Sábado 15.12.2018

La otra alternativa

Cantabria no se puede limitar a vender un turismo de sol y playa, porque fuera del verano lo normal es un “pinchazo” considerable.  Debemos analizar qué tipo de turismo queremos y podemos ofrecer.

La Fórmula 1 ha comenzado y los coches han terminado ya la segunda etapa. Por supuesto, nada más entrar en el padock es momento de hacer análisis, y resulta que en la primera de las tres carreras que mejor se adaptan a nosotros hemos competido al 80%. La lluvia, la maldita lluvia, nos ha truncado desarrollarnos bien. Los ingenieros no han calculado bien y no hemos llevado neumáticos de mojado. El joven becario del equipo, al hacer los pilotos el análisis, recuerda que la temporada pasada ocurrió lo mismo en una de esas tres carreras.

El símil automovilístico es perfectamente comparable a nuestro turismo. En la Semana Santa de 2018 uno de los tres meses potentes –los otros son julio y agosto- los hosteleros se quejan de un escaso 80% de ocupación, algo que ya ocurrió en el inicio del pasado agosto. Y siempre la culpa es de la lluvia o, en su defecto, de las previsiones climatológicas. En definitiva, “el pan nuestro de cada día”.

En una más que cuestionable decisión, la comunidad ha decidido que el turismo debe ser el motor que nos saque de la crisis. Volvemos a jugarnos todo a una sola especialidad automovilística como antaño, un nuevo error. Pero el problema es aún más gordo si decidimos competir solo en la Fórmula 1, y sin neumáticos de mojado, solo los blandos y duros de seco. Para colmo, es posible que llueva en una gran parte del campeonato, incluidas las tres que mejor se nos dan, aunque la probabilidad de lluvia es existente.

No tiene ningún sentido competir con el sur y el Mediterráneo por un turismo de playa y sol familiar

Los ingenieros en ningún momento se han planteado ni se plantean utilizar “en mojado”. En definitiva, un error persistente que nos lleva a no rendir a nuestro máximo nivel por no solucionar el problema.

En una comunidad del norte, donde la lluvia hace posible los atractivos prados verdes, no tiene ningún sentido competir con el sur y el Mediterráneo por un turismo de playa y sol familiar. Es decir, “mítico” viaje con los hijos donde vamos a la playa, si un día llueve al Centro Comercial, y después más playa y como mucho al Oceanográfico, Cabárceno y El Soplao. En ese mercado no podemos ganar, aunque es comprensible que salgamos a competir. Pero tenemos que adaptar la estrategia de nuestros ingenieros a los neumáticos de lluvia.

Un turismo de cuevas –y más con la riqueza que tenemos-, donde visitar cada una de las cuevas de la región sea una experiencia inolvidable. Un turismo rural, donde buscar interactuar con la naturaleza y visitar bosques, ríos, montes y hacer rutas de senderismo. Un turismo cultural donde se ofrezca un catálogo de museos, exposiciones, muestras, encuentros, conferencias y conciertos. Aunque para eso tenemos que pensar algo más en los jóvenes y adultos-jóvenes que en los mayores. Y por supuesto, un turismo gastronómico donde se potencien los productos locales y las recetas tradicionales. A grandes rasgos, que los ingenieros no se empeñen en salir siempre con las mismas ruedas, pase lo que pase.

Una decisión que sirve para que no compitamos al 100% de nuestro rendimiento en la única competición en que lo hacemos. Y por supuesto, no debemos olvidar que competir solo ahí está haciendo que todo lo que no sean mecánicos, pilotos, ingenieros automovilísticos y peones explotados los expulsemos de la región. Mucho talento que no vale para ninguno de los puestos de un equipo de Fórmula 1 y que se tiene que ir a otros sitios para poder vivir. Así es Cantabria, solo nos quedamos con una parte pequeña del talento –el resto no nos interesan- para encima ir siempre con la misma estrategia de equipo algo que puede llevar al fracaso más estrepitoso y no volver a progresar nunca más.

Para el verano que comienza en dos meses ya no podemos hacer nada, pero ya deberíamos planificar la alternativa para 2019.

La otra alternativa
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