jueves 25/2/21

El derecho a la ilusión de regresar a una vida normal

Bien: ya estamos en otro año. Es lógico que nos ilusionemos con recuperar muchas de las costumbres, especialmente de alterne, ocio y  cultura, congeladas en el año 20 del coronavirus. Lo que cabe al empezar este nuevo periodo es hacerlo con esperanza. Pero no olvidemos que tendremos que trabajarlo duramente, hasta hacer posible que lleguemos a pensar y, sobre todo, sentir, que hemos recobrado la normalidad en nuestras vidas.

En tantos meses de Covid-19, que no persiste de contagiar y matar, muchos han sido los sectores sociales y productivos que se ven perjudicados, bien por el parón de su actividad, como los hosteleros, bien por los cambios en ocio y cultura, que van desde acudir a bares y restaurantes, viajar, ir al cine, teatro, o asistir a un concierto. El tiempo dirá cuándo y cómo reanudaremos con total confianza hacer aquellas cosas que más nos gustan, y que hoy por hoy las prevenciones sanitarias nos dicen, a casi todo, que no se puede. El calvario que nos ha caído a todos, aunque pienso en los más jóvenes y lo que aún tienen por disfrutar, terminará porque asimilemos que 2020 no existió, dado que estuvimos más encerrados que en libertad.

No queda otra pues que tirar para adelante, creernos lo de mundo unido, y ver cómo derivan las vacunas y su capacidad para ir inmunizándonos del maldito coronavirus. Nos quedan muchas cosas por acometer, empezando por recomponer todo este desastre, e introducir cambios de calado como rediseñar el cuidado de nuestros mayores y su mayor seguridad, dentro de un estado de bienestar que creíamos infalible para ellos, aunque no era así. 

Ahora que tenemos una nueva e impopular Ley de Educación, no podemos dejar de darle vueltas a implicar a nuestros jóvenes en todo lo que hay a su alrededor, inculcándoles sobre todo que el planeta y sus habitantes es lo mayor a preservar, y que sentir los valores de convivencia debe impedir cometer más atrocidades como ha sido esta nueva del Covid, con casi 84 millones de contagiados en todo el mundo y 1,8 millones de muertos. No podemos albergar excesivas esperanzas de que los Gobiernos hayan tomado buena nota de lo sucedido, por lo que en adelante deberíamos ser los ciudadanos los que abandonemos el confort del sillón para abanderar que se puede y se debe vivir sin exterminarnos. A lo que se ve, nadie lo va a hacer si la sociedad civil no reclama la verdad, hacer pagar el daño, y repararlo en todas aquellas personas y sectores que están sufriendo en mayor medida el drama. 

“Hay que rediseñar el cuidado de nuestros mayores y su seguridad dentro de un estado de bienestar que creíamos infalible, aunque no era así” 

Está muy claro que queremos regresar a lo que llamamos y añoramos como normalidad. Aún no distinguimos bien en qué momento de la pandemia estamos, porque muchos episodios de la misma han sido utilizados para  propósitos propagandísticos que a la postre se han convertido en nefastos (vacuna y nuevas cepas). No podemos negar nuestra culpabilidad como sociedad a la hora de hacer bien o mal las cosas en cuanto a prevenciones. Las Navidades lo han vuelto a poner de manifiesto. Mientras el tibio mensaje oficial nos decía que había que actuar de una manera (toque de queda y tope en el número de personas a reunirse en comidas y cenas), han sido muchos los grupos ciudadanos que han decidió festejar a su manera, tanto las fiestas en sí, como el final de tan trágico 2020.

La vuelta a la normalidad no caerá del cielo. Nos la tendremos que ganar, a pulso, nosotros mismos. Para no extendernos al detalle de todo lo que hacemos mal, respetar la distancia social sigue siendo el gran problema y, de cara a los mayores, mucho más. Entramos en 2021 con el coronavirus desbocado. Ni se puede ni hay que negarlo. La vacuna tardará en hacer su efecto, y ha surgido también el inconveniente de convencer a la población de la necesidad de vacunarse. En muchos países, y España está en la lista, no va a resultar fácil, ya que la población muestra desconfianza, ¿por qué será? 

“La vuelta a la normalidad no caerá del cielo. Nos la tendremos que ganar. De lo que hacemos mal, la distancia social sigue siendo el gran problema”

En el apestoso año dejado atrás no funcionó, pero solo una unidad verdadera y mundial puede sacarnos más tempranamente del embrollo en que nos hemos metido, desde que todo empezara en la zona cero que supuso Wuhan, en China. Todos podemos hacer mejor los deberes, los ciudadanos y aquellas instituciones creadas para darnos garantías, fallidas en muchos momentos por culpa del Covid-19. La lista está encabezada por la Organización Mundial de la Salud, acompañada en la crítica a Gobiernos, la ONU, el G-8 o la UE, entre otras muchas. 2020 ha sido una pesadilla real, de ahí que haya que pulir el futuro más inmediato, para no volver a cometer  errores demasiado palpables que se han producido (la desinformación y manipulación). El solo hecho de poder decir algún día que hemos recobrado la normalidad en nuestras vidas nos tiene que llevar a trabajar intensamente en el empeño. Solo así este 21 será el que deseamos.  

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