Jueves, 22 de Febrero de 2018
El Tiempo

Ya no eres el más guapo

En pocos años la autoestima de Cristiano Ronaldo será materia de estudio en las universidades. Porque es, junto a la de Donald Trump, la única que se mantiene en máximos anuales desde enero hasta diciembre

A este Cristiano le hicieron un buen cardenal mientras marcaba de cabeza el 6-1 a los coruñeses. Quizás porque el defensa suizo Shär no se comportó del modo deportivo que cabe exigirle a un equipo llamado Depor. Tal vez porque tuviese a CR7 entre ceja y ceja y decidiese abrirle violentamente la izquierda. Pero antes de que le diesen esos tres puntos de sutura, el apolíneo portugués venía perdiendo otros muchos puntos. Aunque ganase muchos balones de oro.

La tragedia de Ronaldo es doble. La deportiva es coincidir en el tiempo y el espacio con Messi, un jugador de otro planeta que pasa temporadas (justamente las futbolísticas, de agosto a mayo) en la Tierra. La personal es que juega sonriendo, caminando y gesticulando como un actor. E ignorando que el fútbol nunca fue cosa de galanes. Aunque él lleve a gala su pinturero cuerpo, indudablemente más forjado en los gimnasios que en las bibliotecas.

Cristiano necesita siempre un espejo en el que mirarse como el mar necesita siempre a la orilla

Cristiano necesita siempre un espejo en el que mirarse como el mar necesita siempre a la orilla. Esa dependencia convirtió el móvil del médico del Real Madrid en el espejito mágico que le demostró (¡oh, cielos!) que ya no es el más guapo. La sangre afea, incluso la suya, y se evidenció que ni siquiera es azul. Lástima.

En pocos años la autoestima de Cristiano Ronaldo será materia de estudio en las universidades. Porque es, junto a la de Donald Trump, la única que se mantiene en máximos anuales desde enero hasta diciembre por adversas o diversas que sean las circunstancias.

Si se le preguntase por la modestia, CR7 quizás contestase que le suena a línea de cosméticos masculinos. Y por humildad acaso respondiese que le sugiere un cóctel sin alcohol. Lo cierto es que su grandeza de quita y pon es lo que le empequeñece. Hasta parecernos bajito, jorobado y feo. Cristiano sigue sangrando por la misma herida: su vanidad. Y esa no admite puntos.