Domingo 19.08.2018

La muda militancia

Los delirios por la participación que han vendido los que han ganado los elecciones a líder, que lo han hecho precisamente por colocar eso a la militancia convenciéndola de que con ellos decidirían de todo todo el tiempo, han sido una engañifa estratégica que una vez en los despachos se han diluido, decisión tras decisión no consultada, en las excusas de la urgencia, la trascendencia, la necesidad y el "esto no hace falta consultarlo".

Una de las señas de identidad de la nueva gobernanza en el PSOE es eso de dar voz a la militancia. Los más osados incluso la quieren para los simpatizantes. Consultar los grandes hitos del partido a sus afiliados ha sido la bandera del cambio orgánico, y el grito renovador de su moderna clase dirigente. Esa misma, por cierto, que ha crecido internamente y sin crítica al amparo de la democracia orgánica representativa de asambleas, comités y ejecutivas donde no se pedía a los militantes ni la hora. La transparencia, la apertura y la corresponsabilidad en las decisiones ha sido la oferta que ha llevado al triunfo a los que ahora mandan en el partido vestidos con camisa blanca, pantalón vaquero y blazer azul marino. De los que reniegan de las formas de hacer del pasado, cuando el PSOE ganaba elecciones y gobernaba, cuando la unidad se construía en torno a discursos programáticos e ideológicos, cuando ellos llegaron y fueron trepando porque a los que ahora desdeñan les fueron ayudando.

Para ganar, preguntar siempre era el compromiso. Una vez ganado, si te he visto no me acuerdo

Está bien que los que pagan decidan. En los partidos, cuanta más participación de su militancia en la definición del rumbo estratégico, en la elaboración de propuestas y en la elección de líderes haya, más cerca estarán de la realidad del pensamiento social más actualizado. Y mayor sentido cobrará la idea de funcionamiento democrático. Es un notable avance en la idea de máxima implicación política de la ciudadanía que los que lo hacen con su militancia en un partido puedan ser parte de sus decisiones, y con ello de sus éxitos.

Lo que pasa es que en el PSOE esto, que escrito queda muy elegante y que ha convertido a los que lo han usado como eslogan en paladines de la democracia y los tiempos modernos de la política (los de las camisas blancas...), es un bluff con mucho de burdo postureo. Los delirios por la participación que han vendido los que han ganado los elecciones a líder, que lo han hecho precisamente por colocar eso a la militancia convenciéndola de que con ellos decidirían de todo todo el tiempo, han sido una engañifa estratégica que una vez en los despachos se han diluido, decisión tras decisión no consultada, en las excusas de la urgencia, la trascendencia, la necesidad y el "esto no hace falta consultarlo". Para ganar, preguntar siempre era el compromiso. Una vez ganado, si te he visto no me acuerdo, y que las cosas sigan igual.

El universo socialista sigue siendo el del ordeno y mando con su militancia. El nuevo hacer orgánico es esto, decidir sin preguntar, y consultar cuando no hace falta

Sánchez decidió la moción de censura al gobierno del PP sin preguntar siquiera a su ejecutiva, y antes de convocar un Comité Federal, que es la máxima autoridad del partido entre congresos. En Cantabria, Zuloaga, el delegado-candidato que quiere usar la delegación como escaparate y el dinero de todos para hacerse campaña, tampoco ha consultado si debía abandonar la alcaldía de Santa Cruz de Bezana para aceptar su nuevo puesto, rompiendo su compromiso con los vecinos y poniendo en riesgo mantener el ayuntamiento. Aquella bandera de dar el poder de decidir a las bases que usaron para conseguir sus secretarías generales se ha quedado en nada, a pesar de lo trascendente para el PSOE de cualquiera de esas decisiones. La clase dirigente de la ruptura con la vieja guardia y con sus formas, la de la transparencia y la ética, ha vendido la participación de los afiliados como la quintaesencia de otra forma de hacer política y de legitimarse, para luego seguir haciendo lo de siempre: dejar para la militancia las banderitas de plástico y las palmas en los actos electorales. Alcanzada la meta de mandar,  llegó el olvido para los mandados....

Y al final no pasa nada. El universo socialista, que hace tiempo que se mueve por impulsos emocionales en vez de por solvencias intelectuales, sigue siendo el del ordeno y mando con su militancia. Fino en las formas, eso sí, apelando mucho a las bases como si con eso ya cumplieran su compromiso de dar voz a los afiliados, poca y bajito. Y nunca para lo importante, que eso siguen decidiéndolo un par o dos de ellos, Sánchez su moción y Zuloaga su carguito. El nuevo hacer orgánico es esto, decidir sin preguntar, y consultar cuando no hace falta. Y hasta la siguiente.

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