Lunes, 25 de Junio de 2018
El Tiempo

¿Carne de buey tudanco?

Soy consciente de lo difícil que es mantener pequeñas producciones que obligan a salir al mercado con precios más altos respecto a productos de otras regiones con volúmenes mayores, pero sólo ese es el camino que nos garantiza un futuro diferenciador para “lo nuestro”.

Hace décadas las tudancas eran unas vacas denostadas en Cantabria. Las opiniones generaban controversia sobre su rendimiento cárnico y “guapura”. Ahora vivimos en el polo opuesto, los restaurantes presumen de ofrecer diferentes cortes de carne de nuestra raza autóctona y en muchos casos de servirnos extraordinarios chuletones de bueyes tudancos. La relación de distintos productos gastronómicos y su procedencia causa, cuanto menos, algunas situaciones curiosas. Llegan las tradicionales ferias taurinas y las barras y mesas de las ciudades se llenan de platos de “rabo de toro de lidia”. En las cartas de los restaurantes proliferan denominaciones como “pulpo gallego” (en fase de desaparición si no se toman medidas), “bogavante del país” (de qué país), “espárragos de Navarra” (o de China o de Perú), “bocartes del Cantábrico” o “torreznos de Soria”.

No es de recibo a estas alturas el presumir de ciertas legumbres cuando los campos de la zona carecen de estos cultivos o embotellar miles de litros de vino, si no tenemos  las hectáreas de viñedo suficientes

Si nos centramos en Cantabria deberíamos ser muy cuidadosos y respetuosos a la hora de anunciar la ya citada carne de tudanca, los garbanzos de Potes o los vinos regionales. Debemos exigir por parte de las autoridades competentes un riguroso control que beneficiará, por supuesto, a los clientes-consumidores, pero también a todos los productores, la mayoría, que cumplen la ley. No es de recibo a estas alturas el presumir de ciertas legumbres cuando los campos de la zona carecen de estos cultivos o embotellar miles de litros de vino, si no tenemos  las hectáreas de viñedo suficientes.

Soy consciente de lo difícil que es mantener pequeñas producciones que obligan a salir al mercado con precios más altos respecto a productos de otras regiones con volúmenes mayores, pero sólo ese es el camino que nos garantiza un futuro diferenciador para “lo nuestro”.

Tengo un buen amigo que, de forma recurrente cuando se refiere a los autoengaños, utiliza la expresión “señores, no nos hagamos trampas al solitario”.