lunes 1/3/21
HISTORIA

Sadhus en Benarés

Un viaje al universo de los personajes más estrafalarios de la India
Sadhus en Katmandu, una ciudad incluida en sus peregrinaciones | Foto: O.L.
Sadhus en Katmandu, una ciudad incluida en sus peregrinaciones | Foto: O.L.

La primera vez que se ve un sadhu, uno de esos santones desgreñados, con la cara pintada y un tridente en la mano, uno se pregunta dónde estará su manicomio. La segunda, cuánto les pagan por hacer así el payaso para los turistas. Pero si se consigue hablar con uno de ellos, su extraña forma de vida pone en cuestión la aparente normalidad de la nuestra.

SadhuSadhu

DE EJECUTIVO A MENDIGO

Ofrendas con velas encendidas sobre guirnaldas de flores y hojas flotan sobre el Ganges, alejándose lentamente en la niebla del amanecer. Bajo los perfiles de templos y edificios de Benarés, fantasmales en la penumbra, hay un hombre acuclillado en las escaleras que descienden al río. El hombre observa la turbia luz de invierno, mientras desde los crematorios de Manimarnika llega el humo y el acre olor de la carne humana quemada. No existe una imagen más exacta de la muerte. 

El humo de los crematorios entre viviendas y templos sobre el Ganges en Benares | Foto: WikipediaEl humo de los crematorios entre viviendas y templos sobre el Ganges en Benarés | Foto: Wikipedia

El hombre se llama Rajiv, viste con harapos y lleva en la frente las tres rayas verticales de los seguidores de Shiva. “Solo los puros no se incineran”, me dice, cuando vemos un cadáver flotando en el río. “Los niños pequeños y los sadhus no lo necesitan, y van directamente al río, la madre Ganga.”

Rajiv es hoy un sadhu, pero hace apenas unos años trabajaba como ingeniero en una multinacional de la automoción. “En la India aún existe la costumbre de prepararse para la vida en la juventud, trabajar duro y ganar dinero y prestigio en la madurez, y abandonar después todo lo conseguido echándose a los caminos como un mendicante. Pagué a mis hijos sus estudios, y ahora todos tienen un buen trabajo. Cuando el mayor se casó, la pareja vino a vivir con nosotros. Dejé con ellos a mi mujer, bien atendida, y me fui. Ahora llevo una vida austera, sin un hogar, sin ataduras. No tengo objetivos, ni sentido del tiempo: solo existe el presente”.

Devotos entregan ofrendas al Ganges al amanecer | Foto: O.L.Devotos entregan ofrendas al Ganges al amanecer | Foto: O.L.

PAÍS NO APTO PARA INSUSTANCIALES

Viajamos alegremente a la India para disfrutar de lo diferente hasta que, a la vuelta de una esquina, la mirada de un niño leproso pone en evidencia el monstruo que todos llevamos dentro. Entonces descubrimos que el escaparate fascinante contenía una trastienda llena de horrores. Y que no es posible quedarse solo con la India de postal: el lote viene completo. Incluso quienes pagan para asegurarse una experiencia de resorts de lujo y sueños de exotismo, tarde o temprano se encuentran con aquello de lo que huyen. Eso que evidencia las mentiras que queremos creernos, el ridículo, el absurdo o la obscenidad de nuestro modo de vida. A algunos, se les amarga el viaje, y no vuelven. Otros no pueden dejar de repetir. Ese es el valor de la India.

ENSALADAS MÍSTICAS

Un sadhu es sencillamente un hombre o una mujer que renuncia a sus posesiones y se compromete con una búsqueda espiritual, mendigando su comida.”, me explica Rajiv, el antiguo ingeniero reconvertido a asceta. “Hay sadhus de toda condición y creencia: locos, filósofos, místicos, fumadores de hachís y hechiceros. Y también los hay de pacotilla, que se disfrazan para sacar dinero a los turistas. Solo unos pocos han alcanzado el despertar, pero su presencia es un soporte para la gente, que encuentra un alivio a la dureza de sus vidas recibiendo su bendición.”

Un Sadhu, en Benares | Foto: O.L.Un Sadhu, en Benarés | Foto: O.L.

GIGANTES TECNOLÓGICOS Y BODAS DE LAS MIL Y UNA NOCHES

La india es un caleidoscopio tan empalagoso y contradictorio como su mareante colección de dioses. Junto a una clase media occidentalizada, que soporta influyentes startup internacionales y provee los mejores programadores informáticos del mundo, sobrevive una multitud de campesinos que todavía viven en el siglo XVIII, y hasta sociedades tribales del paleolítico. 

Pero la tradición aún vertebra la sociedad en costumbres como esas bodas en las que la novia, ataviada como una princesa de Las Mil y una Noches, espera con su séquito la aparición del prometido, quien se presenta resplandeciente y montado sobre un elefante (alquilado), entre una multitud de familiares y amigos.

Y una religiosidad tan intensa como difusa impregna por igual las capas sociales: aquí coexisten todas las sectas del islam, del cristianismo y del budismo, aparte del judaísmo, el zoroastrismo, los sijs, el jainismo y diversos animismos. Y uno puede copiar y pegar para encontrar una solución a su medida. 

Sostenidos por tanta fe, miles de ashrams, fundaciones religiosas y templos, forman una densa malla de refugios extendida por todo el país, en la que cualquiera puede recibir una ración de comida o dormir algunas noches. Los sadhus las utilizan en su interminable vagar de una ciudad santa a otra, siguiendo un calendario establecido de festivales.

Baño ritual en el Ganges | Foto: O.L.Baño ritual en el Ganges | Foto: O.L.

