viernes 28.02.2020

Un acuerdo final que no puede catalogarse ni tan siquiera de "bajo mínimos", y que nacerá muerto en 2020

El interés del planeta superior a cualquier otro, no puede estar basado en aspiraciones, y la COP 25 deberá responder de las razones de esta nueva victoria del "Establishment" del petróleo
      

Unos principios dialécticos “vacíos”, ausentes de compromisos reales y qué sólo han servido, dicho de forma vulgar, “para vestir a un muñeco”, ya de por sí andrajoso como casi han convertido al Planeta.

El término o pretensión acordada por las partes: “ser más ambicioso”, ya utilizado en la Rueda de Prensa de ayer sábado por uno de los convocantes, (se encuentra grabado en TV) – (“llamada general a la ambición”), debía estar ya precocinado, teniendo en política, variadas acepciones, ¡no faltaba más!, y en diccionario, puede referirse perfectamente a “disponer de una inclinación”; “fijarnos metas”, es decir, pueden entronarse en términos ambiguos llegado el momento.

Cuando en una de nuestras primeras crónicas afirmábamos ¡algo está sucediendo! en la Conferencia del Clima, reforzaba tal afirmación, la de ¡nos falta información veraz¡, pretendiendo ante todo ser prudentes y comprensivos acerca de que siempre existen y existirán aspectos importantes, en algunos momentos en este tipo de Cumbres, que deben retrasar su trascendencia al conocimiento público.

No estuvimos interesados, ni lo estamos, en las posibles desavenencias surgidas en protagonismos de los dirigentes; tampoco en reivindicaciones mediáticas, estatales o que provengan de otras partes del mundo. 

Pero ha llegado la hora, de que expresemos nuestro desacuerdo con la política informativa desarrollada por la CUP-25 durante estas dos semanas.

Tampoco vamos a averiguar las razones del abandono de hasta un tercio de los participantes con anticipación al Acuerdo final.

No soy activista, pero cuando el Planeta puede llegar a depender de actuaciones unilaterales, procedentes de partes causantes, los afectados deberían conocer de raíz las divergencias que les afectan desde el origen y no a través de filtraciones interesadas de carácter oficialista, que pudieran tergiversar su transparencia. 

O sea, la pretensión residía en un conocimiento transparente, “sin maquillajes”, y sin opacidad, por lo que no podemos encontrarnos de acuerdo en cómo ha desarrollado la labor informativa de COP 25. 

Si hemos escuchado a científicos y expertos, exponer consideraciones y conclusiones, apoyadas en datos empíricos, existe el derecho de los eventualmente afectados, a conocer los argumentos de la parte causante a efectos de una mejor subsistencia futura, dado que el eventual peligro al que podrían enfrentarse, justifica más que de sobra disponer de información de todo tipo.

Para colmo, hay que escuchar prejuzgar a la Presidencia Chilena, qué se trata de un buen documento firmado, ¿para quién?  
 

Un acuerdo final que no puede catalogarse ni tan siquiera de "bajo mínimos", y que...
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