viernes 30/10/20
SOLIDARIDAD

¡Panadero, una de apoyo mutuo!

Carmina es una de tantas personas que han superado el confinamiento con buenas dosis de ingenio y de solidaridad vecinal.

Carmina Cardeñoso en su piso en el barrio torrelaveguense de La Inmobiliaria, uno de los de menor renta media de la ciudad | Foto: J. R. Escobedo
Carmina Cardeñoso en su piso en el barrio torrelaveguense de La Inmobiliaria, uno de los de menor renta media de la ciudad | Foto: J. R. Escobedo

"En el día de hoy, acabo de comunicar al jefe del Estado la celebración mañana de un consejo de ministros extraordinario para decretar el estado de alarma". Para cuando Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, pronunció estas palabras, Carmina Cardeñoso llevaba ya cinco días completos en confinamiento.

¡Marchando una de apoyo mutuo! | Foto: José Ramón Escobedo ¡Marchando una de apoyo mutuo! | Foto: José Ramón Escobedo

La mujer, con 80 años y varios problemas de salud, vive habitualmente con su hijo menor, Fernando Escobedo, en Burgos, pero volvió a su residencia habitual en la ciudad cántabra de Torrelavega para seguir un tratamiento médico contra la enfermedad que la aqueja últimamente, una polimialgia reumática. Es por esto por lo que pasó la pandemia sola en una casa sin balcón y con apenas espacio para llevar a cabo los paseos que le recomienda su médico.

Nada ilustra mejor el "puro terror" que sentía que la decisión que tomó el 15 de abril

La suya, como la de muchas personas mayores durante la COVID, es una historia de soledad, miedo y también esperanza y apoyo mutuo.

"NOS VIENE LA MUERTE"

El inicio de los 63 días de aislamiento de Carmina lo situamos el 8 de marzo, pero debemos echar la mirada más atrás para comprender el porqué de tantas precauciones tan pronto.

Tras una llamada de su médico al principio de la pandemia, Carmina preparó una bolsa con todo lo necesario en caso de ser ingresada | Foto: J. R. Escobedo Tras una llamada de su médico al principio de la pandemia, Carmina preparó una bolsa con todo lo necesario en caso de ser ingresada | Foto: J. R. Escobedo

La mujer solía acudir al cercano centro de mayores del Zapatón a leer la prensa. Allí, leyó los primeros casos en China y su mortífera propagación por Italia. "No estamos preparados. Nos viene la Muerte".

Nada ilustra mejor el "puro terror" que sentía que la decisión que tomó el 15 de abril. El día anterior había sufrido un gran dolor en la sien, y la mañana siguiente se despertó con el ojo medio cerrado y casi sin visión. Evaluó la opción de acudir al hospital más cercano y, en esas semanas en las que la curva de muertos no se aplanaba, resume su decisión así: «Mejor tuerta que muerta».

Carmina tuvo problemas con el PIN del móvil durante el aislamiento, y pudo hablar con su hijo menor a través del teléfono de una vecina.  Carmina tuvo problemas con el PIN del móvil durante el aislamiento, y pudo hablar con su hijo menor a través del teléfono de una vecina. "En agosto te doy un abrazo", le dijo a esta | Foto: J. R. Escobedo

"EN AGOSTO TE DOY UN ABRAZO"

Su confinamiento absoluto no habría existido sino por la ayuda que desde el principio le brindaron comerciantes locales, vecinas y su familia.

La certeza de que debía aislarse llegó el 8 de marzo, cuando, tras semanas de noticias "alarmantes", vio a un policía nacional salir de la panadería con gran cantidad de barras de pan. "Igual estaba cogiendo también para su compañero, pero me puso mosca".

Repitió alguna vez más esta operación con los comerciantes de la zona. José Castañeda, carnicero en el edificio de enfrente, cuenta que le llamó con un grito y le bajó la bolsa con el monedero y el pedido. "Pedía el pollo más pequeño e insistía en traer uno de mayor tamaño", recuerda con agradecimiento Carmina.

Tras unos primeros días de cocinar su propio pan, llamó al panadero por la ventana y le lanzó una bolsa atada a una cuerda improvisada con el pedido y el dinero | Foto: J. R. Escobedo Tras unos primeros días de cocinar su propio pan, llamó al panadero por la ventana y le lanzó una bolsa atada a una cuerda improvisada con el pedido y el dinero | Foto: J. R. Escobedo

Pronto entró en escena Esther Peña, una vecina del edificio de enfrente. "Le acerqué la compra gustosamente. La conozco desde hace muchos años, y a su hermana también".

La hermana de Carmina falleció hace unas pocas semanas y, aunque no se pueda confirmar por ausencia de prueba PCR, la mujer cree que su familiar murió por coronavirus.

