jueves 09.07.2020
CULTURA

La capital europea y mundial del arte rupestre

Cantabria ostenta el título del lugar con mayor densidad de cuevas de arte rupestre del mundo, y uno de los símbolos culturales de la región es la cueva de Altamira, cuya sala principal es conocida como la “Capilla Sixtina” de la pintura paleolítica.

La cueva de Altamira fue la primera incluida en la Lista del Patrimonio Mundial en 1985
La cueva de Altamira fue la primera incluida en la Lista del Patrimonio Mundial en 1985

Cantabria guarda en su interior la mayor densidad de cuevas con arte rupestre del mundo, al reunir más de 60 formaciones naturales con pinturas paleolíticas en sus paredes. Altamira y otras nueve cavidades declaradas Patrimonio de la Humanidad son el símbolo universal de esta valiosa herencia prehistórica, que convive con otro legado subterráneo constituido por decenas de cuevas con impresionantes formaciones geológicas en su interior.

Diez cuevas de la región han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad o Patrimonio Mundial por la UNESCO: Altamira, El Castillo, Las Monedas, La Pasiega, Las Chimeneas, La Garma, Hornos de la Peña, El Pendo, Chufín y Covalanas. Todas ellas guardan en sus entrañas las huellas de quienes las habitaron hace miles de años en forma de arte rupestre.

La cueva de Altamira fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial en 1985 por representar una realización artística única del genio humano y por aportar un testimonio excepcional de una civilización desaparecida. En 2008 se añadieron a la declaración el resto de cuevas.

Debido a este gran patrimonio subterráneo, en 2011 Cantabria fue propuesta por la UNESCO como sede del Centro de Arte Rupestre de la institución cultural internacional. Sin embargo, la indecisión de las administraciones y una inexistente labor burocrática paralizaron el proyecto, que actualmente se encuentra de forma provisional en Madrid a la espera de que Cantabria u otro lugar acoja esta iniciativa.

Debido a este gran patrimonio subterráneo, en 2011 Cantabria fue propuesta por la UNESCO como sede del Centro de Arte Rupestre

Ahora la discusión vuelve a estar encima de la mesa después de que los regionalistas presentaran una proposición no de ley en el Parlamento autonómico proponiendo como sede de este Centro de Arte Rupestre la localidad de Santillana del Mar, donde se encuentra Altamira, cuya sala central es conocida como “la Capilla Sixtina” del arte rupestre.

Además, la polémica en torno a la búsqueda de un emplazamiento definitivo para el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, conocido por sus siglas como MUPAC, ha provocado que la cultura paleolítica, cuyo máximo exponente en la actualidad son las pinturas, sea de nuevo protagonista de conversaciones en las instituciones y en calle.

Los últimos acontecimientos hacen de éste un inmejorable momento para pasear por el arte rupestre de la región a través de las diferentes cuevas. Son muy numerosas pero no todas ellas visitables por diferentes motivos como las dificultades de acceso, la falta de acondicionamiento o las necesidades de conservación de las pinturas.

Pintura rupestre

En las pinturas rupestres cantábricas, especialmente en las representaciones de la cueva de Altamira, el `homo hispanicus´ realiza su primera y sorprendente aportación a la historia de la civilización humana.

En las pinturas rupestres cantábricas el `homo hispanicus´ realiza su primera y sorprendente aportación a la historia de la civilización humana

Los primeros historiadores juzgaron este arte como producto del ocio de unos hombres a lo que les sobraran animales para cazar y abastecerse. A principios de siglo se pensó también en una finalidad puramente artística, que se relacionó con otra concepción según la cual las pinturas eran fruto de prácticas religiosas.

La pintura del hombre cántabro, admirable en un gran número de cuevas, alcanza su máximo apogeo en Altamira, donde aquellos pintores de hace quince mil años, manejando el carbón y ocre rojo y amarillo, dibujaron bisontes, ciervos, jabalís y caballos ajustados a las formas del techo, simulando su volumen y ofreciendo cierta sensación de movimiento.

