Jueves 19.07.2018

Urge erradicar el machismo de las Instituciones

Es aterrador pensar que una Institución cuyo objetivo debería ser la protección de las víctimas de agresiones sexuales ha ejercido sobre una chica una violencia que ha vuelto a convertirla en víctima.

A pesar de los avances conseguidos por el movimiento feminista en los espacios de trabajo, en determinados ámbitos -como la noche o la calle- el acoso sexual, las persecuciones, las miradas, los comentarios incómodos, los tocamientos y roces en espacios concurridos, las insinuaciones... siguen tristemente presentes en nuestras vidas, como consecuencia de una concepción de la sexualidad que continúa fuertemente asentada en los valores del poder masculino.

Algunas de estas violencias cotidianas han sido normalizadas socialmente y, por lo tanto, invisibilizadas. Pero no por sutiles dejan de ser graves. Estas violencias nos afectan a todas las mujeres por el hecho de serlo. Fomentan nuestra sensación de inseguridad y condicionan nuestras decisiones a la hora de transitar por el espacio público. Y es que, como bien sabemos, las violencias machistas trascienden el marco de la violencia física circunscrita a las relaciones de pareja.

Las violencias machistas trascienden el marco de la violencia física circunscrita a las relaciones de pareja

Pero es que, además, en España cada 8 horas se produce una violación. ¡Una violación cada 8 horas! Lo cierto es que las violaciones tienen una larga historia de legitimación en nuestra cultura. A lo largo de los siglos se han visto normalizadas al ser consideradas necesidades naturales de los hombres. Hoy en día hay que añadirle a esta visión el componente de reafirmación de la masculinidad tradicional, fragilizada por el empuje de los movimientos feministas.

Una de ellas violaciones ocurrió en Noja en 2010. El violador fue condenado por la Sección Primera de la Audiencia de Cantabria a 6 años de prisión. 7 años después de agredirla sexualmente, el violador con sentencia firme decide denunciarla en el Juzgado de Santoña por denuncia falsa. Y a pesar de la sentencia firme la jueza ha decidido admitir a trámite la denuncia.

Esto es intolerable. Es violencia institucional contra una mujer víctima de una violación. Es aterrador pensar que una Institución cuyo objetivo debería ser la protección de las víctimas de agresiones sexuales ha ejercido sobre esta chica una violencia que ha vuelto a convertirla en víctima. Tras años tratando de recuperarse psicológicamente de la violación una jueza ha hecho que vuelva a sentirse amenazada. Lo ha hecho, como decíamos, a pesar de una sentencia en firme de la Audiencia que decía que el condenado empleó la violencia para doblegar la voluntad de la víctima al no ceder y sus pretensiones y violarla.

Una sociedad no puede autorreferirse como plenamente democrática cuando la mitad de su población continúa sujeta al miedo a su integridad físico-sexual

En Cantabria y en España tenemos muchos ejemplos de agresiones sexuales y asesinatos machistas acompañados de violencia institucional. Vivimos en un país en el que el propio Ministro del Interior ejerce violencia contra nosotras al vincular el feminicidio que estamos viviendo a la decisión de las mujeres de separarte pronto. 

Estas actuaciones también son violencia machista. Y lo son porque estas reproducciones de las estructuras sociales de desigualdad por parte de las autoridades dificultan a las mujeres ejercer nuestros derechos y defendernos.

Los sistemas de protección de las mujeres por parte del Estado deben mejorar. Y lo cierto es que una sociedad no puede autorreferirse como plenamente democrática cuando la mitad de su población continúa sujeta al miedo a su integridad físico-sexual, cuando las mujeres seguimos sin poder ejercer plenamente nuestras libertades

Las Instituciones no funcionan cuando mantienen en esta situación a todas nosotras, a la mitad de la población. No funcionan cuando nos revictimizan, cuando no nos protegen, cuando nos ignoran, cuando nos sitúan en el centro del problema o cuando lo trasladan o delimitan a la esfera de lo privado. Debemos abordar de una vez las violencias machistas desde el reconocimiento de su condición de estructurales, legislar y dotar de recursos suficientes para su erradicación.

Urge erradicar el machismo de las Instituciones
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