Viernes, 09 de Diciembre de 2016
El Tiempo

Los Nobel en el marketing

Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

La concesión de los Premios Nobel de la Paz y de Literatura han creado controversia por lo que se establece en el origen de concesión de tan alto galardón mundial. A lo que se ve, no debe ser tarea fácil, y el marketing ha entrado en medio, distinguir con nitidez “a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad”. Pero no podemos acostumbrarnos a que se hable de paz a través del reconocimiento a  personajes que previamente han hecho la guerra.

El Comité Noruego del Nobel y la Academia Sueca, que son los que han decidido, por orden, el Premio Nobel de la Paz al presidente colombiano Juan Manuel Santos, y el de Literatura a Bob Dylan, han iniciado un lifting a base de marketing, para que de estos prestigiosos galardones se hable y se hable hasta aburrir, por estar unos de acuerdo y otros en contra de los nombres elegidos para su concesión. Tuvo que ser algún personaje público contemporáneo quien primeramente dijo esto de que se hable de uno, bien o mal, pero que hable. Pues es lo que ocurre ya con los Premios Nobel, puesto que se ha abierto el debate mediático y también en la barra del bar sobre el acierto o equivocación de las últimas concesiones del medallón que lleva la efigie de Alfred Nobel, inventor de la dinamita.

Ghandi no tuvo Nobel de la Paz pero entre los premiados hay quienes dieron la orden de empezar no pocas guerras

A lo mejor sus responsables aún no lo perciben, pero con sus decisiones entran en una espiral futura nada buena para la salud y reputación de los Nobel. Y es que digo yo (uno más) que el Nobel de la Paz haya que dárselo a quien se ha significado durante toda su vida por conservarla. Ghandi no tuvo este Nobel, ni siquiera honorífico, pero entre los premiados hay un buen número de presidentes norteamericanos, de Roosevelt a Obama, que dieron la orden de empezar no pocas guerras. Con la literatura, viene a ocurrir tres cuartos de lo mismo. Mezclar los conceptos, seguramente que no gusta ni a los que escriben ni tampoco a los que actúan en escenarios para entonar bellas canciones que han compuesto. Eso sí, de los Nobel concedidos en 2016 se va a hablar tanto que contribuirá a incrementar la fama de tan alta distinción.

Puede que sean escasos los que saben que esta medalla se concede  anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad en el año inmediatamente anterior o en el transcurso de sus actividades. Se otorgan en las categorías de Física, Química, Fisiología, Literatura, Paz y Ciencias Económicas. Desde esta última convocatoria, el marketing parece que se ha unido al quién es quién en un mundo mediático donde nombre y apellido influyen (y mucho) a la hora de tomar determinadas y trascendentes decisiones.

Vivimos en un mundo mediático donde nombre y apellido influyen a la hora de tomar determinadas y trascendentes decisiones

Hasta ahora, mi concepto de los Premio Nobel era poco más que sagrado. Comienzas una labor de investigación, en lo que sea, dedicas toda tu vida a ello, desde abajo hacia arriba, y un buen día tanto trabajo y esfuerzo termina reconocido por las grandes aportaciones (suena mejor que contribuciones) que se han hecho al mundo y, especialmente, a sus habitantes y así vivamos mejor. Este era el anhelo, sin perder el oremus de cuestiones que han venido conformando una tradición invariable, pero ahora el marketing nos está introduciendo en otra visión de las cosas. Los Pulitzer, el Cervantes, los Oscar o los Globos de Oro. Son sólo algunos de los más importantes premios masivamente reconocidos y que se conceden a personajes únicos, que lo han demostrado todo a través de sus grandiosos trabajos. Más que nunca, las nuevas generaciones necesitan tener las cosas muy claras y mirarse con orgullo en el espejo de premios y premiados que realmente son el ejemplo a seguir. Pudiera parecer que mediante la diversidad de opiniones a favor y en contra se desmerece a los elegidos para la paz o la literatura, pero no es así. Cuando son muchas y variadas las voces que se manifiestan sobre la concesión de los Nobel,  es que ya se contaba de antemano con el debate e incluso la polémica. Es importante que se busque la mayor difusión posible a un acontecimiento; también es cierto que elegir entre muchos candidatos a un premio nunca ha sido fácil; pero hay momentos en que es bueno mirar atrás, a los orígenes de lo que se busca, para situar las cosas en su sitio. Aplicado a lo que hablamos: que los Nobel sirvan para lo que estipuló en su testamento Alfred Nobel.