Lunes 20.08.2018

CAD Sierrallana

Pedir humildad y considerar a la ciudadanía como un igual en inteligencia al nuevo sindicalismo y la nueva política puede parecer una utopía pero lo que sí debemos exigir es la verdad. No hay privatización ni hay intención de privatizar.

Asisto atónita a cómo se puede manosear todo para el juego político más sucio. Porque no hay nada más sucio que usar a grandes dependientes para la reivindicación de problemas inexistentes, falsos.

A mí me cuesta cada vez más entender ese sindicalismo que crea un problema para asegurarse una medalla. Y aún me cuesta comprender qué tiene que ver la nueva política con ello. Tiene el mismos sentido que tendría la nieve negra. Antaño el reconocimiento se producía por los logros obtenidos, ahora se siembra el camino de minas para que, si al final algo queda en pie, el premio se lo lleva quien llega a la meta, sin importar los daños colaterales.

Es el caso del CAD de Sierrallana. No hay externalización ni privatización. Y ni siquiera hay intención de ello porque sólo se trata de un traslado temporal mientras se abordan obras de rehabilitación y la eliminación de una plaga de termitas.

La nueva política y el nuevo sindicalismo no precisan de una causa objetiva de fiscalización

Pero da igual, porque la nueva política y el nuevo sindicalismo no precisan de una causa objetiva de fiscalización y protesta cuando existe el infame juego de sembrar la duda de la nada para justificar una acción política cercana a la nada.

En el módulo 1 del CAD de Sierrallana hay una plaga de termitas y una necesidad enorme de hacer unas obras de rehabilitación que, entre otras cosas, elimine el hacinamiento de enfermos y mejoren sus condiciones higiénicas. Porque, en este momento, las habitaciones son triples y hay un baño para cada 15 pacientes lo que, tratándose de grandes dependientes es una auténtica barbaridad. 

Cualquiera que camine por la calle y se le cuente que el Gobierno de Cantabria quiere hacer una reforma que permita a estos enfermos tener habitaciones individuales, o dobles como mucho, y que además tengan baño, pensaría que entra dentro de que marca el sentido común y la responsabilidad de gestionar los fondos públicos favoreciendo las mejores condiciones para personas que, como las que residen en el CAD de Sierrallana, son grandes dependientes.

Y, sin embargo, la nueva política pide que, en vez de trasladar de forma temporal a estos enfermos a centros concertados donde puedan disponer de una digna calidad de vida y de los cuidados que necesitan, se les hacine en otros módulos del propio edificio.

¡Como si fueran muebles! ¡Como si fuera esto un almacén de Ikea! Eso sin entrar a valorar asertos tales como que el producto utilizado para acabar con las termitas no es nocivo.

Hacer de las cosas realmente importantes una suerte de frivolidad política en la que no importa echar mano de algo tan delicado es lamentable

Una asiste a todo este dislate con la esperanza de estar ante una broma -de muy mal gusto, eso sí- de cámara oculta. Porque, hacer de las cosas realmente importantes una suerte de frivolidad política en la que no importa echar mano de algo tan delicado como el factor emocional de las familias para envolver lo que es puro interés de titular mediático aún a costa de la verdad, es lamentable. Pero si se hace a costa de grandes dependientes es, sencillamente soez.

La nueva política no ha servido para establecer nuevas formas de relación con la ciudadanía, tampoco para mejorar sus condiciones de vida. La nueva política ha cambiado la lucha para conseguir el logro de derechos por conseguir asirse a esas pequeñas cuotas de poder a golpe de ocurrencia. 

Pedir humildad y considerar a la ciudadanía como un igual en inteligencia al nuevo sindicalismo y la nueva política puede parecer una utopía pero lo que sí debemos exigir es la verdad. No hay privatización ni hay intención de privatizar. Y los que se manifiestan sobre la base de una mentira deben explicar si tras sus movilizaciones está el intento de que algunos contratos de interinos no se acaben en este proceso de rehabilitación del pabellón 1 del CAD. Sería legítimo que pelearan por sus puestos de trabajo y, al menos, lo estarían haciendo con una honestidad que, hoy, está bajo mínimos. Porque no se puede usar algo que nos ha costado tanto como poner en marcha la Ley de Dependencia con tanta frivolidad. No se puede echar en tierra los meses y años en defensa de esta Ley y de sus usuarios porque para algunos no tengan límite la manipulación y el juego –trilero- político.

Parece que cada cierto tiempo conviene recordar que no hay partido político en este país que pueda dar lecciones al PSOE en la consecución de derechos sociales, de luchar por la igualdad y la justicia social. Incluido el CAD de Sierrallana.

CAD Sierrallana
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