domingo 17.11.2019

"Soft Campaign"

A la vista de lo que hemos podido observar en estas semanas de precampaña, pareciera que, efectivamente, vamos hacia una campaña de baja intensidad en nuestra comunidad; donde los partidos y candidatos locales parecen fiar todo al quehacer de los partidos y sus líderes a nivel nacional.

Hace una semana tuvo lugar la apertura de la campaña electoral, la oficial, para las elecciones del próximo domingo 10 de noviembre. En Cantabria, asistimos a un inicio más propio de una campaña de baja intensidad. Campañas en las que habitualmente las tendencias están tan consolidadas y el resultado parece tan seguro, que es asumido de una u otra forma por quienes participan en ellas. Incluso por amplios sectores del electorado. Por eso, quienes plantean este tipo de campañas tratan de minimizar los riesgos que puedan mermar sus expectativas finales. De ahí, la baja intensidad.

A la vista de lo que hemos podido observar en estas semanas de precampaña, pareciera que, efectivamente, vamos hacia una campaña de baja intensidad en nuestra comunidad; donde los partidos y candidatos locales parecen fiar todo al quehacer de los partidos y sus líderes a nivel nacional.

Dirigirse a los sectores de su electorado más fieles, a los ya convencidos, para al menos mantener el resultado y esperar a que las tendencias nacionales hagan el resto. Da la sensación de que el objetivo es molestar cuanto menos al ciudadano; en lugar de canalizar su enfado y frustración, sin olvidarse de la autocrítica, hacia las urnas convirtiéndose en su opción natural de voto.
 
Según los datos del CIS conocidos este pasado martes, relativos a la muestra de Cantabria, el 82% de los entrevistados calificaba como mala o muy mala la situación política en España. Pero además, la macroencuesta registraba una de las intenciones de ir a votar más bajas en mucho tiempo, con tan solo el 62% afirmando que irán con total seguridad. Para quienes afirmaron rotundamente que no acudirán al colegio electoral, el hartazgo, el desacuerdo con la repetición electoral y la falta de convencimiento por parte de los líderes son los principales argumentos. Un panorama no demasiado esperanzador para las sedes de los partidos.

Noviembre no es abril. Y algunos candidatos y partidos están haciendo lo mismo en un contexto diferente

Por eso sorprende la ausencia de estrategias y acciones de campaña más arriesgadas, en las que el centro sea el ciudadano, prestando atención al enfado que manifiesta en casi todos los sondeos electorales, y el objetivo sea motivarlo para que acuda a las urnas. Noviembre no es abril. Y algunos candidatos y partidos están haciendo lo mismo en un contexto diferente.

Actos y propuestas para la foto, mensajes generales repletos de lugares comunes, repetición de argumentarios, etc. Esta vez no va solo de propuestas, las cuales conocemos más o menos el común de los electores después de estos interminables meses de campaña electoral. Sabemos qué pretende hacer cada uno y con quién, salvo algún claroscuro interesado para mantenerse en una ambigüedad que le permita pescar en calderos diversos.

Ante la inestabilidad política y la volatilidad de la situación, cualquier estrategia conlleva riesgos, por supuesto. Pero no sé si la mejor es continuar la línea de abril, como si fuera la primera convocatoria, y hacer campaña como si nada hubiera sido su responsabilidad; aumentando la sensación y la percepción entre los votantes de que los políticos "siguen a lo suyo".

En esta campaña, existía, y creo que aún existe, una gran oportunidad: plantear un discurso dirigido a empatizar con el ciudadano de a pie al que reclaman que vuelva a acudir a las urnas y convencerlo, a pesar de los errores y desacuerdos entre los líderes políticos, de que expresar su veredicto sobre la situación política mediante su voto es la mejor opción.
 
En definitiva, utilizar la campaña electoral para proporcionarle al elector una respuesta clara a una doble pregunta: ¿por qué tengo que volver a la urna y por qué tengo que votarte a ti?
 

"Soft Campaign"
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