Miércoles 21.11.2018

Balada para los poetas andaluces de hoy

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?

¿Qué miran los poetas andaluces de ahora?

¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?

 

Cantan con voz de hombre, ¿pero dónde los hombres?

Con ojos de hombre miran, ¿pero dónde los hombres?

Con pecho de hombre sienten, ¿pero dónde los hombres?

 

Cantan, y cuando cantan parece que están solos.

Miran, y cuando miran parece que están solos.

Sienten, y cuando sienten parece que están solos.

 

¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie?

¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie?

¿Que en los mares y campos andaluces no hay nadie?

 

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?

¿Quién mire al corazón sin muros del poeta?

¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?

 

         Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.

         Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.

         Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

 

   No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo

encerrado. Su canto asciende a más profundo

cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Rafael Alberti, en Ora marítima (1953).

 

Rafael Alberti, gaditano de El Puerto de Santa María -España- y genuino representante de la Generación del 27, nos deja este triste pero sugerente poema. Acabada la Guerra Civil en España, ha de exiliarse, junto con su compañera, y también escritora, María Teresa León. Añora su terruño, y el oficio de poeta, preguntándose si sigue habiendo poetas, y, si los hay, qué revelan, qué evidencian, qué interpretan. Es un canto desgarrador.

Sabe bien que unos han sido encarcelados y están muertos -Miguel Hernández-; otros, exiliados -José Bergamín, Luis Cernuda, Pedro Garfias- o asesinados -Federico García Lorca-, y otros fedatarios del horror de la guerra, como el caso no menos desgarrador de Manuel Altolaguirre: su hermano Luis y su amigo poeta -José María Hinojosa-, y también su hermano Federico, en este caso fusilados por los republicanos, lo que le llevó al síncope anímico con el grave desequilibrio personal de alguien que precisamente perteneció a la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Difícil era escuchar a los poetas. Se les seguía y se les sentía fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, en el 70, se le contesta. El grupo Aguaviva canta el poema, cuya melodía compone el inimitable asturiano Manolo Díaz, siendo ese tema éxito de ventas en Países Bajos, España e Italia entre las décadas de los 60' y 70':

Porque más allá de otras funciones que haya podido tener en el tiempo la poesía, más aún en los momentos difíciles que sucedieron a nuestra guerra civil, yo suscribo algunas de las palabras del escritor alemán Heinrich Böll en las prolijas conversaciones que sostuvo con René Wintzen en 1978, seis años después de haber obtenido el Premio Nobel y refiriéndose a la escritura en general: ”(…) El punto de partida no es el presunto “compromiso”, sino el lenguaje, y con este se somete a examen el Estado y la sociedad. […] no creo que la agresividad sea lo primero en la marcha del escritor; lo que cuenta ante todo para él es el lenguaje y el deseo de exponer una cuestión determinada”. La poesía no debe estar sujeta a opción política o doctrina alguna. Y para terminar con este escritor, las siguientes palabras dejan claro las reglas literarias y, en nuestro caso, de la poesía:

… todos los escritores, cualesquiera que sean los catecismos -comunista, católico, protestante o ateo- que les hayan propuesto (…), están inconsolables ante el estado del universo, de la humanidad, independientemente del sistema político en que vivan; inconsolables ante los limitadores sistemas del orden, ante el desprecio a los problemas que nunca se podrán resolver por el derecho y la ley.

Heinrich Böll (1991). Prólogo. En Obras selectas de Premios Nobel Heinrich Böll 1972 (15ª ed.), (págs. I-VII). Barcelona: Planeta.

En fin, es una letra, la de Rafael Alberti, cuya garra reside en su lenguaje vital y riguroso y su base melódica, que arrollan todo nuestro entendimiento, capacidades y nuestro sentir. El escritor se duele del erial cultural en su querida comunidad andaluza -que hace extensivo al resto del país- y, al mismo tiempo, entiende que está bien empleado el trabajo, aun costoso, de mantenerse en la certeza del valor de la poesía, pese a que al poeta le angustien y le intenten apagar. Y por otra parte, como en los tiempos bíblicos de los profetas, la verdad no exporta y, además, implica displicencia e indiferencia, como si llevase encima el estigma de la insustancialidad en la sociedad. Habrá que saber esperar, por ello, a que el cantar de los poetas sea “de todos los hombres” y a que la arenga de Rafael Alberti a los poetas que quedan para que canten, miren y latan alto sea una realidad. La poesía no es campo solo de los poetas.

Rafael Alberti, El Puerto de Santa María, 1902 - 1999.

Rafael Alberti, El Puerto de Santa María, 1902 - 1999

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