lunes 10/8/20

Cataluña II

Cuando son muchas las naciones que marchan amontonando industria y más industria, no habiendo más que este planeta para desembocarla, sucederá que tales intereses industriales, levantados hasta constituirse en clase directora de la sociedad, empujarán a esta con sus intereses de clase y de protección a competencias armadas.

“La organización industrial de los pueblos es la superior organización social conocida hasta el día; esta organización social supone el summum de inteligencia, puesto que la industria es la ciencia aplicada a las necesidades del hombre; todos los fundamentos de la industria son científicos, su desarrollo es científico y científica es su evolución entera; cada nueva ley que descubre la ciencia, allá va la industria codiciosa a apoderarse de ella y a aplicarla primero en beneficio suyo, y después en provecho de la colectividad humana; todas las ciencias, así físicas, como naturales, como matemáticas, entran en la intrincada confección industrial; los pueblos más científicos son los más industriales, y éstos son los más poderosos, los más fuertes, los dominadores, y se comprende, porque el hecho de ser industrial y científico, supone inteligencia superior que pone a su servicio la misma industria encargada de fabricar la fuerza, uniendo en una sola entidad, inteligencia y fuerza, que es lo que tiene dispuesto Dios para gobernar el mundo".

(Enrique Diego-Madrazo: ¿El pueblo español ha muerto?, 1903, 207)

Seguimos haciendo un repaso de este libro del eminente pasiego cántabro Enrique Diego-Madrazo y Azcona, motivado tan solo por el pesimismo que inundaba a nuestro país después del Desastre del 98. Son palabras sabias y conocedoras del problema en que nos metieron nuestros gobernantes, y de las soluciones que ellos no podían ver. En Vega de Pas, y más lugares de Cantabria es habitual decir “lo callado está dicho”; así, permítanme que no diga por qué transcribo solo lo referente al pensamiento y al perfil de Cataluña que incidió y seccionó el ilustre pasiego: lo callado está dicho. Ahora, también podríamos pensar en la nefasta solución y retroceso de los pueblos y sus habitantes cuando los que han de entenderse, sentarse y dialogar distan no poco de hacerlo. Prosigue el célebre cirujano y pedagogo:

“La industria no sólo supone ciencia sino que también arte; los artículos que la fábrica entregue al hombre para subvenir á sus necesidades, además de contar con la esencial condicional de llenar su objeto fundamental, deben cumplir tal fin material dando satisfacción al espíritu por el modo en que lo cumple, y aquél tiende constantemente a preferir lo más bello, aquello que por su forma, por su color o por mil detalles artísticos, atraiga nuestra atención y nos embelese en su contemplación; de modo que las artes con su belleza tienen un medio de cultivo natural y propio en los centros industriales. 

Dentro de la vida industrial de los pueblos se crea un ambiente de cultura superior al de los demás

Así como en la guerra se ponen a prueba el temple y el valor del hombre; en la competencia o guerra industrial se ponen a prueba el ingenio, la previsión y la labor del fabricante; y lo mismo que aquella guerra educa el valor, y le acrecenta [sic] con su experiencia y diario uso, así también dentro de las sociedades de más elevada organización industrial, se educan el amor y el hábito al trabajo, aumentándolos, y la previsión se afina, y cada día más sutil, ve venir los acontecimientos a más larga distancia. Quiere esto decir, que dentro de la vida industrial de los pueblos se crea un ambiente de cultura superior al de los demás; en donde el mecanismo social en que el hombre se mueve es más vivo y agitado, de mayor complicación, que ejerce más coacción sobre nuestras determinaciones, limitadas a todo momento por las determinaciones ajenas que se agitan con la prontitud de las propias, y cuyo campo de acción debe siempre dejarse libre y despejado. (...) la organización industrial está basada en la cooperación humana, en la cual cada uno nos distribuimos [sic] nuestra labor, dividiéndola entre unos y otros, y concurriendo a la mayor perfección y al mejor disfrute de su sabiduría.

