viernes 05.06.2020
TERRITORIO

Greenpeace denuncia que la playa santanderina de Rosamunda es uno de los diez hábitats de la costa española más amenazados por la urbanización masiva

Playa de Rosamunda, en Santander
Playa de Rosamunda, en Santander

La playa de Rosamunda, en Santander, es uno de los diez hábitats naturales de la costa española más amenazados por la urbanización masiva, según la organización ecologista Greenpeace. En concreto, las diez playas amenazadas según Greenpeace son las de Gaspar (Barcelona), Cala Mosca (Alicante), Margalida-Son Real (Islas Baleares), Cola (Murcia), El Palmar-Castilnovo (Cádiz), Matas Blancas (Las Palmas), Liméns (Pontevedra), Tranqueru (Asturias), Rosamunda (Cantabria) y Azkorri (Bizkaia). Sobre Rosamunda, Greenpeace señala que "es una playa natural cercana a una zona de estuario y acantilados, pero también a la gran ciudad de Santander, por lo que corre el grave riesgo de sufrir la expansión urbanística en el futuro si no se protege". La organización ecologista denuncia que en la actualidad los ecosistemas costeros que no están reconocidos por las figuras de protección de la naturaleza son "vulnerables" al desarrollo de futuras actividades, principalmente las turístico residenciales pero también las industriales o la agricultura intensiva. "El ladrillo ha arrasado con todo en la costa española, pero aún quedan hábitats naturales sin alterar", advierte.

El estudio advierte de que en España hay 519.000 hectáreas de ecosistemas de gran valor pero que no tienen ninguna protección

Un informe elaborado por Greenpeace en colaboración con el Observatorio de la Sostenibilidad indica que Cataluña, Comunitat Valenciana, Andalucía y País Vasco son las comunidades autónomas costeras españolas con mayor presión urbanística en la costa, a consecuencia de la urbanización masiva, las actividades industriales o la agricultura. En concreto, el estudio advierte de que en España hay 519.000 hectáreas (5.190 kilómetros cuadrados, lo que equivale a más superficie que La Rioja) de ecosistemas de gran valor pero que no tienen ninguna protección, y de estos el 56,9% han sido catalogados de interés comunitario por la Unión Europea y un 28,8% como prioritarios para su conservación. En este contexto, la ONG ha identificado las diez playas naturales en España que sufren más presión y amenazas y recuerda que en la actualidad el 22% de los hábitats naturales de la costa española están desprotegidos, y de estos el 57% han sido catalogados de interés comunitario por la UE y más de una cuarta parte (29%) como prioritarios para su conservación.

La responsable de la campaña de Costas de Greenpeace, Paloma Nuche, ha lamentado que tras la crisis económica el ladrillo ha vuelto a la costa y denuncia que en la actualidad hay "numerosos" proyectos urbanísticos en desarrollo, muchos de los cuales se planificaron durante la burbuja inmobiliaria pero que se paralizaron por falta de presupuesto, sobre todo en la vertiente mediterránea y en Andalucía. "Los ecosistemas costeros no reconocidos oficialmente por las figuras de protección de la naturaleza sufren una fuerte presión humana y son vulnerables al desarrollo de futuras actividades", ha subrayado Nuche.

Según el informe, la mayor proporción de ecosistemas costeros desprotegidos se da en la costa norte: Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. En muchos casos, se trata de hábitats seminaturales ligados a actividades agrarias tradicionales, pero que también albergan una gran extensión de hábitats calificados por la Unión Europea de interés comunitario y prioritarios para su conservación. De este modo, instan a realizar un mayor esfuerzo de las políticas de protección de la biodiversidad y ha reiterado la urgencia de las actuaciones en el litoral y aumentar los esfuerzos en restaurar áreas degradadas, sobre todo la recuperación del dominio público de las zonas privatizadas ilegalmente. Asimismo, piden a las administraciones a proteger extensas áreas de hábitats naturales antes de que resulten afectadas por la urbanización. "Al actual contexto de pérdida de biodiversidad mundial, en el que la primera causa de extinción de especies es la artificialización del suelo, se suma el resurgir actual del desarrollo urbanístico en la costa, por lo que hemos de poner en valor la biodiversidad que aún no ha sucumbido al ladrillo antes de que sea demasiado tarde", puntualiza Nuche.

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