lunes 14.10.2019

Juancarlistas, felipistas, letizistas y ¿leonoristas?

Es un juego de tronos mucho más verídico que el de la hiperexitosa serie del canal HBO. Y mucho menos cruento. Hasta ahora.

La vida pública retiró el pasado 2 de junio al rey emérito Juan Carlos I. Aunque la versión oficial señalase que era el monarca quien se retiraba de la vida pública. Y el 19 de junio el rey Felipe VI (hay dos reyes como pueden comprobar) cumplió un primer lustro lleno de lustre.

Analistas dignos de mejores causas llevan lustros asegurando que España es una monarquía sin monárquicos. Quizás se refieran a que esta nación de pugnaces nacionalidades conoció la legión de juancarlistas y conoce ahora el multitudinario club de fans de su hijo Felipe. 

La pregunta no apta para concursos de Arturo Valls es si en el futuro habrá leonoristas. De Leonor, esa princesa rubicunda y pizpireta que podría ser reina del Reino de España cuando Felipe muera o abdique. Los monárquicos que antes leían el ABC para autoafirmarse y ahora releen a Jaime Peñafiel para purgarse, sería un honor idolatrar a Leonor.

Lo que no abunda es la especie de los letizistas, quien sabe si porque esta reina no se deja querer o porque le puede su orgullo femenino singular de periodista venida a más. El año pasado se puso muy en duda que hubiese cursado el imprescindible Máster de Nuera por el desplante que le hizo en la catedral de Palma a la reina Sofía (hay dos reinas como pueden comprobar). Su sonrisa es más heladora que una madrugada de enero en Fuente De.

Lo que no abunda es la especie de los letizistas, quien sabe si porque esta reina no se deja querer o porque le puede su orgullo femenino singular de periodista venida a más.

Letizia se ha vinculado últimamente a la causa de las enfermedades raras. No es raro. Necesita popularidad y que la jaleen por fin sin necesidad de meterse en más jaleos. Y seguro que aspira a la eterna juventud de su homóloga británica, Isabel II, en cuyo menudo esqueleto nonagenario se detuvo para siempre el tiempo hace mucho tiempo.

Así están pinados los bolos en la institución que reina pero no gobierna. Ser Borbón no es ya ningún bombón. Están sujetos a la marea política de la izquierda que pide un referéndum sobre la monarquía. Y también  al naufragio de la familia política: un yerno de 1,97 encarcelado entre mujeres en Ávila. Urdangarín ahora cuida tomates y antes descuidaba hábilmente los dineros públicos.

Es un juego de tronos mucho más verídico que el de la hiperexitosa serie del canal HBO. Y mucho menos cruento. Hasta ahora.

 

Juancarlistas, felipistas, letizistas y ¿leonoristas?