Lunes, 23 de Octubre de 2017
El Tiempo

Querido ministro de Fomento

No me cabe la menor duda de que tu encanto personal, que ya sabes que creo que es pura fachada que ya no te hace falta cultivar porque has trepado a donde querías, se esfumará tan pronto te puedan la soberbia y esa creencia tan tuya de estar de sobra capacitado para lo que haces.

Feliz año nuevo y enhorabuena, tardía, por tu nombramiento. Alcanzar una meta siempre debe ser reconocido, aunque para ello se convierta a los demás, como has hecho tú con los santanderinos, en rehenes de la ambición. Santander ha sido tu experimento, y te ha servido tan bien a ti como mal le ha venido a la ciudad. Tú has llegado a donde siempre quisiste, haciendo lo que ha hecho falta, y se te nota en la cara. También a muchos en Santander, incluso de los tuyos, que parece que se han librado de una pesada carga. Felicidades también a ellos.

No puedo desearte sino éxitos en tu gestión. Te pagamos para que hagas mucho, y lo hagas bien. Aquí ya no te vale culpar al empedrado de lo que no funcione. Tampoco la oposición te sirve como excusa. Estás solo ante el reto de gobernar. Tienes que darlo todo, que seguro descubrirás es mucho más que sonreír con la melena al viento y presentar infografías de proyectos megalómanos que no llevan a ninguna parte. Ser ministro luce mucho en los salones de Madrid, y a ti te quedan bien los trajes, con lo que tienes el éxito asegurado en fiestas y jolgorios sociales. Pero tendrás que mover el dinero público para que rente a los que lo ponemos. Tendrás que hacer cosas útiles y responder a la necesidad, aunque te extrañe y no sea a lo que estás acostumbrado. Sin desmerecer al equipo del que te has rodeado, ya no habrá para eso quien, como siendo alcalde, te saque las castañas del fuego. Te toca a ti ejercer la responsabilidad última de que los problemas de los españoles, de todos además, encuentren rápida solución.

Que tienes el ego por las nubes es algo que ya irán descubriendo en tu ministerio. No me cabe la menor duda de que tu encanto personal, que ya sabes que creo que es pura fachada que ya no te hace falta cultivar porque has trepado a donde querías, se esfumará tan pronto te puedan la soberbia y esa creencia tan tuya de estar de sobra capacitado para lo que haces. Hasta ahora te ha resultado fácil ocultarla detrás de una falsa modestia y una forzada cercanía, esa sociabilidad que por desgracia no está entre tus dones. Pero tampoco es preocupante, porque en la altura en la que ahora te mueves es tan corriente creerse superior como lo era para ti cuando solamente ejercías como alcalde. Ya se encargarán tus jefes de ponerte en tu sitio cuando no les convengan tus salidas de tono. En ese Olimpo de los dioses que es el gobierno, tu estrella ni es la que más brilla ni por la que el presidente perdería el norte, así que aplícate en servir, y en servir bien.

En fin, apreciado ministro. Que tienes una tarea ingente por delante. Dos, en realidad. Dar satisfacción a los españoles siendo buen ministro, eficaz, eficiente, acertado, riguroso, plural, honesto. Pero también mejorar en las formas, porque si pretendes seguir como en la alcaldía, lejano, frío, inmodesto, engreído, resabido y soberbio lo llevamos crudo. Esos tics de otros tiempos que te han dado a ratos siendo alcalde no son los más oportunos en el gobierno de España. Aunque ya dice el refrán que 'antes pierde la zorra el rabo que las costumbres'... En cualquier caso, ánimo y a por ello.
Siempre tuyo afectísimo...

Víctor Javier