Miércoles 15.08.2018

PP-PSOE: Fecunda complicidad

En todos esos terrenos ya hay resultados contantes y sonantes, gracias a una complicidad PP-PSOE no asimilable a gobierno de coalición, como algunos malintencionados tratan de sugerir. Pero sí se parece a un retorno del bipartidismo.

Como principal partido de la oposición el PSOE va consiguiendo mediante el diálogo lo que no logró conseguir frente a la mayoría absoluta del Gobierno Rajoy en su anterior reinado (2011-2015). Es la lógica de una complicidad necesaria e impuesta por la nueva matemática de las urnas y los problemas de apremiante solución que nos aquejan.

Desde los pactos de Estado para la estabilidad presupuestaria (mandato constitucional), la educación, la justicia y contra la violencia de género, por ejemplo, hasta decisiones de fuerte impacto popular, como la subida del salario mínimo y la pronta supresión de indultos para los políticos corruptos.

En todos esos terrenos ya hay resultados contantes y sonantes, gracias a una complicidad PP-PSOE no asimilable a gobierno de coalición, como algunos malintencionados tratan de sugerir. Pero sí se parece a un retorno del bipartidismo. Fecundo retorno, en mi opinión, basado en la voluntad socialista de ejercer una oposición "útil" y del Gobierno Rajoy por otorgarle ese estatus en nombre del bien común.

Vista así, la vuelta al bipartidismo tiene un primer perjudicado en Ciudadanos

Vista así, la vuelta al bipartidismo tiene un primer perjudicado en Ciudadanos. Aunque le llegue el efecto arrastre, por su pacto bilateral con el Gobierno del PP (las 150 medidas), se siente desplazado. O celoso de que, aún siendo socio "preferente" de Moncloa, las medallas se las esté poniendo el PSOE.

Sin embargo, es evidente que la gran víctima de la complicidad bipartidista es Podemos. Queda fuera de juego. En realidad, por autoexclusión, al centrar su actuación pública en la política de gestos. Eso le aleja de las instituciones y le acerca a las artes escénicas, de las que Pablo Manuel es un virtuoso.

Todo ello abona la siguiente descripción del momento político nacional en sus trazos gruesos. Uno, el Gobierno del PP reconoce al PSOE cono la real alternativa de poder. Dos, el PSOE recobra protagonismo y se mete de nuevo en el partido. Tres, Bruselas aplaude con las orejas este inesperado oasis de estabilidad en la convulsa Unión Europea. Y cuatro, Podemos se instala en el gallinero de la política.

De ahí se desprende también un nuevo sesgo en la disputa por el espacio de la izquierda. Mientras el PSOE gana visibilidad y puede vender eficacia en logros beneficiosos para los españoles, sus competidores de Podemos se pierden montando espectáculos de luz y sonido que se agotan en si mismos.

Ahora en manos de una dirección provisional, el PSOE viene obligado a practicar un difícil equilibrio. Por un lado, es verdad que conviene a su condición de partido de Estado hacer oposición útil y alinearse con el Gobierno del PP en temas de Estado. Sí, pero sin sumisión ni apariencia de sumisión. Por otro lado, ha de competir con Podemos en el apadrinamiento de las capas sociales más desfavorecidas. Sí, pero sin populismo.

PP-PSOE: Fecunda complicidad
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