Miércoles 14.11.2018

Sin plan de rescate para los libros de texto

Comprendo que invertir en educación es costoso, pero es infinitamente más caro permitir que se convierta en un lujo reservado a la élite. Sin educación no hay vertebración social ni hay futuro.

Mientras PP, PSOE y PRC pugnan por rentabilizar con sus declaraciones en la prensa el buen resultado obtenido  en la gestión del medio centenar de viviendas cedidas por la SAREB para usos sociales, un tupido silencio se extiende sobre las paupérrimas ayudas que convoca el gobierno para la compra de libros de texto y material curricular. De eso solo se habla en las colas del cajero del supermercado.

Lejos quedaron los tiempos en que la actual Vicepresidenta clamaba a los cuatro vientos contra  los recortes introducidos por el Partido Popular, que ella misma cifraba en 3 millones de euros. En su anunciado rescate ciudadano, ese plan de choque contra la emergencia social, se promete pan para mañana, pero no hay en él ni rastro de las ayudas para los libros de texto que miles de familias necesitan hoy.

El silencio es lógico, la convocatoria de ayudas del nuevo gobierno ofrece 150 € para la compra de material escolar en formación primaria y de 200 € para la enseñanza secundaria obligatoria. Son migajas de las que es difícil presumir cuando el coste de los libros puede llegar hasta 350 € dependiendo del centro escolar, o un solo libro de ciencias sociales tiene un coste de 44,20 €, en segundo de bachiller, en este caso, sin ayuda alguna ni freno a la codicia de las editoriales.

Para ser beneficiario de la ayuda se requiere, además, no tener ingresos superiores a 426 euros por unidad familiar, o recibir prestaciones del INSS por hijo a cargo. Una amplia mayoría de familias, también pobres de solemnidad, quedan fuera de la cobertura ofrecida. Forman parte de  esa nueva clase de trabajadores pobres que nos ha dejado la crisis, de quienes nadie se ocupa aunque su salario no alcance a cubrir las necesidades básicas de vivienda, alimentos  o energía. Si nadie pone reparo, sus hijos acudirán a clase sin libros ante la imposibilidad de recurrir a la compra, préstamo o bolsas de libros usados. No hay mercado de segunda mano porque la entrada en vigor de la LOMCE  ha cambiado los textos.

Es difícil entender que el Gobierno, conocedor de una realidad social que arroja cifras alarmantes en cuanto a pobreza y exclusión social, permanezca insensible ante las necesidades de nuestros escolares, o que en el reciente curso parlamentario la oposición prefiera hablar de las elecciones catalanas en lugar de centrarse en los acuciantes problemas de nuestra Región, que no son pocos.

Sorprende también que Revilla anuncie que los ajustes de 100 millones de euros para los presupuestos del 2016 no afectarán a la educación, cuando ya hay miles de familias que sufren los recortes este año.

Sin embargo, tiene razón el Presidente en los principios que sustentan su enunciado. La inversión en educación es una cuestión de definición de líneas estratégicas que no debería depender del ciclo económico. Cantabria es más pobre que Navarra, que suministra libros gratis a sus escolares, pero nuestra riqueza es muy superior a la segunda Comunidad más pobre de España, Andalucía, que con un PIB un 25,9 % inferior a la media nacional, también lo hace.

Comprendo que invertir en educación es costoso, pero es infinitamente más caro permitir que se convierta en un lujo reservado a la élite. Sin educación no hay vertebración social ni hay futuro. Por ello, me cuesta creer que Miguel Ángel Revilla, el mismo hombre que ordenó construir un puente para que tan solo dos “niñucos” pudieran ir al colegio sin tener que vadear un río, consienta ahora que miles de niños cántabros inicien el curso escolar con las mochilas vacías, probablemente, ni siquiera lo sepa.

Sin plan de rescate para los libros de texto
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