Domingo, 18 de Febrero de 2018
El Tiempo

El hechizo de la Línea Maginot

Tenemos que aspirar a conseguir unas mayores cotas de empleo estable, unos salarios dignos y equitativos sin discriminación alguna, y el especial cuidado de los sectores de la población más sensibles.

En 1944 Bruno Alonso, rebatiendo a un escrito aparecido en la publicación anarquista “Solidaridad obrera” en el que se planteaba la dificultad de hacer efectiva la unidad de acción por parte de las diferentes familias de la Izquierda, en su obra “Cuadernos Socialistas” defendió de manera contundente la necesidad de la cohesión obrera por encima de otras cuestiones si se tenía la intención de construir un futuro mejor para la clase trabajadora. Da la impresión de que, después de varias décadas sobre nuestras espaldas y valiosos derechos conquistados por muchas y muchos, sufrimos cierta desorientación y, practicando la desunión, hemos caído bajo los efectos dormitivos de la confianza y la resignación, siendo presa del hechizo de la línea Maginot.

No seamos mansos ni sumisas y no permanezcamos pasivos bajo el hechizo de la línea Maginot porque, si no reaccionamos, como en otros tiempos desde atrás nos colocarán sus yugos

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial Francia estableció un sistema defensivo a lo largo de su frontera con la Alemania nazi, era la denominada “Línea Maginot”. Esta estructura cobró especial sentido alrededor de 1936 en unos momentos en los que la amenaza de sufrir el ataque de Hitler parecía evidente y su existencia justificada. La protección ofrecida por esta construcción bélica llegaba hasta las Ardenas, una zona boscosa y de difícil acceso para las tropas fascistas, por lo que finalizaba en ese punto geográfico. La desagradable sorpresa que experimentó el ejército francés, con trágicas consecuencias también para el resto, fue que los alemanes evitaron atravesar la línea Maginot adentrándose en terreno galo por el norte de la misma y sorprendieron por detrás a las milicias de Francia en una especie de movimiento envolvente.

Tenemos que aspirar a conseguir unas mayores cotas de empleo estable, unos salarios dignos y equitativos sin discriminación alguna, y el especial cuidado de los sectores de la población más sensibles. Hemos de recuperar el Estado del Bienestar y combatir la devaluación salarial estructural que se ha originado durante la crisis aprovechándose de resquicios coyunturales, la explotación de las personas fruto de la precariedad y el recorte de la calidad de los servicios públicos. No podemos desfallecer ante la presión del sistema establecido por unas minorías, porque tenemos el Derecho de tener Derechos y no nos les pueden arrebatar o, al menos, tenemos que dejarnos la piel y el orgullo en el intento. No consintamos, no seamos mansos ni sumisas y no permanezcamos pasivos, presos y presas del temor, bajo el hechizo de la línea Maginot porque, si no reaccionamos, como en otros tiempos desde atrás nos colocarán sus yugos.