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El ketchup: una salsa globalizadora

Fernando Uría |

eldiariocantabria.es | 01 de noviembre de 2018

Parece increíble que en estos tiempos en los que vivimos una vuelta a lo natural y valoramos mucho el esfuerzo que hacen agricultores, viticultores o reposteros por ofrecernos productos de calidad, veamos tantos ejemplos de mezclas de sabores tan empalagosos y que nos alejan de lo básico.

Elige un niño-a de cualquier lugar del mundo y le gustará el kétchup. No sé qué tendrá esa salsa de tomate con vinagre, azúcar y especias pero entusiasma a los chavales. Además, se lo añaden a todo: a la pasta, hamburguesas, perritos, patatas, filetes, el pescado…yo creo que alguno lo prueba hasta con los sobaos.

Algunos cocineros deben pensar que existen otros alimentos o salsas que son igual de globalizadoras que el kétchup

Algunos cocineros deben pensar que existen otros alimentos o salsas que son igual de globalizadoras que el kétchup y que nos gustan también a todos los adultos. Quién no ha sufrido una ensalada con un emparrillado abundantísimo de vinagre de Módena que anula el resto de sabores, o un plato (cualquiera) inundado de cebollino o una carne sepultada bajo una espesa capa de queso fundido o un tomate, que prometía estar muy sabroso, y que aparece en nuestro plato con la compañía indeseable de una invasora salsa rosa. Podemos continuar con muchos ejemplos: siropes y merengues artificiales que destrozan un fantástico hojaldre, o un gin tonic que, acompañado por la mitad de la huerta murciana y ¡¡ canela ¡!,  se hace imbebible…

Parece increíble que en estos tiempos en los que vivimos una vuelta a lo natural y valoramos mucho el esfuerzo que hacen agricultores, viticultores o reposteros por ofrecernos productos de calidad, veamos tantos ejemplos de mezclas de sabores tan empalagosos y que nos alejan de lo básico y lo más importante: el producto con su sabor natural.

Otro ejemplo, ¿por qué nos empeñamos en querer comer frutas y verduras fuera de su temporada natural?

Yo mismo tengo un amigo que cuando compartimos unos blancos y una ración de rabas y el camarero aún no ha posado el plato en la barra ya las ha rociado con una abundante lluvia de limón…no me digáis que no es para matarle.

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