Sábado 15.12.2018

Pequeños grandes no políticos

La decencia, esa cualidad que han de llevar implícita quienes tienen que tomar decisiones que afectan a la comunidad, desgraciadamente se ha ido deshilachando y tenemos que recuperarla aunque pueda parecer utópico.

Llevamos varias semanas siendo tristes espectadores del espectáculo bochornoso en el que las grabaciones del excomisario Villarejo son el vehículo y una serie de nombres vinculados a la política y a los negocios protagonizan la trama; resuena ya muy lejos el concepto: “el arte” de la política. El filósofo Emilio Lledó, quien recientemente cumplió 91 años, defiende que la decencia es esencial en política; a la escala que sea lo decente ha de ser la esencia en la toma de decisiones de nuestros y nuestras dirigentes. Recordemos la definición de esencia: Conjunto de características permanentes e invariables que determinan a un ser o una cosa y sin las cuales no sería lo que es. Nunca un pensamiento así de nítido ha tomado tanta relevancia actualmente, tanto en el contexto global como en el ámbito local. La decencia, esa cualidad que han de llevar implícita quienes tienen que tomar decisiones que afectan a la comunidad, desgraciadamente se ha ido deshilachando y tenemos que recuperarla aunque pueda parecer utópico.

Cientos y cientos de individuos que militamos en movimientos de carácter político nos movemos con la motivación del servicio público, la decencia y el altruismo

El político, la persona, el servidor público, el convecino. Estos conceptos, enlazados con los términos decencia, empatía, honradez, colaboración, esfuerzo, o trabajo aplicados a la dedicación de nuestro tiempo y esfuerzo personal en favor de quienes nos rodean con la premisa de mejorar las condiciones de vida a nuestro alrededor y huir de la injusticia, el protagonismo o la codicia hicieron que, en un momento determinado yo, al igual que otros y otras muchas, tomáramos la decisión de participar activamente en la toma de decisiones, en mi caso concreto a nivel municipal.

Hace unos días se celebró, convocada por una plataforma vecinal, una reunión informativa en la pedanía donde resido acerca de un asunto candente. Por la relevancia del tema a tratar dicho colectivo, con muy buena voluntad, procedió a invitar a este encuentro a representantes tanto de partidos con representación en el consistorio como de formaciones políticas que aún no estamos presentes en esa institución. Lo llamativo es cómo de diferente entendemos la ciudadanía la naturaleza de la actividad política. Mientras que la mesa que presidía el encuentro nos interpelaba con frases parecidas a: “Vosotros, los políticos no podéis desentenderos de nuestros problemas, tenéis que hacernos caso y tratar de darnos soluciones”, le intenté hacer ver a la vecina que encabezaba ésta que, en mi caso y en el de un gran número de personas, ni somos políticos, ni es nuestra profesión, ni es a perpetuidad. Le quise explicar que, al igual que ella con toda la ilusión del mundo encabeza durante un tiempo una agrupación cuyo único anhelo es echar una mano de manera desinteresada, así los cientos y cientos de individuos que militamos en movimientos de carácter político nos movemos, en términos generales, con la misma motivación, es decir el servicio público, la decencia y el altruismo, tratando de procurar el bien general aun a costa del propio en algunos casos. Por ello rompo una lanza en favor de todos esos pequeños grandes no políticos.

Pequeños grandes no políticos
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