Miércoles, 23 de Mayo de 2018
El Tiempo

Los pozos negros de la política son cada día más profundos, y más negros. Vale todo para hundir al de enfrente y al de al lado, sin contemplaciones, con alevosía, utilizando lo que haga falta para destruir incluso, o sobre todo, la vida privada.

España es un país fascinante, y el que no lo crea es que no tiene ni puñetera idea. Anda que no lo es que haya sido la cutrez de robar dos botes de crema para la cara, y no la falsedad del máster y las mentiras para justificarse, lo que haya terminado por empujar a Cifuentes a dimitir. O que algún cabrón de su partido (de dónde si no) haya conservado el vídeo de la pillada 7 años por si acaso le venía bien para algo. O que haya sido un ultraderechista faltón y vergonzante como Eduardo Inda el que lo haya publicado. Me imagino a Granados, a Francisco González, y sobre todo a Esperanza Aguirre, sentados en un sillón de piel delante de una chimenea bebiendo coñac y acariciando un gato (si se deja). Y a Inda hinchado como un pavo creyendo que ha hecho periodismo de investigación cuando en realidad ha sido el tonto útil (otra vez) en un ajuste de cuentas. Y a Rajoy soltando aire porque otra vez alguien le ha hecho, sin esperarlo y seguro que sin pedirlo, el trabajo sucio que él no se atreve a hacer. Y a Maíllo dando instrucciones a los líderes nacionales y regionales del PP para repensar su pasado (ahora que se lleva mucho el verbo) por si alguna vez les cogieron robando algo en un supermercado y puede haber imágenes que algún siniestro compañero o compañera atesoren en una caja del trastero de casa. Puro circo todo. 

Lo de las cremas es un escándalo se mire como se mire

Lo de las cremas es un escándalo se mire como se mire. Y no tanto por el hecho de que una señora dedicada a la representación ciudadana levante de la estantería de una tienda un unte facial y la trinquen con los botes en el bolso, que no deja de ser muy grave y algo del todo inaceptable en quien pretende ocuparse de gestionar el dinero de todos. No. Lo es por encima de todo porque alguien se ha tomado el cuidado de conseguir las imágenes del cacheo, también incumpliendo la ley, guardarlas 7 años y usarlas ahora para provocar una dimisión. Alguien ha doblegado la voluntad de Cifuentes (adelantar su decisión también ha sido eso) usando una turbiedad de su pasado grabada en un vídeo, exponiéndolo públicamente, sometiéndola a un cruel escarnio público. Ha sido un chantaje en toda regla, meditado, medido, y perfectamente orientado a un resultado. Provoca pavor pensar para qué otra cosa hubiera podido usarse la grabación, la amenaza de publicitarla o el simple hecho de hacer saber que existe y se dispone de ella. Y no digo ya imaginar que se haya podido usar antes de ahora. Al fin y al cabo, quien la ha filtrado a OKDiario ha dispuesto de ella tiempo suficiente durante la carrera política de Cifuentes como para haber podido obtener de ella mayor rédito que su renuncia a la presidencia de Madrid. Oportunidades no habrán faltado, y maldad tampoco. 

Cifuentes debió marcharse cuando se puso su máster en entredicho

Los pozos negros de la política son cada día más profundos, y más negros. Vale todo para hundir al de enfrente y al de al lado, sin contemplaciones, con alevosía, utilizando lo que haga falta para destruir incluso, o sobre todo, la vida privada. No hay fronteras y el límite está en el objetivo mismo, sin pudor ninguno por llegar a la más descarnada humillación pública. Y esto dice mucho del nivel democrático de los partidos en este país, y de su sentido de la responsabilidad ética y de la decencia. También de los que los dirigen. Está más justificada una dimisión por el vulgar robo de unos tarros de crema que por haber conseguir un título universitario con trampas y haber mentido dando explicaciones. Y se ve del todo normal que se use la extorsión y el chantaje antes que apelar a la honestidad y el buen juicio. Cifuentes debió marcharse cuando se puso su máster en entredicho. Ella se hubiese ahorrado la vejación pública y la mofa cruel que por una crema antiedad la acompañará el resto de su vida. Y nosotros saber que a su alrededor, da igual cuánto de cerca, hay gente dispuesta a arrastrar por el barro a quien haga falta con tal de alzarse, como mínimo, con la renuncia de un enemigo. Es todo tan oscuro, tan siniestro, tan lamentable...