Los pueblos industriales son siempre civilizadores, expansivos; producen y más producen con el fin de vender y obtener lucro, y como el mercado para sus propias exigencias interiores no les basta, buscan manera de ensancharle, y allá van sus cientos y miles de comisionistas, que con su mercancía llevan espíritu de enseñanza y de progreso, son, a la vez que mercaderes, apóstoles de la civilización; con la mercancía que da más acomodo a la vida, va la cultura del pueblo que la produce, va descubriendo necesidades nuevas del hombre y cubriéndolas con sus productos industriales, y así va estimulando a las sociedades inferiores a la posesión de nuevos goces y a alentarlas en la consecución de medios y recursos con que poder disfrutarlos. Pero todo tiene sus límites, menos la ambición humana; y la industria, que es una elevación de la inteligencia y un modo de perfección del hombre, cuando se lleva a la exageración, cuando la codicia y el egoísmo nos ciegan, se repiten en la conducta de tal institución los mismos brutales hechos que las demás instituciones humanas produjeron en la historia. Las instituciones políticas han sido todas buenas en sus comienzos, y todas han obedecido a una necesidad histórica; pero al fin, el egoísmo, sacándolas de sus naturales límites, las desnaturalizó, y lo que fue creado para dar buen orden y justicia a las sociedades, se transformó en poder despótico y brutal para aprisionar a los gobernados, y dar rienda suelta los gobernantes a sus apetitos e inmoralidades. Lo mismo se ve ha sucedido con las instituciones religiosas, y de la misma manera estamos viendo aparecer el absolutismo industrial; pues lanza al hombre a luchas y guerras desde el momento en que la codicia de esta clase quiere imponer al mundo una norma de conducta en conformidad con los egoístas intereses de la misma. Así la industria que ha comenzado por cubrirle de las inclemencias atmosféricas por alimentarle, cada día mejor, por ampararle de un sinnúmero de injurias, por hacerle gozar deleites conformes con la moralidad y el bien sentir, que en su movimiento expansivo llevó a todos los pueblos de inferior cultura la predicación de la suya superior, que estableció lazos humanos entre países y pueblos que, al no conocerse, mal podían prestarse su mutuo concurso, que abarata la vida y la hace más agradable, que ejerce una gran influencia niveladora y de fraternidad, esta industria, cuando se hace poderosa, cuando ha creado grandes intereses bajo su custodia, cuando llega a la opulencia, sálese de su esfera de acción, del terreno que la compete, y desviándose de aquel camino de libertad, que era el ambiente que la había creado y desenvuelto, dándose a la loca ambición y a su inagotable egoísmo, se impone primero en su casa para empuñar el poder, y desde él entregarse a la piratería violenta. Ya no quiere la libertad, ya no quiere convencer antes que vender, ya le tocó al egoísmo su turno de mando e imposición, lo que quiere es que le compren, a la fuerza, aunque no quieran; necesita dar salida a sus productos industriales y venderlos caros, y para lograrlo no se para en barras; allí están sus cañones, que fueron fundidos antes para ampararla dentro de la libertad contra los atropellos de otros concurrentes, para sostener esa libertad y la justicia, y ahora sirven para colonizar, para dar protectorados a otros pueblos de menos fortaleza y peor organización, y venderles su industria en beneficio de su peculio; y cuando son varias las potencias que, yendo más allá de donde debieron, ensancharon su producción industrial mucho más lejos de su límite racional, y en cuyas almas crece a la vez el grosero egoísmo, cuando son muchas las naciones que marchan amontonando industria y más industria, no habiendo más que este planeta para desembocarla, sucederá que tales intereses industriales, levantados hasta constituirse en clase directora de la sociedad, empujarán a esta con sus intereses de clase y de protección a competencias armadas, que sólo Dios sabe a dónde irán a parar, es decir, a dónde, sí, de antemano lo sabemos; la industria volverá a limitarse a lo justo y el egoísmo a la postre no triunfará, pero en tanto se llega a tal resultado, los quebrantos humanos han de ser grandes".
 

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