Domingo 21.04.2019

Estrategias de tontería y gritos

Se han puesto de moda las barbaridades, que ahora tienen que ser más excesivas que las del contrario para que renten. Los pellizcos de monja ya no valen. Hay que ir a lo grande.

Para estas elecciones que se nos vienen encima se llevan los disparates. En realidad se han llevado siempre. Las salidas de tono y los discursos abruptos calados de insultos y faltas de respeto, son muy de las campañas electorales. Pero en España, los partidos han perdido del todo la vergüenza, y un poco la decencia, y ahora lanzan a sus candidatos, sin contemplaciones, a hablar en grueso, dando voces y templando gaitas a llamaradas. Se han puesto de moda las barbaridades, que ahora tienen que ser más excesivas que las del contrario para que renten. Los pellizcos de monja ya no valen. Hay que ir a lo grande. Ahí está el ejemplo de Suárez Illana, el pretendiente a Duque, que limpiándose el culo con la mesura de su padre no ha tenido empacho alguno, para justificar su oposición al aborto, en inventarse una ley americana que ampararía el asesinato de recién nacidos no deseados, y en hablar de neandertales y cabezas de niños cortadas. Y con la misma desvergüenza que lo dice, se desdice, declara terminada la polémica, y a por la siguiente.

Los aullidos colocan mejor los mensajes de los mediocres. Por qué si no hablan como habla Abascal o su escudero Ortega Smith

También a la política de medio pelo, que ya es la mayoría, la gusta la estridencia, y prepara sus discursos con gritos y voces elevadas. Siempre sin fundamento, claro, construyendo ideas con los argumentos del populismo, buscando el aplauso dado con las tripas, que es más fácil de provocar que la aceptación consensuada desde el pensamiento y la inteligencia. Cuando las cosas van mal, y la necesidad aprieta, la gente se conforma con poco. Y por esa puerta entreabierta suelen entrar lo zafio y lo vulgar. Los aullidos colocan mejor los mensajes de los mediocres. Por qué si no hablan como habla Abascal o su escudero Ortega Smith. Sus formas son toscas y groseramente pendencieras, y se adaptan como un guante a su ligereza intelectual y a su simpleza política. Seguramente de juntar ambas cosas surge su extremo peligro, que sólo se descubre, a poco que se piense, cuando se apagan los focos del circo mitinero. Y para entonces, en realidad, los bramidos ya están dados y las burradas dichas, y a ver quién les quita lo bailao, los titulares y la proyección de voto.

Los partidos nos están acostumbrando a los relatos escritos con brocha gorda y tinta al agua, que se va como vino pero dejando un borrón. Ya no importa convencer seduciendo, ni es lo que se pretende. Ahora se arrastran porcentajes y tendencias para rellenar encuestas, y para eso no hacen falta elevadas elaboraciones dialécticas. Basta con dar cuatro alaridos con mensajes sin pies ni cabeza, y decir un par o tres de tonterías sin sentido. Los comités de campaña de algunos partidos se conforman con lo que dan de si las impertinencias, lo bronco y las simplezas. Lo extremo es el camino. Y así nos pinta el pelo, con cada vez más gente sin más referente ideológico que el exabrupto y la sandez, que no dan de comer pero convencen hoy más que un buen alegato de buenas palabras en el tono adecuado. Se acaba el mundo...

Estrategias de tontería y gritos
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