Domingo 22.07.2018

No le cortéis las piernas a Travolta

Cuarenta años deslumbrantes han situado a la vieja piel de toro en el grupo de cabeza de la UE. Con problemas, hipos, miedos y resuellos. Pero quién no los tiene.

Acababan de inventar una gran bola cristalizada de colorines que pendía del techo de la discoteca. Y todos debajo, como retándola, a ver a quién le abollaba la cabeza primero. Nunca cayó, porque habría servido para echar un partido a bota campera deslomada. Era la fiebre del 78, cuando bailábamos como Tony Manero mucho antes de que Tarantino fichara a Travolta para ponerlo sobre un váter de Los Ángeles y Willis lo enviara a chupar gladiolo. 

En aquel tiempo Tierno Galván nos había sugerido colocarnos, y, aunque al día siguiente pocos encontraron un empleo, descubrimos las virtudes del cóctel con el que enamoraba 007. Ni rastro todavía de Pierce Brosnan, porque entonces los que triunfaban a las órdenes de su majestad con licencia para matar eran un escocés de talla que más tarde fue inmortal y un inglés de ojos mar que antes había sido persuasor.

Aprendimos que unos cuantos políticos dejaron atrás lo que a priori eran sus cimientos inquebrantables para flexibilizarlos en beneficio de la colectividad

Corríamos libres por primera vez dentro de unas botas con denominación de origen Valverde del Camino, se llevaba el chaquetón de lana gorda de Paul Michael Glaser o la chupita marrón de su compañero David Soul. Si la tarde te hacía una gracia quizá bailaras ‘Silver Lady’ con un par de finos brazos ensortijados en el cuello. A falta de Torino cabalgábamos sobre las ruedas de un 1.430 o un 127, y, antes de volver a casa, pasábamos por un billar, un futbolín o echábamos una partida a la máquina de los comecocos o los marcianitos.

Ya entonces, aunque casi niños, aprendimos que unos cuantos políticos dejaron atrás lo que a priori eran sus cimientos inquebrantables para flexibilizarlos en beneficio de la colectividad. Nació una Carta, que era Magna, no necesitaba sello y marcaba derechos y obligaciones. Uno dijo “puedo prometer y prometo”, el otro “por consiguiente” y un tercero aseveró que, con la democracia, a España no la iba a conocer “ni la madre que la parió”.

Y sí: sucedió algo de eso. Cuarenta años deslumbrantes han situado a la vieja piel de toro en el grupo de cabeza de la UE. Con problemas, hipos, miedos y resuellos. Pero quién no los tiene. De modo que no le cortéis las piernas a Tony Manero para que pueda verle como Danny Zuko. Quiero después regresar al futuro en el DeLorean de Doc.

No le cortéis las piernas a Travolta
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