jueves 29/10/20

Imagina el lugar de siempre jamás

Imagina que ni las laceraciones y las heridas de los monstruos del abandono son capaces de impedir que te adentres más allá de la leyenda conocida. O que, un día, tras días de recuerdos de una ruta que no se olvida, un día el camino se despeja para mostrarse en toda su inmensidad.

Imagina el lugar en el que siempre jamás puedes sentir que cada paso es mucho más que una bocanada de aire limpio, un espectáculo de vida ante tus ojos, un deleite para tus sentidos, una lección de historia magistral de respeto a la naturaleza, un diálogo entre hermanos creadores y los descendientes que sólo pueden sentir agradecimiento por su obra.

Imagina los puentes de Rucabao. Imagina Vega de Pas, esos ojos que se empeñan en encharcarse cuando echas de menos su paz, su respetuoso arrullo y su lecho de manto verde. Imagina que no tienes que imaginar, que una hermosa calleja te traslada de tu presente a todo lo que los sentidos son capaces de transmitir. Imagina que un día esos pastos no se abandonaron y que, esas cabañas que se empeñan en vencer la historia del abandono te permite reconciliarte con tantas cosas que casi acaban con la historia del trabajo de los pasiegos y las pasiegas que un día levantaron la historia que hoy se erige en leyenda.

Imagina que los sueños siguen siendo sueños, pero que la imaginación se convierte en realidad

Imagina que ni las laceraciones y las heridas de los monstruos del abandono son capaces de impedir que te adentres más allá de la leyenda conocida. O que, un día, tras días de recuerdos de una ruta que no se olvida, un día el camino se despeja para mostrarse en toda su inmensidad.

Imagina que los sueños siguen siendo sueños, pero que la imaginación se convierte en realidad y que Naturea Cantabria descubre con el mimo del respeto una parte de ese paisaje que siempre estuvo ahí para contarnos una historia que no debe ser interrumpida y que merecen conocer las generaciones venideras, porque son lecciones magistrales de la vida que germinaba y de una sociedad nómada que dejó un trozo de corazón en cada cabaña pasiega.

Hombres y mujeres que trabajan para mantener vivo el patrimonio material de la pasieguería, pero también el patrimonio inmaterial de un paisaje que no deja indiferente a nadie y que ha congregado en su seno a la fauna y flora que lo convierte en único. Árboles que recuperan su espacio en lo que un día fueron pastos, elevan sus copas en la eterna lucha por la supervivencia y que rocían por los poros de sus hojas el frescor en un sofocante día de verano.

Conocer es la mejor manera de respetar y sentirlo como propio

Y Emilio, que nos recuerda que la madera que un día lo fue todo, sigue erigiéndose como la dueña y señora del paisaje, sigue demostrando que la economía circular es tan vieja como la propia existencia de la madera y que, como dice el refrán, "del árbol caído, todos hacen su asiento" y, por ello, da cobijo a los ráspanos y todas aquellas plantas que insisten en permanecer en un paraje siempre amable por lo olvidado, por lo respetado y venerado.

Conocer es la mejor manera de respetar y sentirlo como propio. Por ello, Naturea, recuperando y devolviendo esos espacios protegidos a aquellos que un día escucharon hablar de ese lugar que sólo habitaba en la imaginación de las historias narradas, a los que un día fueron protagonistas de su creación, a las generaciones que mantienen un legado más vivo que nunca.

Son los Puentes de Rucabao, es Vega de Pas, son los Valles Pasiegos. Nunca tan Cantabria y nunca tan infinita.

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