martes 12.11.2019
SANIDAD

90 años del Hospital Valdecilla: El Instituto Médico de Postgraduados

Obras de construcción del actual Edificio 2 de Noviembre, posteriormente afectado por un derrumbe y remodelado, y derribo de parte de los antiguos pabellones, abril de 1971. En primer término el pino del marqués, considerado emblema informal de la institución, desaparecido | Foto: Mario Corral.
Obras de construcción del actual Edificio 2 de Noviembre, posteriormente afectado por un derrumbe y remodelado, y derribo de parte de los antiguos pabellones, abril de 1971. En primer término el pino del marqués, considerado emblema informal de la institución, desaparecido | Foto: Mario Corral.

El Dr. López Albo, neuropsiquiatra cántabro, del círculo de Cajal, contrafuerte de la conocida como Edad de Plata de las Ciencias Españolas, dimitió de su cargo al frente de la Casa de Salud Valdecilla por desavenencias con el Patronato, particularmente con la marquesa sobrina del marqués, sin que tan siquiera hubiera transcurrido un año desde la inauguración del hospital. La reacción no se hizo esperar. De hospital laico pasó a confesional, de innovador a conservador, de valiente a que la valentía fuera considerada un factor de riesgo que no compensaba asumir. Pero los profesionales no olvidaron su legado. El impulso primero fue continuado. Gracias a ello, el hospital se mantuvo a la cabeza de los hospitales españoles de la época.

La guerra prende en julio de 1936. El sustituto del Dr. López Albo, el Dr. Díaz-Caneja, es apartado, lo mismo que la Madre Superiora de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, Sor Bastos. Es probable que incluso fueran recluidos en la cárcel del hospital. El Gobierno de la República en Cantabria pide al Dr. López Albo que vuelva. Mientras se produce el tan ansiado regreso, el puesto lo ocupa interinamente el Dr. Gonzalvo. Cuando Santander caiga a finales del verano de 1937, el Dr. Gonzalvo será apresado y fusilado. Sus restos reposan en la fosa común de Ciriego.

Pero volvamos a 1936. En septiembre el Dr. López Albo remota las riendas de la institución y, lejos de conformarse con mantener las puertas abiertas, lo cual no hubiera sido poco dadas las circunstancias, insufla nueva vida a proyectos que habían quedado aparcados, recuperando mucho del tiempo perdido. Infructuosamente, pues tan solo un año después se verá obligado a huir en submarino para salvar su vida, recalando en Francia, luego de nuevo España, en Cataluña, y tras caer definitivamente ésta, Cuba y México, donde hallará la muerte.

Durante su segundo periodo al frente de la Casa de Salud Valdecilla, en plena guerra, el Dr. López Albo encadenará decisiones que le reconciliarán con su pasado y a nosotros con el nuestro. Así, dona su biblioteca personal a la biblioteca del hospital, pone en marcha la denominada Colonia Jardín para Enfermos Mentales, de concepción todavía hoy puntera, ensaya la especialización enfermera y en lugar destacado redimensiona el Instituto Médico de Postgraduados, al que quiere Facultad de Medicina de la futura Universidad de Cantabria o del País Cántabro. Recordemos que nos movemos en torno a 1936.

"Nada diferente a un Centro de Postgrado actual. Su concepción es, como vemos, increíblemente moderna"

El Instituto Médico de Postgraduados había sido inaugurado en enero de 1930. Es el propio Dr. López Albo quien explica sus funciones en el discurso inaugural: organización de cursos y ciclos de conferencias (que en su origen nutrían a la Universidad Internacional de Verano de Santander), intercambios científicos, sesiones clínicas, becas, publicación de una revista científica, etc. Nada diferente a un Centro de Postgrado actual. Su concepción es, como vemos, increíblemente moderna.

Durante su segundo periodo al frente de la institución se crea la Escuela Libre de Medicina, inaugurada el mes de noviembre, tomando como base precisamente el Instituto Médico de Postgraduados. Se conservan las fichas de los alumnos, el pago de cuotas, el cuadro docente, la relación de asignaturas a impartir, fotografía de la inauguración, el discurso de apertura, etc. El modelo seguido, que había sido acuñado por el propio doctor santanderino durante su periodo bilbaíno, es el de la Facultad de Medicina de la Universidad Vasca, inaugurada al mes siguiente. Cantabria, a diferencia de País Vasco, no contaba con Estatuto, o sí, pero se había quedado sin aprobar en un cajón, y por consiguiente no había boletín oficial que diera marchamo legal a la Universidad de Cantabria, por lo que la Escuela Libre de Medicina no llegó a más. Lo hubiera hecho de haber ganado la República la guerra, pero no fue así. No obstante, si lo que importa es la semilla, la de la actual Universidad de Cantabria es claro cuándo fue sembrada.

La Universidad de Cantabria según diseño del Dr. López Albo tendría que haber tomado asiento sobre tres patas: la Facultad de Ciencias en la Estación de Biología Marina del cabuérnigo Augusto González de Linares, la Facultad de Letras con sede en la Biblioteca de Menéndez Pelayo y la Facultad de Medicina en la Casa de Salud Valdecilla aprovechando los cimientos del Instituto Médico de Postgraduados. Como hemos visto, solo este último proyecto, el único directamente bajo su tutela, estuvo a punto de concretarse.

La guerra terminó pero la ganaron los contrarios. El proyecto de Universidad de Cantabria naufragó. El Instituto Médico de Postgraduados quedó latente. La Universidad de Cantabria actual fue inaugurada en los últimos años del franquismo en gran medida gracias al aval del bien posicionado e influyente Dr. López Vélez. La semilla terminó brotando, si bien es cierto que en campo ajeno. Pero brotó.
 

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