Calvo calcula que han atendido 50 pedidos familiares al día, en un incremento de cinco veces el trabajo habitual

Ayuda de comerciantes cercanos, vecinas… y familia. Su hijo menor contactó con los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Torrelavega, que a partir de esa llamada le tiraron la basura de forma regular.

"Les metía una propina en un sobre y me daban las gracias, pero luego lo dejaban en el buzón. Qué detalle".

"ESTAMOS DESBORDADOS"

Carmina no fue la única persona que necesitó ayuda externa al comenzar la pandemia. María Calvo, del Banco de Alimentos de Cantabria, cuenta que se vieron superados por la situación rápidamente. La comida que reciben habitualmente del Plan Nacional de Alimentos (PNA) fue insuficiente para cubrir toda la demanda: "Nos llegó un camión de leche hace una semana", dice, ya a 12 de junio, "y tendremos que pedir otro pronto". Todavía se encuentran desbordados de tareas y no han podido hacer inventario, pero Calvo calcula que han atendido 50 pedidos familiares al día, en un incremento de cinco veces el trabajo habitual.

A pesar de no poder dar propinas, Carmina estuvo haciendo mascarillas durante todo el confinamiento. Se las dio primero al panadero, al carnicero y a sus vecinas, y más tarde las repartió desde la ventana a quien pasara. | Foto: J. R. Escobedo A pesar de no poder dar propinas, Carmina estuvo haciendo mascarillas durante todo el confinamiento | Foto: J. R. Escobedo

La solidaridad creció paralela a la necesidad, y multitud de personas se prestaron para labores de voluntariado. Tantas, que las instituciones sociales y de beneficencia habituales no pudieron incorporarlas. En Cáritas, por ejemplo, se entrevista a todos los que quieren colaborar, y esto supuso una barrera para las nuevas adhesiones, según explica Raquel Menéndez, responsable de voluntariado de la ONG en la autonomía cántabra.

Otras organizaciones con menor arraigo institucional también se vieron afectadas: "Llega un momento en que ya no damos abasto y no se puede atender bien a la gente", reconoce Ricardo Sainz Obregón, presidente de la Federación Cántabra de Asociaciones de Vecinos (FECAV). Al igual que el Banco de Alimentos, reciben comida del PNA, pero el último camión llegó el 11 de marzo, y desde entonces sus suministros han bajado notablemente. Esto es consecuencia del aumento de la demanda; antes atendían a un millar de personas, pero ese número está hoy en más de 4.000.

Cada pedido de alimentos de la FECAV está valorado en unos 80 euros, pero, por falta de existencias, ahora se sitúan entre los 50 y los 70 | Foto: Álvaro Escobedo Cada pedido de alimentos de la FECAV está valorado en unos 80 euros, pero, por falta de existencias, ahora se sitúan entre los 50 y los 70 | Foto: Álvaro Escobedo

La FECAV lleva a cabo su obra social en locales repartidos por todo el territorio cántabro, como la meridional Matamorosa o la colindante con Euskadi Castro-Urdiales. Sin embargo, es en la capital donde entregan una mayor cantidad de alimentos. Es precisamente en Santander donde se han creado más lazos de solidaridad y donde más ayuda ha sido necesaria.

El Banco Obrero de Alimentos (BOA) se funda a principios de 2019 con el fin de crear una organización de entrega de comida diferente. Carlos Gutiérrez, colaborador habitual, lo justifica así: "Se trata no solo de dar alimentos a las personas, sino escucharlas y ayudarlas en lo que podamos, además de contribuir a tejer redes de solidaridad en los barrios. También intentamos que se involucren". Son un grupo pequeño, que antes de la pandemia atendía solo a un par de familias de la capital. Con el inicio del estado de alarma, sin embargo, pronto se vieron en problemas al crecer ese número a una veintena, repartidas por toda Cantabria.

Es cierto que la unión hace la fuerza, y bajo este principio se han creado nuevas redes de apoyo vecinal

"Nos llamaron y nos dijeron que estaban desbordados", cuenta José Luis de la Mata, del centro social santanderino Smolny. Cerraron al inicio del confinamiento, pero reabrieron para que el BOA tuviera un local más grande donde llevar a cabo las entregas de alimentos. De esta forma, en el reabierto centro social tuvo lugar -y aún es así- la actividad del Banco Obrero, que se sumó a la que ya realizaba el colectivo Julio Vázquez en ese mismo lugar. Esta asociación tuvo un desbordamiento similar: de 30 familias, pasaron a abastecer a 600.