CÓMO SE FABRICA UN SADHU

He preguntado a Rajiv cómo se convierte uno en sadhu, y me describe su proceso de instrucción por un conocido guru, y su consiguiente inclusión en un linaje, con patriarcas y compañeros de iniciación que adquieren la condición de padres y hermanos. Algo así como adquirir una nueva familia, que protege del infortunio y la soledad no deseada a sus miembros.

“Rajiv”, le pregunto, “¿No llevarías mejor tu búsqueda espiritual instalado cómodamente en tu casa, sin separarte de tu familia, y recurriendo a los consejos de tu maestro a través de internet o el teléfono?”

“¿Cómodamente?”, me responde, llevándose un dedo a la sien, como si hablase con un loco: “Los occidentales no entendéis nada”.

KUMBH MELA, EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO

La mayor parte de los entre 4 y 5  millones de sadhus que deambulan por la India se reúnen durante el Kumbh Mela, un macrofestival religioso que se repite 4 veces cada 12 años. Parece increíble que sea posible organizar estos encuentros, en los que pueden reunirse, durante unas tres semanas, más de 70 millones de personas junto a alguno de los lugares sagrados vinculados al Ganges. Allí, entre peregrinos devotos, curiosos, turistas y pícaros, toda clase de sectas hinduistas montan suntuosas tiendas y exhiben a sus excéntricos maestros. 

Multitudes de un Kumbh Meta, en Haridwar | Foto: WikipediaMultitudes de un Kumbh Meta, en Haridwar | Foto: Wikipedia 

Pero el color de la fiesta lo ponen sin duda los Naga baba, una élite de entre los sadhus, que se presentan desnudos y con el cuerpo cubierto con cenizas, presuntamente de los crematorios. 

Tres Naga Sadhus en el Kumbh Mela | Foto: WikipediaTres Naga Sadhus en el Kumbh Mela | Foto: Wikipedia

Sin embargo, la palma de lo friki pertenece a los Aghori, una minoritaria y extrema secta que busca alcanzar la luz espiritual a través de la inmersión en las tinieblas: para ello, rompen todos los tabús imaginables, entre los que, como muestra, pueden valer los de dormir entre muertos, comer excrementos o despojos de cadáveres de los crematorios y utilizar bóvedas craneanas humanas como recipientes para comer y beber. 
 
UN OCCIDENTAL METIDO A SADHU

Patrick Levy es un estudioso de las religiones que, tras publicar libros con títulos tan sugerentes como “¿Cree Dios en Dios?”, se enamoró de la India y decidió iniciarse como sadhu con el guru-filósofo Ananda Baba, con el que peregrinó durante una larga temporada por los lugares santos de la India. Vivió extrañas experiencias, conoció a cientos de sadhus, aprendió a pedir limosna, a defecar en público y a abandonarse a lo que quiera suceder. Lo más duro de su vivencia, asegura, fue la noche anterior a su partida, cuando tuvo que renunciar a su tarjeta de crédito y, sin una rupia en el bolsillo, echarse a los caminos de la India. De regreso a casa, Patrick dice haber ganado en paciencia, tolerancia y coraje y, lo mejor, se ha olvidado de la manía occidental por tenerlo todo bajo control.

GIMNOSOFISTAS

La tradición de los sadhus es milenaria. Cuando Alejandro Magno llegó a la India en el siglo IV a.C., los intelectuales que le acompañaban describieron su encuentro con los Naga baba, a los que llamaron gimnosofistas –sabios desnudos–, registrando entre otras cosas, cómo pasaban el día, comían y bebían, apoyados sobre una sola pierna. Griegos e hindúes debatieron sobre sutiles cuestiones filosóficas, y los segundos se interesaron por las enseñanzas de un famoso gurú del Oeste del que habían oído hablar. Un tal Sócrates.

ASÍ EN EL AMOR COMO EN LA GUERRA

En la paradójica condición humana, amar y matar pueden ser los dos extremos de una misma cuerda. Incluso la pacífica espiritualidad hindú no pudo evitar que los Naga babas, también llamados Naga sadhus, recorriesen la senda que enlaza la mística con la violencia, en esa extraña pero bien conocida mezcla practicada también por los samuráis, las órdenes militares cristianas como la de los Templarios, o los monjes guerreros de los Ribat musulmanes. Utilizados por los marajás hindúes como fuerza de choque contra árabes y mogoles desde el siglo XIII, los Naga sadhus oficiaron también de mercenarios hasta que, en el siglo XVIII, los ingleses limitaron su capacidad militar. Aún hoy portan simbólicamente armas como tridentes y espadas y, cuando el fervor se desborda durante los Kumbh Mela, no es raro que facciones rivales lleguen a las manos.

El baño ritual de los Naga Sadhus en el Kumbh MetaEl baño ritual de los Naga Sadhus en el Kumbh Meta

¿HAS ALCANZADO EL DESPERTAR?

En Benarés, la más santa de las 7 ciudades santas de la India, los vivos y sus edificios se apelotonan sobre una de las orillas del Ganges. La otra está vacía. Pertenece a los muertos, y en ella solo hay un desierto arenal que parece representar el más allá. Sentado en los ghat junto a Rajiv, ambos nos entregamos a la costumbre local de dejar pasar el tiempo tratando de descifrar vanamente el espacio vacío que hay en la otra orilla del río de la vida.

Es la hora de irme. Entrego mi limosna a Rajiv y, en la despedida, deslizo la pregunta que me reconcome:

“Dime, Rajiv. Y tú ¿has alcanzado el despertar?”

Rajiv me mira largamente antes de hablar. Su respuesta es tan hindú como occidental fue mi pregunta.

“El despertar solo significa darse cuenta de que uno vivía dormido.”
 

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