Martes, 22 de Mayo de 2018
El Tiempo

El talón de Aquiles del mundo

Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

A la injusticia solo la frena los valores morales que bien apliquemos los hombres y mujeres del mundo. Los países más pobres tienen los mejores recursos naturales, pero son los ricos los que disfrutamos de los beneficios de la industria y la economía. Así se explican los millones de personas sin comida, sin agua, sin medicinas y con un dólar al día de ganancia. Hablar de objetivos para con ellos es caer en la ingenuidad de que la ONU acabará algún día con el principal problema de la humanidad como es el hambre y la muerte de niños indefensos ante las enfermedades.

Entre los que aparecen, Aquiles era uno de los más grandes guerreros de la Ilíada de Homero. Se le conocía como el de los pies ligeros por ser veloz entre los veloces. También se le consideraba invulnerable, salvo por la debilidad manifiesta que mostraba en sus talones. Así, cuando una flecha envenenada le alcanzó la parte trasera de uno de sus pies, adiós a Aquiles. Si recuerdo a este héroe de la Guerra de Troya es porque en estos días me he topado con los escalofriantes datos que llevan a la conclusión de que la deshumanización que atravesamos es nuestro auténtico talón de Aquiles.  Lo demuestran los 925 millones de personas que pasan hambre. Los 1200 millones que subsisten con un dólar al día. Los 11 millones de niños que mueren anualmente por enfermedades comunes. Y por los 114 millones de criaturas que no acuden a una escuela porque, sencillamente, no la tienen.

Nosotros, los pudientes, estamos a otras cuestiones. Nos lleva el tiempo Internet, las redes sociales y las noticias falsas. Trump prepara el terreno para verse con Kim Jong-un. Rusia no deja de enredar porque añora aquella época de dos bloques enfrentados como eran la OTAN y el Pacto de Varsovia. Europa solo sabe que no sabe nada. Aumenta la construcción de muros para separar aún mas el mundo rico del pobre, aunque la realidad sea que el planeta está hecho unos zorros. Repatea hablar de cifras y datos cuando los tienes que ofrecer de personas, niños, comida, techo, escuela y subsistencia. El fiasco político y económico que fue para la ONU no cumplir en 2015 con los Objetivos del Milenio, se resume en que nos definimos civilizados sin ser capaces de solucionar que cualquier habitante del mundo tenga cada día algo comestible que llevarse a la boca. 

El fiasco de la ONU se resume en no ser capaces de que cualquier habitante del mundo tenga que llevarse a la boca

¿Para qué perder el tiempo hablando de más Objetivos de Desarrollo Sostenible, y con el horizonte puesto en el 2030? Cuanto menos, me parece una falacia, pura demagogia y, por supuesto, hipocresía indecente, auque estas pretensiones vengan de la mismísima Naciones Unidas. Esto es lo que duele realmente: que los países del mundo hablen y acuerden que nadie pueda morir de hambre o por un simple catarro, y no lo cumplan. Puede que las ONGs no estén finas últimamente por determinados comportamientos, pero las necesitamos. Hay organizaciones ejemplares que se dedican a dar de comer, llevar medicinas, aportar médicos y sanitarios, y crear perspectivas de desarrollo para que sean cada día más los que puedan asegurarse una economía básica con la que salir adelante. Si no somos capaces de asegurar cuestiones tan elementales, sobra hablar de otras muchas cosas que nunca se van a cumplir. Pienso por ejemplo en la brecha digital. En el Cuerno de África no hacen falta ordenadores, lo que se necesita es agua potable.

Luxemburgo tiene una renta per cápita de 106.374 dólares mientras que la República Centroafricana, rica en agua, oro y diamantes, de 677

Nos autodefinimos como seres humanos y, entre todos, permitimos catástrofes y calamidades continuadas. De una vez por todas, debemos exigir a organismos, Estados y Gobiernos que cambien su inacción por hechos concretos. Pensemos en lo que ha sido la reciente crisis económica, y ahondemos unos instantes en lo que supone mal vivir para siempre. Las diferencias entre los países más ricos y más pobres no es que sean grandes, es que se pueden ya calificar de abismales. Baste un ejemplo.  Luxemburgo tiene una renta per capita de 106.374 dólares mientras la República Centroafricana de 677. ¿Cómo se puede ser el país más pobre de la tierra cuando posees abundante agua, minas de oro, cobre, hierro y diamantes? Pues por la avaricia, la injusticia y la corrupción. Luego nos extrañan los flujos migratorios, los Refugiados o el imán atrayente que supone vivir en cualquier lugar de Europa en vez de los puntos más pobres de África, Asia o Iberoamérica. Se levantarán muchos muros, pero caerán por el propio peso del talón de Aquiles que tienen las naciones ricas con sus valores elementales tan deteriorados y olvidados.