Viernes, 22 de Junio de 2018
El Tiempo

Queda mucho por recorrer, demasiado en el largo camino de la igualdad. Pero a veces, solo a veces, es necesario parar, hacer visible el camino para poder seguir recorriéndolo y este jueves, 8 de marzo tenemos una oportunidad.

En agosto de 1963, en la ciudad de Washington, Martin Luther King hizo uno de los discursos más conocidos y apreciados de la historia. Ese discurso es conocido como I have a dream (Tengo un sueño), una frase que se repite en varias ocasiones a lo largo de él. Pese a ser tan conocido no hay mucha gente que sepa cuál era la ocasión que motivó su presencia allí: cientos de miles de personas procedentes de todo el territorio de los Estados Unidos se congregaron en la capital para reivindicar la desaparición de la discriminación en el trabajo y la igualdad salarial entre personas de diferentes razas. Como luego diré, no se consiguió en aquel momento, ni aún ahora; pero la manifestación dio visibilidad a la injusticia que suponía la situación.

Que una de las reivindicaciones de este 8 de marzo gire en torno a la discriminación salarial de las mujeres ya es importante y nos proporciona muchas lecciones.

Paul Samuelson, premio nobel de economía, estudió las diferencias salariales no explicables por motivos como la formación, la experiencia, etc. y llegó a la conclusión de que un porcentaje que oscila desde el 25 al 50% de las diferencias salariales entre mujeres y hombres no tienen fundamento en ningún elemento justificativo. Esa es, precisamente, la cuantía de la discriminación.

Samuelson determinó que las diferencias salariales promedio entre un hombre blanco y uno negro eran inferiores a las que se daban entre un varón y una mujer blancos

Samuelson determinó también que las diferencias salariales promedio entre un hombre blanco y uno negro eran inferiores a las que se daban entre un varón y una mujer blancos.

Esto de Samuelson me lo contaba un amigo con una interesante anécdota. Preguntó a un matrimonio norteamericano viajado, con estudios y políglota, es decir, gente con conocimiento de su país y de otros, quién estaba más discriminado en los Estados Unidos: los negros o las mujeres. Lo interesante es que la respuesta del marido fue que los negros y la de ella que las mujeres.

No trato de trivializar el sufrimiento de la población negra en los Estados Unidos. Sé que ellos llevan la peor parte en muchos casos, especialmente en lo que se refiere a su seguridad personal y en la probabilidad de ser víctimas de actos violentos. Con todo, los Estados Unidos ya han tenido un presidente negro. Espero que para ver en el despacho oval a una mujer no tengamos que esperar los 55 años que han transcurrido desde agosto del 63 hasta este 8 de marzo.

Lo que he tratado de subrayar es la invisibilidad de la discriminación que sufrimos las mujeres para muchos varones.

Algunos me dirán que por qué pongo ejemplos de otro país, y les diré que, a veces, tomar un poco de distancia ayuda a ver mejor el paisaje completo.

Queda mucho por recorrer, demasiado en el largo camino de la igualdad. Pero a veces, solo a veces, es necesario parar, hacer visible el camino para poder seguir recorriéndolo y este jueves, 8 de marzo tenemos una oportunidad, no la desaprovechemos.