jueves 19.09.2019

Flexibilidad

Me contrata, yo trabajo, él saca beneficios y me da una parte; no veo más. No me interesa ser su amiga como a él no le interesa repartir conmigo a final de año.

Si seré antigua que sigo sin ver al empresario que me contrata como a un amigo, casi que al contrario. No encuentro en él a esa persona que busca lo mismo que yo. Ese brutal esfuerzo que hace al pagarme la Seguridad Social y un sueldo no me estremece como a otros. Yo remo en galeras y ellos están en la cabina de mando, así que no remamos tan juntos, no. Me contrata, yo trabajo, él saca beneficios y me da una parte; no veo más. No me interesa ser su amiga como a él no le interesa repartir conmigo a final de año. Sin mí no se podría ir de vacaciones a Ibiza y yo, con él, no puedo irme de vacaciones ni a Palencia. Todo esto lo tengo siempre bien presente, así que, sí, llamadme antigua y trasnochada y contadme lo de superar el discurso del XIX, que esta vez igual sí hago caso.

Las 30 horas semanales acordadas en el contrato eran un poco mentirijilla

O no, igual tampoco va a ser esta vez, porque la semana pasada me contrataron el lunes y me despidieron el viernes y vuelvo a pensar lo mismo. Las 30 horas semanales acordadas en el contrato eran un poco mentirijilla, resulta que había que trabajar fuera de contrato hasta acabar lo pendiente cada día. Les dije que yo sólo funcionaba con contrato y ellos dijeron que funcionaban con contrato y con nuestro esfuerzo personal y que adiós muy buenas. Flexibilidad laboral lo llaman ahora. No hubo dramas, eso sí, ahora todos somos muy maduros y muy educados, ya pasó el tiempo de las revoluciones.

Sin dramas pero a una se le queda el cuerpito mal, como de floja de mierda. Si no quieres trabajar cada día un par de horitas más eres un poquito vaga, no necesitarás tanto el trabajo, poco arte pones, por lo menos cotizas algo, hay que arrimar el hombro, ¿estás mejor en casa o qué? ¿Qué nos han hecho, qué nos han metido en la cabeza sin casi darnos cuenta?

Las huelgas no sirven para nada y son de comunistas radicales

Hemos aceptado todo sin rechistar, nos han hecho pasar el nivel pero ya no nos quedan vidas. Ya no creemos en los sindicatos, las huelgas no sirven para nada y son de comunistas radicales. Lo importante es trabajar y, sobre todas las cosas, cotizar, aunque haya unos  sueldos indignos para el que los ofrece y para el que los recibe. La Gran Precariedad ha de llegar a todo el mundo, no pararemos hasta igualarnos a todos por abajo; hace tiempo que abandonamos cualquier esperanza.

Pero yo tengo bien presente quién es el que ofrece y por qué lo ofrece y quiénes son los que lo aceptan y por qué lo aceptan. No consigo olvidarlo por muy del siglo XIX que sea. Al revés, cada día lo tengo más presente.

Flexibilidad