viernes 10.07.2020

Malditos Van Halen

Mariano tiene su mérito: ha sido el único que ha ganado contra el fatídico trío de imposibilidades. Ganó sin moverse, sin fruncir el ceño, sin dibujar ni siquiera un surco más en su faz dañada por el sufrimiento de los recortes, las imposiciones de Bruselas y los latigazos de sus rivales a izquierda y derecha.

En el año 11 Mariano (mucha flor y poco grano) prometió un mundo de color y fantasía, con un programa electoral tan pegadizo como las canciones de los 60 y una banda sonora a ritmo de bajadas de impuestos y mucho empleo. Lo primero lo recordó muy al final y de lo segundo, trampa tras trampa. Rebajar la carga impositiva después de haberla subido sin clemencia no es bajar nada. Y la llegada del empleo precario, eventual y por la comida sólo llevará más pronto que tarde al crack del statu quo como lo hemos conocido hasta ahora.

En el año 15 Mariano se examinó en las urnas y recibió una colleja electoral. Después plantó al Rey y se encomendó a la política de la estatua. Cuando todo el mundo pensaba que los rivales acabarían clavándole al PP un gol por la escuadra de los que hacen época, el guardameta de la gaviota blocó todos los efectos del 26J (ya en el año 16) y ganó el partido en la tanda de penales. Unos dicen que beneficiado por el Brexit, otros por el mal lanzamiento de Sánchez y los de más allá señalan a coleta morada, que dispuso de oportunidades para imponerse en la prórroga y dejó transcurrir el tiempo confiado en batir de largo a ‘gaviota negra’ desde la luna de cal. 

Craso error: la grada no apoyó a ‘Podemos Reunidos Geyper’ en desacuerdo con los fichajes de última hora y el estilo de juego. Mucha sonrisa y poca campaña. Demasiada soberbia con los enemigos del espacio natural –el PSOE–, hasta el punto de tratarlos como filiales, y alguna metedura de pata irrevocable estancaron a los sonrientes, mientras Mariano cambiaba la mueca por la carcajada y comparecía en el balcón de Génova como popular con zapatos nuevos. Se le vino tanto a la cabeza que realmente no supo qué decir. Le hubiese gustado repartir leña a los enemigos en la misma medida que mojar la pólvora del fuego amigo. Pero calló y minutos después pronunció la frase mágica: “Hemos ganado las elecciones”, mientras daba unos saltitos en respuesta a la arenga de sus seguidores y un piquito prolongado a Viri, su esposa.

Cuando todo el mundo pensaba que los rivales acabarían clavándole al PP un gol por la escuadra de los que hacen época, el guardameta de la gaviota blocó todos los efectos del 26J

Mariano tiene su mérito: ha sido el único que ha ganado contra el fatídico trío de imposibilidades. La gestión indigesta (en la picota por casi todo el mundo, y además nublada hasta el azabache por los casos de corrupción en el partido), el azote de una oposición amplia y amplificada, y la contestación de una parte de las figuras de la gaviota, que aguardaban un descalabro para subirse a lomos del caballo de Aznar.

Pero Mariano ganó sin moverse, sin fruncir el ceño, sin dibujar ni siquiera un surco más en su faz dañada por el sufrimiento de los recortes, las imposiciones de Bruselas y los latigazos de sus rivales a izquierda y derecha. Pueden tirar las penas máximas que quieran, vino a decir el líder del PP, porque serán interceptadas una tras otra con los brazos extensibles del inmovilismo. Mucha gente debió entender –por lo menos hasta 137 escaños– que es mejor fichar al portero sobrio que despeja bajo el arco todo lo que llega antes que confiar en las palomitas moradas, las cantadas rojas o el ‘naranjismo’ bisoño. El azul está de moda este verano, contra todo lo que dijeron y pronosticaron las más deslumbrantes empresas encuestadoras. Ridículo de primera división.

Si Mariano sale investido presidente hará una declaración muy seria: no embestirá esta vez a la gente menos embestible. Aunque eso ya lo dijera en el año 11 y después, mes tras mes; año tras año, todo fuese radicalmente distinto. Quizá vuelva a prometer un mundo feliz o rebajar en un tanto por ciento aceptable el grado de infelicidad. Puede que esta vez pretenda meternos en un spot de Van Halen, con luces, colorines, playas y canciones pegadizas. Y entonces, ya dentro del CD del PP, no es descartable que te suceda de nuevo lo que a Ashton Kutcher en ‘American Playboy’ tras sus penurias en las laderas de Hollywood: “Creí que todos los días serían como un vídeo de Van Halen. Malditos Van Halen”. ¿Jump hacia atrás? Sólo el paso del tiempo tiene el mando que corre las cortinas que dan paso a la verdadera realidad.

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