domingo 22.09.2019

Sacarnos los colores

Al delicioso espectáculo cromático del otoño se unen espontáneamente el amarillo y el violeta. Dos sacudidas visuales que opacan el maravilloso ocre de los bosques.

Chalecos amarillos que tricotan a sangre y fuego el París más castizo. Lazos amarillos que distinguen solapas con mensaje solidario para los presos de Cataluña. El amarillo actuando como ámbar en el semáforo contínuo del conflicto social. Un color primario que adquiere una dudosa primacía.

Un ámbar que no funcionó en el cruel asesinato de la profesora Laura Luelmo. Su matarife cruzó en rojo la estrecha calle Córdoba que le separaba de su inocente víctima. El crimen ha provocado una nueva floración masiva del lazo violeta contra esa violencia tan mal llamada de género porque solo atañe al masculino. Un color secundario extraordinariamente secundado.

Al delicioso espectáculo cromático del otoño se unen espontáneamente el amarillo y el violeta. Dos sacudidas visuales que opacan el maravilloso ocre de los bosques. Dos aldabonazos en la conciencia dormida, casi narcotizada, de una opinión pública conectada 24 horas al día al respirador asistido de las incoloras Redes Sociales.

El crimen ha provocado una nueva floración masiva del lazo violeta contra esa violencia tan mal llamada de género porque solo atañe al masculino

Pero faltan un par de tonos. Uno que describa, sin sacarnos demasiado los colores, la vergüenza de que le robasen la cartera al joven marroquí Mohamed K. mientras trepaba para salvar a una mujer africana de Zaragoza de la agresión de su pareja. Ocurrió la semana pasada y los medios de comunicación solo lo reflejaron de pasada. Propongo otro color primario, el rojo, tonalidad sonrojante si la hubiera.

Y necesitamos un segundo hallazgo, quizás el color imposible del dinero, para rellenar una historia propia del cine en blanco y negro. Nadie se explica como el cocinero malagueño Dani García renuncia a sus tres estrellas Michelín para montar una hamburguesería. Acaso deslumbrado por el éxito. Turbado tal vez por el brillo de sus propias estrellas. Propongo el verde esperanza de recuperarlo, otro color secundario para quien decide pasar voluntariamente a un segundo plano.

Sobre lo que no cabe duda es acerca del blanco del Real Madrid. Ni siquiera su séptimo mundialito, tan predecible como el anticiclón de las Azores, coloreará un inicio de temporada con juego en blanco. Muy coherente el equipo de ese segundo Valdano en elocuencia llamado “Indiecito” Solari. Sus ruedas de prensa arrojan sonoras “indioteces” disfrazadas de vulgares apelaciones a los atributos de su muchachada.

Los blancos harán palidecer a un equipo árabe llamado Al Ain y cuyo color es el violeta. No confundir con el lila. Feliz 2019.

Sacarnos los colores
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