miércoles 24.07.2019

No sé por dónde empezar

Me siento más cómoda escribiendo sobre la maravillosa vida de la que disfrutamos, de la esperanza de vida que hemos conseguido, de lo estupendas que estamos las mujeres de mi edad, de los viajes y libros que leemos. Sin embargo, no dejo de pensar en el tiempo que nos van a permitir esta forma de vida.

Después de leer la prensa, ver un telediario o entrar en las redes sociales, las alertas nos golpean en tropel, sin embargo estamos atrapados e inmóviles, sin saber por dónde empezar a desarmar el desaguisado de sociedad que nos han y nos hemos montado.

Violaciones entre menores de edad, pobreza infantil, abusos de niños y ancianos, mujeres asesinadas o desaparecidas, parados, robos masivos de dinero público, comedores miserables, residencias que más parecen moritorios con precios de hoteles de tres estrellas. Sin embargo, aún se puede ampliar con algo más grave, los políticos nos crean problemas en vez de resolverlos, con banderas y territorios, con historias contadas con la verdad de cada cual, mientras el presente y el futuro están en manos más espabiladas y nuestros recursos en manos privadas.

Inserto en mi argumento una cita de Aldous Huxley en el prólogo de su famosa obra "Un mundo feliz" (1932):

En la medida en que la libertad política y económica disminuyen, la libertad sexual tiende a aumentar. Y el tirano hará bien en alentar esa libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre, que es su destino.

Nos asustan sus palabras. Hoy añadimos 'redes sociales', mesas redondas, y tenemos el perfecto cóctel para que nuestras cabezas tengan tanta y tan variada información, y no sepamos cómo gestionar o evitar tantos despropósitos a un tiempo.

Los políticos nos crean problemas en vez de resolverlos, con banderas y territorios, con historias contadas con la verdad de cada cual

Y aquí nos encontramos, sin saber por qué guerra manifestarse, por qué refugiados, por qué hambruna y por quién hay que llorar primero o a qué imbéciles hay que mandar a paseo o a la cárcel.

La verdad, me siento más cómoda escribiendo sobre la maravillosa vida de la que disfrutamos, de la esperanza de vida que hemos conseguido, de lo estupendas que estamos las mujeres de mi edad, de los viajes y libros que leemos. Y seguro que es cierto si nos comparamos con los países en guerra y con regímenes dictatoriales. Sin embargo, no dejo de pensar en el tiempo que nos van a permitir esta forma de vida, cómo nos van a dejar acabar y en que, descrito lo anterior, no es oro todo lo que reluce.

El darwinismo social y el pesimismo realista se imponen con crudeza. Entonces, ¿no va a quedar espacio ni tiempo para la solidaridad, el respeto, el arte, la amistad, el amor y la relajación espiritual?

No sé por dónde empezar
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