Domingo 19.08.2018

Navajazos a la eficiencia, o cómo perder con la revancha

Los complejos de una dirección a la moda del interiorismo socialista, muy de camisa blanca y pantalones vaqueros, se ha llevado por delante, sin miramientos, una gestión eficaz en la que se ha mirado a través del cristal opaco de la venganza.

Cuando yo era chaval, para almacenar la hierba con la que alimentar al ganado se hacían pacas, esos bloques compactos de verde seco sujetos con cuerdas que luego se apilaban cerca de los establos y que se iban desmontando según la necesidad. Ahora la hierba se embolsa enrollada. El proceso es más sencillo, más rápido, más eficiente, pero provoca un problema medioambiental con el plástico que se emplea, y que acaba convertido en un desecho que hay que tratar. No había caído en ello. He visto cientos de veces las enormes bolsas en los campos, pero no me había parado a pensar qué hace el ganadero con ellas cuando dejan de servir. Hasta que no he leído en una revista regional en qué andaba Rosa Inés García en MARE antes de tener que dimitir, no he conocido su dimensión ni la solución que la empresa de residuos estaba enfrentando para superarlo.

A Rosa Inés Garcia se la ha llevado por delante un huracán de MIA (mediocridad inoperante activa) en el PSOE de Cantabria

Cuenta la revista (Cantabria Económica) que siendo García directora, la empresa pública ha impulsado un programa para la recogida de estos plásticos agrícolas y su tratamiento por parte de una empresa especializada, con el acuerdo de ganaderos y ayuntamientos. También cuenta que durante su mandato se ha puesto en marcha un proyecto para estudiar el uso del gradiente salino de los vertidos de aguas depuradas para producir electricidad, o el de los lodos de las depuradoras para convertirlos en sustratos de cultivo y fertilizantes. Y lo más llamativo, que con su política financiera y de compras, MARE ha pasado del déficit al superávit, con casi 4 millones de euros en positivo solamente hasta su marcha en octubre de 2017. En todo eso estaba Rosa Inés, que no ha podido seguir haciendo más cosas. El sectarismo de quien ahora dirige el PSOE no la ha dejado. Ni el cortoplacismo en la idea de hacer partido, la represalia como único argumento, la necesidad de hacerse notar en el manso, la falta de miras y la carencia intelectual. Los complejos de una dirección a la moda del interiorismo socialista, muy de camisa blanca y pantalones vaqueros, se ha llevado por delante, sin miramientos, una gestión eficaz en la que se ha mirado a través del cristal opaco de la venganza y antepuesto el quién a, y sobre todo, el qué.

La psicología, en sus estudios sobre la mediocridad, tiene identificada una modalidad que denomina MIA, mediocridad inoperante activa. En ella, el mediocre es absolutamente incapaz de apreciar y valorar la excelencia, no se conforma con lo básico, como hace el mediocre simple, ni puede imitar el talento ni a los creativos, como hace el mediocre inoperante, y opta por la destrucción de todo cuanto destaca a su alrededor, incapacitado como está para la inventiva en la consciencia, además, de que jamás podrá alzarse con aquella. Cualquier individuo MIA es un peligro para el progreso y el desarrollo, y desde luego para quienes lo impulsan con mayor o menor éxito. A Rosa Inés Garcia se la ha llevado por delante un huracán de MIA en el PSOE de Cantabria. Como antes le pasó al consejero de Educación, Ramón Ruiz. Y como le pasará en ese partido a cualquiera que destaque por algo pero que no sea necesario para que un mediocre que se mueva en la frontera a la baja del saber y de la capacidad, por ejemplo su secretario general, se asiente en el mando más con el desquite y la represalia como banderas que con la capacidad y la competencia.

Rosa Inés García ha hecho cosas mal en el Partido Socialista, como todos los que lo han dirigido, con sectarismo y revanchismo, y en ocasiones incluso laminando sin miramientos a quienes se le han enfrentado. Cosas de la política orgánica de los partidos políticos, algo que cuando se está dentro se acepta. Pero la militancia y quienes le han ganado congresos y asambleas la han ido poniendo en su lugar, y hoy no ocupa puestos internos de responsabilidad. En MARE se ha desenvuelto como una buena gestora, con una visión clara de lo público, con profesionalidad y con el futuro económico de la empresa y su desarrollo como horizontes. Pretender que eso no cuente, como ha hecho la tropa que gobierna el PSOE, superponiendo a un trabajo eficaz, en términos económicos y de funcionamiento de una empresa pública como MARE, una vendetta, justificada con desparpajo como tal, es anteponer los sentimientos de las gripas partidistas al servicio público y su positivo resultado. Es hurtar a los ciudadanos tributantes del rendimiento correcto basado en el buen uso de los instrumentos para su bienestar social solamente por ajustar cuentas. Y es, además, una soberana estupidez que afianza el pobre planteamiento de que al enemigo en casa ni agua aunque administre bien y optimice esfuerzos y recursos que son de todos. Cosas así retratan a todos.

Navajazos a la eficiencia, o cómo perder con la revancha
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