"ESTAMOS AQUÍ PORQUE NOS IMPORTAN NUESTROS VECINOS"

Por manido que esté el dicho, es cierto que la unión hace la fuerza, y bajo este principio se han creado nuevas redes de apoyo vecinal. 

La mayor de ellas y más relevante es la Red Cántabra de Apoyo Mutuo (RCAM). Esta nace el segundo día de confinamiento a partir del colectivo Cantabria No Se Vende (CNSV), un paraguas que incluye asociaciones culturales, de vecinos, sindicatos sectoriales y partidos políticos de la región. Diegu San Gabriel, miembro de CNSV y uno de los primeros participantes en la Red, cuenta que consideraron necesario dar asistencia a las personas más necesitadas y producir y distribuir equipos de protección individual (EPIs).

En la primera semana se centraron en el personal sanitario, que consideraban "absolutamente desasistido desde las instituciones públicas". "Les llevábamos lo que tuviéramos: mascarillas de tela o pantallas de protección hechas con materiales donados por alguna mercería", detalla el voluntario.

En estos inicios de la RCAM, apenas disponían de una centralita para coordinar y poner en contacto el voluntariado. A partir de ahí crece gracias a las redes que CNSV ha estado tejiendo durante años, según San Gabriel. Consiguió incorporar movimientos ciudadanos de la región, como Asamblea Ciudadana Por Torrelavega, DYA, en Castro-Urdiales o Voluntarios del Asón, en el municipio oriental de Colindres.

La RCAM ha confeccionado más de 25.000 EPI y entregado comida a más de 600 familias

La Red fue creciendo con cada prórroga del estado de alarma, no solo en adhesiones o en extensión territorial, sino en actividades: acompañamiento telefónico a personas solas, una aplicación para donar WiFi, una iniciativa de apoyo rural u otra para compartir o donar bienes llamada "Apurri" -pasar algo de una persona a otra, en cántabro-.

Pero no trataba solo de personas ayudando a personas, sino de los mismos colectivos apoyándose entre sí. Gutiérrez cuenta cómo dos grupos, Coronavirus Makers y Patrulla Costuras, ayudaron al Banco Obrero: "Los primeros confeccionan mascarillas y pantallas de protección, mientras los segundos se encargan de EPI de cuerpo completo para el personal sanitario. A cambio de su ayuda, se pedía a los beneficiados que donaran, si podían, alimentos al BOA". Además, una tercera asociación, Cantabria Con Bici, suplió la escasa implantación territorial del Banco Obrero transportando en bicicleta la comida cuando los necesitados no podían desplazarse hasta Smolny a por ella.

Pantallas de protección en el local santanderino de la FECAV | Foto: Á. Escobedo Pantallas de protección en el local santanderino de la FECAV | Foto: Á. Escobedo

EL RESULTADO DEL APOYO MUTUO

Los nuevos nodos de solidaridad vecinal, focalizados en su mayor parte por la Red Cántabra de Apoyo Mutuo, han dado grandes resultados. Con un total de 570 voluntarios motu propio y en los diferentes colectivos, la RCAM ha confeccionado más de 25.000 EPI, entregado comida a más de 600 familias, repartido medicamentos a 400 personas y acompañado telefónicamente a otras 12. Por si fuera poco, su aplicación para compartir WiFi contabiliza 380 descargas, más de 500 vecinos han participado en el programa de economía circular Apurri y sirvieron de altavoz a 44 productores locales, que vendieron así 815 cestas de productos rurales y generaron unos 28.000 euros.

"El médico me dijo que debía andar cuatro kilómetros diarios y en casa me mareaba con las vueltas"

"La gente se ha volcado", afirma Gutiérrez desde el BOA, y pone como ejemplos las 4 toneladas de comida que recogieron en Torrelavega gracias a donaciones de vecinos. "Y eso se consiguió avisando con 48 horas de antelación", resalta.

LA NUEVA NORMALIDAD

El final del aislamiento total de Carmina llegó el 11 de mayo con la primera fase de la desescalada. Tras más de dos meses de confinamiento, su nevera y su salud se resentían: "El médico me dijo que debía andar cuatro kilómetros diarios y en casa me mareaba con las vueltas".

Ese día salió con una bolsa, la cartera y aún mucho miedo. No obstante, es gracias a estas nuevas redes de apoyo mutuo y las ya existentes que personas como ella han podido pasar el confinamiento, y se adentran en la nueva normalidad apoyadas por las personas que tienen más cerca, y que puede que ahora conozcan un poco mejor que antes.

Desde el Banco Obrero de Alimentos, Gutiérrez lanza una reflexión final: "Esta pandemia ha servido para estrechar lazos de colaboración entre vecinos y colectivos. Ahora lo importante es mantenerlos".

Comentarios