Sábado 15.12.2018

La desrueda de Cantabria

Las estelas deberían poder visitarse todos los días en un horario normal, y con un museo digno de tal monumento, no en una pequeña chabola de piedra. Si un pueblo no sabe cuidar su identidad y su patrimonio, es un pueblo ignorante.

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños” decía sabiamente Cicerón. No exactamente eso nos pasa en Cantabria, pero casi. Mayoritariamente la gente no sabe lo que ha sucedido históricamente en su comunidad, aunque  es posible conocerlo. El problema viene cuando olvidamos y no aprovechamos nuestro segundo gran símbolo.

Tras las cuevas de Altamira, el otro gran símbolo son las Estelas de Cantabria –Barros, Lombera y San Vicente de la Barquera– y más concretamente las de Barros, y como se las conoce en el Valle de Buelna “La Rueda”.

Tal es la importancia histórica y cultural de dicho símbolo que está incluido de manera muy significativa en nuestro escudo, y que en la sede del Gobierno de Cantabria se acaba de colocar una réplica. Ademá,s desde 1985 las dos estelas de Barros están declaradas Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España.

Un símbolo que dicen que señalaba la tumba de un importante guerrero de finales de la Edad de Bronce o principios de la Edad de Hierro. Y que está dedicada al Dios Sol.

Tal es la importancia de dichas “ruedas” que en 1946 fueron llevadas al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), pero en 1947 los vecinos de Barros llevaron una réplica de cada estela en un tractor al museo –réplicas que aún se encuentran en el museo– y devolvieron a las originales a su ubicación histórica.

Pero por desgracia, por mucha intención que tengas de ver dichos monumentos no puedes. El Parque de las Estelas de Cantabria se encuentra cerrado a cal y canto desde hace bastantes años. El Obispado –con la Iglesia hemos topado– dice que es suya y el Ayuntamiento reclama su titularidad. Por lo tanto la Iglesia tiene las llaves del “parque”, que se abre rara vez al año.

El segundo símbolo más importante de la región, que está incluido en nuestro escudo, ya no solo no se potencia sino que encima está cerrado

Quizás el señor Revilla no debería inaugurar la réplica de la estela en la sede del Gobierno de Cantabria con tanta alegría sino trabajar para abrir el museo. Desde luego, que el ridículo de Miguel Ángel Revilla, de Ramón Ruiz, de Josefina González –alcaldesa de Los Corrales– y de Roberto del Val –concejal de Cultura– es máximo. Como también lo es de los políticos que ocupaban sus puestos en la anterior legislatura. No saber gestionar dicho problema es vergonzoso y muestra claramente  la incompetencia absoluta del Gobierno y del Ayuntamiento.

Los parches que se han realizado en los últimos meses no valen. Las estelas deberían poder visitarse todos los días en un horario normal, y con un museo digno de tal monumento, no en una pequeña chabola de piedra. Si un pueblo no sabe cuidar su identidad y su patrimonio, es un pueblo ignorante.

Si  tras negociar, la solución consiste en realizar una expropiación al Obispado de Santander por tratarse de un Bien de Interés Cultural, debería hacerse ya, no debemos esperar ni un segundo.

Más perplejo aún me quedo con la actitud de ADIC. Una Asociación que defiende con tanta dedicación los intereses de Cantabria debería ser la punta de lanza de la crítica a la situación. Más sorprendente es la actitud del adormilado pueblo de Barros que no es capaz de levantar la voz para poner fin a este problema.

Todo esto con el envoltorio de las Guerras Cántabras y de que Corrales es un municipio que cuida su historia y su cultura. Pero por desgracia, no es así. A la lamentable situación de “Las Ruedas” debemos sumar el estado de la Calzada Romana del bosque Fresneda, o de la situación de La Tejera del pueblo de San Mateo, y de la que desde hace tiempo se solicita su protección para poder realizar un estudio sobre ella.

En fin, un envoltorio que es falso, pues ni Josefina González ni Mercedes Toribio han sabido cuidar la rica cultura, historia, patrimonio e identidad del municipio.

La desrueda de Cantabria
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