Jueves, 27 de Abril de 2017
El Tiempo

¡Cómo se pasan a veces los publicistas!

Hay frases que ya se han incorporado con toda naturalidad al lenguaje publicitario. Frases que, como mínimo, inducen a la duda.

Un publicista es una persona que es capaz de intentar convencer a una mujer que el día que tiene la regla se tiene que poner unos pantalones y un jersey blancos, muy ceñidos, e ir dando saltitos por la calle con una cara de felicidad que te mueres mientras intenta desentrañar ¿a qué huelen las nubes? (que parece que lo que te da alas es Evax y no Red Bull).

La publicidad es una profesión que anuncia cremas anticelulíticas y para que te lo creas te muestra las piernas de unas modelos que parecen estar hechas de porcelana y que, aunque las mires con lupa, no tienen la más mínima imperfección en ninguna de sus extremidades.

De la misma forma te aconsejan la compra de un gel que reducirá tu barriga cervecera mientras duermes y para ello aparecen en pantalla unos primos de Zumosol en cuyos abdominales podrías rallar pan.

Habrá que hacer caso al slogan de moda y dejar de comprar en ciertos establecimientos, ciertos productos o en determinadas épocas del año porque, efectivamente, YO NO SOY TONTO

El bombardeo publicitario continúa con un dentífrico que dejará tus dientes un 33% más blancos (más blancos que qué). En pantalla puedes ver una pareja de jóvenes que sonríen y lanzan auténticos destellos de rayos láser desde una dentadura inmaculada.

Otras veces, la publicidad es bastante farragosa o incluso engañosa. Antes los detergentes se medían por kilos o litros, dependiendo si eran en polvo o líquidos. Ahora, en las etiquetas, se pueden leer cosas tan ambiguas como “32+2 cacitos”.

Hay frases que ya se han incorporado con toda naturalidad al lenguaje publicitario, por ejemplo: “oferta válida hasta fin de existencias o salvo error tipográfico”. Frases que, como mínimo, inducen a la duda.

Habrá que hacer caso al slogan de moda y dejar de comprar en ciertos establecimientos, ciertos productos o en determinadas épocas del año porque, efectivamente, YO NO SOY TONTO.