Jueves, 22 de Febrero de 2018
El Tiempo

2018 no tiene 31 de junio

El gran sabio santanderino Marcelino Menéndez Pelayo fechó una de sus más de 15.000 cartas un 31 de junio. Despistes de polígrafo inteligente. A los años serios (todos) eso jamás les pasa.

Este jovencísimo 2018 pone a nuestra disposición 365 días de 24 horas. Como todos. Ser año es un oficio dificilísimo porque este colectivo de riesgo sufre la tensión inaguantable de estar sometido a permanente comparación con años ya difuntos. Viejos compañeros ya desaparecidos.

2017 falleció de muerte natural. Se extinguió como algunas especies en vías de extinción. Ya no puede defenderse ni explicar sus comportamientos. Nadie le consultó durante su largo mandato de 52 semanas. Un año es un mero marco astronómico y cronológico. Todas las cosas (y en un año caben miríadas de ellas) se hicieron en su territorio, pero siempre a sus espaldas.

Un año es un inacabable otoño donde cada día cae una hoja

Un año es un inacabable otoño donde cada día cae una hoja y apenas nos queda el consuelo de recogerla del suelo e introducirla en nuestro libro de cabecera para martirizarnos, página tras página, con la futilidad del tiempo.

Este 2018 transita por su cuarta semana, acaba de recoger el cambio de guardia y sería descortés e inapropiado no sonreírle. Un año también es un abnegado funcionario del servicio de Contabilidad, pendiente cada 4 (los divisibles por la misma cifra) de añadir oportunamente un 29 de febrero. Cuña de la misma madera invernal.

Cada año debería habilitar un “call center” atendido por moduladas voces unisex que nos explicasen las 24 horas del día si tal o cual fecha es adecuada para firmar una hipoteca, casarse, comprar un lavavajillas, viajar a Ponferrada o apostar por la victoria de la Real Sociedad en el Benito Villamarín. Mejoraría la imagen de los años en esta tirana Era de la Microcomunicación. Los haría interactivos, proactivos y asertivos. Saldrían del epígrafe de colectivo de riesgo. Y mitigarían nuestro hondo pesar de verlos pasar.

Sonrían al 2018 como si ya les pareciese un año molón, aunque acabe de llegar  a su garita con fecha de caducidad. Porque lo suyo, no lo olviden, es la contabilidad irreprochable. El gran sabio santanderino Marcelino Menéndez Pelayo fechó una de sus más de 15.000 cartas un 31 de junio. Despistes de polígrafo inteligente. A los años serios (todos) eso jamás les pasa.