lunes 1/3/21

Me cago en el contrato

Nada parece tener un coste en esta España de castañuela que se apresta a celebrar la Navidad y el Año Nuevo con polvorones rancios y cava sin gas. ¡No pasa nada! Celebren, gocen, forniquen: van a subir el salario mínimo a un nivel irrisorio.

Corría el 95, del siglo pasado, cuando el Coco Basile le espetó a Gil: “Me cago en el contrato”. Nadie antes había arrostrado con tanta determinación al ‘amo’ del Calderón. El rifirrafe acabó mal, con el papel enciscado y el Tren Valencia rematando fuera lo que iba dentro. Cosas del fútbol que don Jesús nunca acabó de entender y que Di Stéfano plasmó muy bien en sus comentarios a pie de campo: “¿Qué le pido a un portero?, que detenga lo parable y, sobre todo, que no meta dentro lo que va fuera”, razonaba La Saeta.

En el fútbol cuando se monta, se monta. Y el retrato suele ser la conclusión última de muchas situaciones. “¡Retratado!”, que diría Pedrerol, es una moneda de curso común en el deporte, tanto por lo que se dice y luego no aparece por ningún lado, como por los resultados. El esférico, la raqueta, la jabalina o la espada nunca perdonan. Mucho menos el público.

La palabra, no hace tanto tiempo, siempre fue de obligado cumplimiento

La palabra, no hace tanto tiempo, siempre fue de obligado cumplimiento. Era un contrato. No hacía falta ninguna firma. Las manos bien apretadas ni les cuento. Transgredir esos códigos siempre trajo malas consecuencias. En la vida pocas cosas se escapan a esas líneas maestras de comportamiento. Una de ellas, oh! casualidad, sigue siendo la política. Tan elíptica en sus modos y maneras, tan cíclica, tan pírrica. Tan poco mítica.

Se han cagado en el contrato. Estos gobernantes, aquéllos y los que estén por venir se acabarán ciscando en mitad de la palabra. Una buena cagada entre los labios. Es casi empírico: prometer hasta meter. Y si te he visto no me acuerdo. El perfume que comprometieron acabó en estiércol, pero no sirve ni para abonar.

Ahora que va a empezar el año 17, lejos de aquel 95 del –este sí– mítico Basile, ¿cuántas veces se ha cagado en el contrato la ristra de políticos que le prometieron a usted la gloria y después le reportaron un yunque como pan tierno del día? Nada parece tener un coste en esta España de castañuela que se apresta a celebrar la Navidad y el Año Nuevo con polvorones rancios y cava sin gas. ¡No pasa nada! Celebren, gocen, forniquen: van a subir el salario mínimo a un nivel irrisorio. Pero lo van a subir, oiga.

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