Miércoles 21.11.2018
CULTURA

“Personajes como León Felipe son irrepetibles en todos los sentidos”

Saiz Viadero aborda en la Biblioteca Central de Cantabria el cuarto de siglo que pasó en tierras cántabras “el mayor poeta del exilio español, con permiso de Luis Cernuda”.

José Ramón Saiz Viadero, anoche en la Biblioteca Central de Cantabria | edc
José Ramón Saiz Viadero, anoche en la Biblioteca Central de Cantabria | edc

El escritor, periodista e investigador José Ramón Saiz Viadero (Santander, 1941) abordó anoche en el salón de actos de la Biblioteca Central de Cantabria, en Santander, el cuarto de siglo que pasó en tierras cántabras León Felipe, “un personaje olvidado y postergado durante tantísimos años, sobre todo por el franquismo” y de cuya muerte se cumple ahora medio siglo. Autor del libro Infancia y juventud de León Felipe, Viadero recordó que Felipe Camino Galicia —que con los años se convertiría en León Felipe, “el mayor poeta del exilio español, con permiso de Luis Cernuda”— llegó desde su Castilla natal, donde pasó “días felices”, junto a sus padres y sus hermanas a Santander, donde en general no disfrutó de sus momentos “más agradables”.

“Nadie pensó nunca que el farmacéutico acabaría siendo un poeta reconocido internacionalmente”

Aunque también los hubo: la casa de sus padres en la calle Atarazanas tenía una leñera donde siendo un niño “escribía sus obras de teatro” pero “también las dirigía, las interpretaba y hacía de acomodador y de portero de sus vecinos”, recuerda Viadero que contaba José del Río Pick, escritor y periodista nacido el mismo año que León Felipe —1884— y amigo del poeta “desde la primera infancia”. Después coincidirían también en el instituto Santa Clara —el único que había en Santander— y en aquellas tertulias de rebotica en las que “se reunían afinidades políticas, profesionales, literarias, artísticas…” y en las que participaba entre otros Enrique Menéndez Pelayo pero en las que “nadie” pensó nunca que el farmacéutico acabaría siendo “un poeta reconocido internacionalmente”.

Como tantos “personajes vinculados a la izquierda”, León Felipe pasó por la cárcel, aunque su oscuro trance se produjo “mucho antes de la guerra civil” y “no por motivos políticos”, y es que fueron sus dos farmacias —la primera en la calle San Francisco y la segunda en la plaza de la Esperanza, de la que se fue sin despedirse “justo cuando se la iban a embargar”— el “producto de su desgracia” de dos años y medio en las “mazmorras” de la santanderina cárcel de Santa María Egipciaca.

“No fue un donjuán ni un conquistador, pero la ayuda de las mujeres casi siempre está detrás de este tipo de personas”

Cuando sale de la cárcel “está solo y no sabe dónde ir” y es su hermana mayor, Consuelo —tenía que llamarse así—, quien se lo lleva con ella y su marido al pueblo vizcaíno de Balmaseda, donde conoce a “una mujer joven, adinerada y bella”: Irene de Lanbarri. “Desvalido para la supervivencia, no fue un donjuán ni un conquistador, pero la ayuda de las mujeres casi siempre está detrás de este tipo de personas”. “Estoy a punto de cumplir 60 años, escribo con faltas de ortografía y no sé pelar una manzana”, llegaría a decir. Las faltas de ortografía se las corregía su mujer, Bertuca Gamboa, y supone Viadero que las manzanas se las pelaría también.

“Como tantos otros, León Felipe se marchó de España pensando en volver en cuanto cayera el dictador”, pero nunca lo hizo, porque “murió antes que el propio dictador” pero también porque “pensaba que si volvía a Santander no iba a conocer la ciudad después del incendio” de 1941, y es que “prácticamente lo único que quedó en pie” de la ciudad fue una de sus dos farmacias: la de la plaza de la Esperanza.

“Le molestaba el mar y no tiene ningún poema dedicado al mar”

“Tránsfuga de la vida”, León Felipe “no tenía raíces y no sabía ni de dónde era”, pues “no era de ningún lugar de todos los muchos por los que había pasado”. “Tampoco de Santander, pues le molestaba el mar y no tiene ningún poema dedicado al mar”, apuntó Viadero sobre un hombre que “tenía mucho de anarquista”. “Personajes como León Felipe son irrepetibles en todos los sentidos”, añadió. El hombre que en aquella leñera de la santanderina calle Atarazanas comenzó a crear una “realidad paralela” que nunca fue “capaz de frenar” murió en México y allí sigue su tumba, convertida en “un lugar de peregrinación de tantos poetas y espíritus inquietos como lo fue León Felipe”.

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