Lunes 23.07.2018

Fotografiar sí, ayudar no

Una imagen vale más que mil palabras. Y mil imágenes como la del maratoniano caído sin recibir ayuda valen un gran vómito. Algunos nos recuerdan: “es el deporte, estúpido”.

Malditos teléfonos inteligentes que emboban al personal. Al maratoniano escocés Callum Hawkins solo le faltó morir en el asfalto australiano para cerrar el perverso círculo del morbo. Cayó redondo cuando iba primero en el maratón de la ciudad australiana de Gold Coast e inmediatamente cayeron sobre él decenas de móviles en modo cámara y modo video.

Caían los segundos, caían los minutos y cayó sobre su famélico cuerpo el segundo clasificado, un anti ejemplo de deportividad llamado Mike Shelley. Este joven corredor ni siquiera le miró. Porque sus miras estaban en no perder ni una centésima observando el colapso horizontal de su rival. El triunfo le aguardaba muy pocos kilómetros después. Los espectadores seguían consumiendo alegremente decenas de megas de memoria en aquel atleta que trataba de levantarse sin que nadie le tendiese su mano, muy ocupada, claro, grabando para la posteridad. Por si la víctima no alcanzase la suya y estuviesen inmortalizando un grandioso óbito repentino.

Cada tipo o tipa pertrechados de un móvil se cree aspirante a incluír su foto en la primera página del New York Times o su imagen en el telediario de la CBS

La sociedad de la imagen es así. Cada tipo o tipa pertrechados de un móvil se cree aspirante a incluír su foto en la primera página del New York Times o su imagen en el telediario de la CBS. Primero plasmar, después todo lo demás.

El egoísta Mike ya está en el podio. El pobre Callum yace en el hospital. Y las imágenes de los aguerridos espectadores sin escrúpulos inundan la red como inunda el Ebro los campos de Zaragoza.

Una imagen vale más que mil palabras. Y mil imágenes como la del maratoniano caído sin recibir ayuda valen un gran vómito. Algunos nos recuerdan: “es el deporte, estúpido”. En la alta competición se desatan las más bajas pasiones. Y la de ignorar al caído es una de ellas.

Algunos científicos sostienen que existía vida en la Tierra antes de la llegada de los móviles. Debió ser muy aburrida. Los teléfonos inteligentes nos convierten en espectadores embobados permanentemente en las desgracias de esta vida conocida por ser un valle de lágrimas. 

El objetivo es capturar en la pantalla las lágrimas de los otros. Faltaba más.

Fotografiar sí, ayudar no
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