Viernes, 27 de Abril de 2018
El Tiempo

No está nada mal recordar a los que se fueron, pero no se nos puede olvidar alegrar la vida a los que tenemos a nuestro lado y disfrutar de ellos y con ellos.

Dicen que la vida son ciclos que se repiten buscando la luz de los astros, en un eterno bucle, desde al amanecer hasta la puesta de la luna para volver a renacer, desde la primavera hasta el frío invierno para que vuelva a brotar una nueva primavera. Según la religión mayoritaria en nuestro país que nos señala en el calendario los días festivos de rojo púrpura, desde la Navidad hasta la Semana Santa, para volver a esa Navidad, ya que todos los años tiene que nacer el profeta, cuando un año acaba y otro empieza.

En definitiva, la vida es ese espacio que va entre el nacimiento y la muerte, sea dicha tan gran perogrullada sin que las carcajadas hagan caer las hojas marchitas de los árboles, que brotan con esa primavera, para ver su ocaso en el otoño, siguiendo ese ciclo que puede parecer eterno de la vida, siendo nosotros como esas simples hojas marchitas que pasarán a ser abono del propio árbol.

Estas reuniones familiares al calor de tu gente hacen que algunos días sean especiales

Según vamos sumando otoños, más se notan las ausencias de aquellos que ya se han bajado del tren de la vida, a los que las circunstancias les hacen que no puedan estar con nosotros. En estas fechas por ser más entrañables es donde se echa de menos a aquellos seres queridos ausentes. ¿Quién no tiene un familiar o un amigo a quien dedicar un pensamiento en la soledad de la noche o con la multitud de la fiesta? Estas reuniones familiares al calor de tu gente hacen que algunos días sean especiales, quizás pocas veces más a lo largo del año se puede tener tanto contacto con los que de verdad son los tuyos, y es ahí, en esas reuniones, en esas cenas familiares, donde muchas veces aparece el síndrome de la silla vacía. Donde estando tantos, más se nota la falta de algunos.

Hay quien llega a tener un fuerte rechazo a estas fechas, algunos incluso llegan a decir que odian estas celebraciones, se habla de depresión navideña, días con menos luz, la soledad se acentúa, donde se hacen más presentes que nunca los ausentes y contrasta la alegría exterior, la música, el ruido, los fuegos artificiales con ese poso de tristeza que deja aquello que nos duele. A veces esta fiesta y esta alegría impuesta por algunos convencionalismos no siempre es fácil de llevar, y son los tiempos melancólicos, los de los recuerdos de tiempos pasados. Alrededor de esa mesa aparecen las anécdotas y vivencias comunes, que nos hacen ver lo mucho compartido, donde los más jóvenes ponen su alegría sin filtros, que suele ser contagiosa, como la gripe de temporada, y nos llega hasta los que peinamos más canas.

Hay pocas cosas más absurdas que celebrar un acontecimiento que no sabes muy bien si ha sucedido ni tienes constancia fiel de la fecha, e incluso del propio hecho, y donde eres capaz de comulgar con la Santísima Trinidad sin pestañear, el parto de la mujer embarazada del Espíritu Santo, todo sea por la santa concordia y la alegría del personal. Ahora bien, ¿quién dice que hace falta un motivo para celebrar una fiesta? Y sobre todo, ¿quién es un humilde mortal para cuestionar lo que celebran millones de personas desde tiempos inmemoriales? Poner racionalidad a las religiones y creencias populares es como querer poner puertas al bosque. En las cosas de la fe, los de fuera dan tabaco y los de dentro van de procesión. Por ello, el mayor de los respetos para todos, no enturbiar ni poner nube alguna sobre quienes con tanta ilusión celebran estas fechas.

El recuerdo de esa silla vacía sigue estando cada año ahí. Un día, sin duda será la nuestra

El recuerdo de esa silla vacía sigue estando cada año ahí. Un día, sin duda será la nuestra. Los poetas también nos dicen que el estado de tristeza y melancolía es el idóneo para que fluyan las mejores creaciones y los más nobles sentimientos. Aunque el dolor no es el mejor compañero de viaje para ello, quizás la mejor vacuna es que aprovechemos ahora que podemos y nos sumemos a la fiesta, que hay mucho que celebrar con los que te dan cariño y afecto, aunque sea un poco por imposición. No está nada mal recordar a los que se fueron, pero no se nos puede olvidar alegrar la vida a los que tenemos a nuestro lado y disfrutar de ellos y con ellos.

A todo esto, iba a hablar de las elecciones, pero visto los resultados, para ese viaje no eran necesarias tantas alforjas ... Y como lo importante es antes los que tú quieres y los que están a tu lado: esos abuelos que tienes la suerte de disfrutar, esos enanos que iluminan fiestas con su mirada de sorpresa, los hijos que son la algarabía de la huerta y esos padres, cuñados, suegras, amigos y demás familia... que forman parte de nuestro belén, y que nos hacen la vida más agradableA todos Uds. gracias por dedicarme un poco de su tiempoy feliz Navidad.