija con la nieta en sus brazos?

Todo vale con tal de no asumir nuestras propias responsabilidades

Es cierto que no existe un mundo ideal, que la vida no es fácil para muchos en ningún lado de la valla y demasiadas veces dentro de nuestra zona hay muchos muros que derribar, y focos de pobreza a extinguir, lo ideal que nadie tenga que abandonar su tierra para tener un futuro. 

Cíclicamente aparecen noticias que nos tocan la sensibilidad, que hacen sentir la pena por el dolor ajeno, los muertos en una patera, los heridos por las concertinas, un niño muerto en la playa mientras las olas lo devuelven a la orilla, aparecen las imágenes y noticias en los medios de comunicación, pero el tiempo les condena al olvido y vuelve a apagar el eco de esa desgracia, con más rapidez que se consume una vela. 

La legislación no cambia y sentir que se llama ilegal a un ser humano como si fuera un inmueble, las personas no pueden ser ilegales, ese adjetivo es significativo de la perversión de nuestro lenguaje, así como algunas normas son profundamente injustas. Duele ver que se trata como  radicales a aquellos ciudadanos que con un mayor compromiso y conciencia social, intentan prestarles su ayuda. 

Es cierto que es más fácil hablar o escribir que convivir con estas injustas, pero es necesario poner voz, a quien no puede ni gritar su dolor,  algo tiene que cambiar en nuestra sociedad ante estas situaciones desesperadas,  ante tantas vidas perdidas.   Si no lo hacemos nosotros puede que otros nos obliguen utilizando la legitimidad de que la tierra es de todos y las fronteras son líneas políticas ideadas, para muchas veces, garantizar los privilegios de unos pocos. La utopía casi siempre  es lo que nos hace avanzar. 

Es legítimo tener sentimientos de pertenencia de grupo,  de nación y de Estado aunque ello no puede servir para anular y hacer invisibles los derechos y el sufrimiento de tantas personas.