Cuevas que son historia

La `Capilla Sixtina´ del arte rupestre se encuentra en Cantabria. Pese a las últimas polémicas en torno a su posible apertura, o la ampliación del cupo de personas que la pueden visitar, por el momento la entrada a Altamira está restringida. Sólo los cinco afortunados en un sorteo semanal que se realiza entre los visitantes que acuden a la réplica - conocida como NeoCueva – pueden contemplarla por dentro.

Situada en Santillana del Mar, esta cavidad fue la primera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en los años 80, y contiene uno de los iconos más representativos de la región: el bisonte de Altamira.

Ramales de la Victoria, territorio que cuenta con destacadas cavidades y donde los aficionados a la espeleología encuentran un paraíso, contiene varias de las cuevas visitables de Cantabria. Por un lado, la cueva de Covalanas, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2008 es un caso paradigmático por la contemporaneidad y homogeneidad de sus representaciones rupestres. A dos kilómetros, la cueva de Cullalvera se sitúa en el casco urbano de Ramales y destaca por sus colosales dimensiones.

Junto al río Pas, a su paso por la localidad de Puente Viesgo, se alza el monte de El Castillo. En su interior, el monte esconde cuatro cuevas con arte prehistórico también declaradas Patrimonio de la Humanidad. De estas cuatro cavidades destaca la de El Castillo, ya que la excavación de su vestíbulo a principios del siglo XX constituyó la “primera página” de la Prehistoria en España y contribuyó al “primer capítulo” en Europa. 

La excavación del vestíbulo de la cueva de El Castillo a principios del siglo XX constituyó la “primera página” de la Prehistoria en España y contribuyó al “primer capítulo” en Europa

Otra de las cuevas destacadas en el Monte Castillo y a 600 metros de la cueva de El Castillo, es la cueva de Las Monedas, también Patrimonio Mundial, que recibe su nombre del hallazgo de un lote de monedas de la época de los Reyes Católicos en su interior.

Vecina a las cuevas de El Monte Castillo, en San Felices de Buelna, se sitúa la cavidad de Hornos de la Peña, que figura dentro del Patrimonio de la Humanidad, destaca por ser la única cueva con arte rupestre abierta al público en donde se ven grabados en su interior. Su vestíbulo fue hogar para los últimos grupos de Neandertales que poblaron el Norte peninsular y los primeros Homo Sapiens que habitaron Cantabria.

En la localidad de Riclones, la cueva del Moro Chufín recibe su nombre de un personaje que, según cuenta la leyenda, ocultó un tesoro en su interior. Aunque su verdadero tesoro son las pinturas rojas que decoran el techo y los grabados exteriores, situados en el vestíbulo, algo poco frecuente en el arte rupestre del Norte peninsular. Su importancia fue reconocida en 2008 cuando este conjunto rupestre fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Vamos acercándonos a la Bahía de Santander, y en Escobedo de Camargo encontramos la cueva de El Pendo,  una cavidad de dimensiones monumentales. Su historia resume los más de 100 años de arqueología en Cantabria. Fue una de las cuevas reconocidas por la UNESCO debido a la importancia de su yacimiento arqueológico y de las pinturas rupestres que alberga.

Aunque no contiene arte rupestre, en el recorrido de las cuevas visitables no puede faltar El Soplao, situada en Rábago y una de las más concurridas en los últimos años. Sus impresionantes formaciones la convierten en una cavidad única. Son las llamadas 'excéntricas' que  tapizan suelos, techos y paredes. Las excéntricas, junto las estalactitas, estalagmitas, columnas, y coladas hacen de su recorrido una apasionante inmersión en el mundo subterráneo.

Éstas son sólo las cuevas que se pueden visitar. Sin embargo, Cantabria cuenta con decenas de cavidades que contienen arte rupestre repartidas por toda la región. Algunos ejemplos que cuentan así mismo con galerías y vestíbulos que contienen manifestaciones artísticas de arte rupestre son la cueva de Cualventi en Oreña, la de La Estación en Quiijas, la cueva de La Lastrilla en Sámano, o la del Cuco en Castro Urdiales.

 

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