Domingo, 22 de Octubre de 2017
El Tiempo

Laureado Ruiz y Manual Alcántara

Nada es casualidad en Manuel y Laureano. Ni siquiera que los llamen Manual y Laureado.

Quiso el caprichoso castellano que entre el adjetivo laureado y el nombre propio Laureano mediase apenas la penúltima consonante. Como quiso nuestro sagaz idioma nacional que entre el sustantivo manual y el nombre propio Manuel apenas mediase la penúltima vocal. Laureano Ruiz es uno de los entrenadores de fútbol más laureados. Cumple este mes 80 años. Tardará décadas en aparentarlos.

Manuel Alcántara es maestro de columnistas y debería llamarse Manual porque nos deleita cada día con su irónica sapiencia. Cumplirá en enero 90 años, también sin aparentarlos y con socarrona apariencia de galán. Laureano Ruiz y Manuel Alcántara no se conocen, pero se reconocen el uno en el otro. Porque ambos escriben muy bien y Alcántara es el más reconocido entrenador nacional de columnistas. El noble y doble oficio de escribir y adiestrar.

Ruiz ha escrito menos libros que el maestro Alcántara, pero ha entrenado a más discípulos

Ruiz ha escrito menos libros que el maestro Alcántara, pero ha entrenado a más discípulos. Laureano no inventó las líneas del 4-4-2, pero reinventó el fútbol con método en el Barca. Manuel no inventó la columna de opinión, pero reinventó las opiniones sublimes en 27 líneas.

En un país asustado donde no parece acabar nunca este maldito octubre, Alcántara y Ruiz nos tranquilizan. Porque siguen acudiendo puntualmente a  sus dos trabajos. Escriben y entrenan en jornadas de mañana y tarde. Se entrenan para escribir mejor y dejan escrita cada día su inconfundible tabla de entrenamientos con el mismo rigor que si escribiesen la tabla de mareas.

Laureano Ruiz juega cada domingo un partido de playeros en Mataleñas, consultando antes esa tabla de mareas y sabiendo que el fútbol es su tabla de salvación. Manuel Alcántara solo sale de su casa malagueña de Rincón de la Victoria en defensa propia. Es dueño exclusivo de las tablas de la ley de la combinatoria periodística. Y no entabla una sola polémica en vano.

Manuel se apellida Porras de primero. Y lo primero que hizo fue mandar a la porra su primer apellido por escasamente literario. Laureano se apellida Quevedo de segundo. Lo cual le convierte en el Buscón de la literatura futbolística.

Nada es casualidad en Manuel y Laureano. Ni siquiera que los llamen Manual y Laureado.