sábado 24/10/20

La solidaridad se resquebraja en algunas comunidades de vecinos

Reflexiones desde casa. Día 32.

La excesiva ficción informativa en torno al coronavirus nos había hecho pensar en una España absolutamente disciplinada y solidaria, a prueba de bombas, pero va a ser que no. Y es que, al igual que intentar irse de vacaciones por Semana Santa, prolifera ya dentro de algunas comunidades de vecinos la pegada de carteles, donde se invita a residentes concretos que trabajan en la sanidad o el sector alimentario, a que hagan la maleta y se marchen mientras dure la pandemia. Sobre la disminución del egoísmo humano, nunca he puesto mayor confianza en el cambio. La razón más cercana es que, cuando apareció el Covid-19, China o Corea del Sur actuaron por libre, sin mayor atención por parte del resto de países que conforman la ONU, que saldrá por el coronavirus mucho más tocada de lo que ya lo está. Cuando el bicho empezó a viajar por todo el planeta, España, desprevenida, a luchar sola, Francia con planes diferentes, Alemania y Países Bajos pensando si daban dinero al sur y cuánto. Ante semejante despropósito y desunión, ¿cómo dentro de una comunidad de vecinos no se van a producir ejemplos similares de individualismo e insolidaridad? Es comprensible que la actitud de estos rastreros dé para el insulto directo, sea leve como el escrito atrás, o de mayor calado, pero nada justifica mentar a la madre de nadie. La policía avisa de que se puede incurrir en delitos de odio y no es para menos. Pero el daño ya está hecho porque el coronavirus, para tristeza de muchos entre los que me encuentro, se juega en el campo de la imagen. Y eso que las preguntas a hacer y contestar no han variado: ¿cuántos muertos llevamos?, ¿y contagiados?, ¿y recuperados?, ¿va a llegar el pico final o la curva descendente de fallecidos?, ¿cuándo, y después qué? En medio de cuestiones tan peliagudas, hemos introducido fantasías, principalmente lo bien y felices que estamos recluidos en nuestras casas. Pero cuando volvemos a la realidad de lo que realmente da de sí vivir en sociedad, nadie debería extrañarse de actitudes y comportamientos intolerantes, que demuestran lo que les importa el bien general, nada. Al fin y al cabo, si tanto anuncio televisivo incide en que viviremos mejor cuando el coronavirus esté vencido, en contraposición vemos ya desgaste en que los aplausos aflojan o que un sanitario entra en el ascensor de su casa y se encuentre de frente con un escrito que le da las gracias por lo que hace, y a continuación la patada de que se marche con viento fresco, no vaya a contagiar a otros vecinos. Bastante de lo que sucede ya con el coronavirus en España empieza a tener tintes surrealistas. Veo difícil que en adelante muchas cosas sigan igual, porque las generaciones jóvenes, ósea, nuestros hijos, tendrán que decir mucho al respecto de cómo funciona nuestro país. Ese en el que se están educando y del que oyen de habitual que es el mejor del mundo mundial. Otra exageración Typical Spanish.

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