Sábado, 24 de Febrero de 2018
El Tiempo

Los amigos son de izquierdas, todos; son tolerantes y críticos con el mundo que les rodea. Piden que vengan más refugiados, que no se culpabilice a todo el mundo musulmán. Ninguno es católico, les da igual una cosa que otra, fanáticos hay en todos los lados. Les gusta la multiculturalidad, sus hijos tienen amigos negros, chinos y sudamericanos.

Mira que estoy gorda y fea y, sin embargo, sigo prefiriendo desnudarme por fuera que por dentro.

Para las cosas feas de afuera siempre es fácil encontrar una disculpa: que si es mi constitución, que si los hijos, que si el bocata de chorizo, en fin, que si la vida. Es mucho más difícil justificarse cuando uno es feo por dentro. Hay días que me reconozco horrible por dentro y agradezco que este cuerpo gordo y feo me tape y no se note tanto.

Y como a mí lo que me va es el nudismo y se está acabando el verano sin que lo haya hecho, hoy me toca enseñar, haré nudismo del de dentro, del que avergüenza:

Caluroso domingo de agosto. Unos amigos deciden quedar con sus críos para verse. Eligen por internet un parque que parece bonito atravesado por el río Saja donde los niños podrán bañarse. Tortillas, vino, unas mantas donde echarse y charlar largo y tendido sobre lo mal que está el país mientras los niños disfrutan alegremente del baño. Antes, un vermú y unos blancos y el atentado de Barcelona como tema central de conversación. Los amigos son de izquierdas, todos; son tolerantes y críticos con el mundo que les rodea. Piden que vengan más refugiados, que no se culpabilice a todo el mundo musulmán. Ninguno es católico, les da igual una cosa que otra, fanáticos hay en todos los lados. Les gusta la multiculturalidad, sus hijos tienen amigos negros, chinos y sudamericanos. Son buena gente estos amigos, sí. Donan a ONGs, son feministas, ecologistas, están siempre a favor del más desfavorecido.

Los amigos no son tontos y están incómodos, se reconocen progres de mierda, se avergüenzan un poco

Los amigos se dirigen ya al parque. Aparcan junto a otros muchos coches. Vaya por Dios, piensan los amigos, hay más gente de la que pensábamos. A los amigos les gusta ser especiales, esperaban un parque para ellos solos, un río a su entera disposición. Se acercan y las risas de la llegada van disminuyendo. Se intuyen pocos huecos, se ven humeando varias parrillas, se oyen ladridos de perro y bachata a lo lejos. Los amigos descubren que el parque en el que iban a charlar sobre el derecho de autodeterminación o la no política que hace Rajoy está lleno de inmigrantes; parecen ser los únicos españoles allí.

Los amigos disfrutan mucho de Las Gildas, de Borleña, de Ucieda y de subir al puerto con la bota de vino como la gente de pueblo, pero esto es diferente. Los amigos podrían asumirlo con su libertad de su pensamiento y, sin embargo, se sienten incómodos. Ni esa gente gritando un domingo de sol en un parque público ni esos plátanos fritos en las parrillas les representan, se sienten incómodos. Es curioso que mientras se adentran en el parque, silenciosos y vigilantes a lo que les rodea, el parque siga con su ritmo y nadie se fije en ellos. Los críos quieren parar y quitarse la ropa para darse el primer baño, no entienden tanta vuelta y tanta mirada rara. Los amigos buscan un sitio cada vez más apartado y el parque empieza a alejarse, la hierba ya no está segada y el río suena menos. Los niños siguen protestando.

Al final los amigos encuentran un sitio más retirado y tranquilo bajo un árbol. Cerca hay otro árbol que da sombra a dos mujeres musulmanas completamente tapadas y preparando pinchos morunos a sus hombres que se acercan a recogerlos para ponerlos en la parrilla y comerlos lejos de ellas. Hay que respetar, dicen los amigos, hay que respetar.

Allí, apartados con las mujeres musulmanas, pasan el día los amigos. Sus niños están lejos del río, lejos de otros niños, lejos del ruido y del domingo en el parque pero los amigos están dispuestos a acompañarles a cada baño al río. Siempre con supervisión, claro.

Los amigos no son tontos y están incómodos, se reconocen progres de mierda, se avergüenzan un poco, saben que no ha estado bien pero también saben que el próximo domingo o van a la playa o hacen una barbacoa en el jardín de casa.

Yo era uno de esos amigos, yo confieso ante Marx todo poderoso. Yo, hay días en los que soy muy fea por dentro.