Jueves 18.10.2018

La política del aspaviento

La generosidad de los verdaderamente afectados por los asesinos de la banda ETA contrasta con la ligereza con la que los dirigentes populares pretenden volver a poner en almoneda la lucha contra el terrorismo.

Una labor de oposición seria, exigente y rigurosa es absolutamente imprescindible, incluso con un Gobierno que da sus primeros pasos, tiene mucha prisa y poco tiempo para revertir los sondeos.

Pero, cuando la oposición se convierte en aspaviento, rechazando incluso lo que la legalidad vigente ampara, no sirve. Viene esto a cuento de la polémica ficticia creada por Pablo Casado por el traslado de dos etarras, arrepentidos, que habían cumplido el protocolo de la vía Nanclares, sin delitos de sangre, a una carcel del País Vasco.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo, tan cercanas al PP, han puesto el punto de cordura ante un tema que por reabrir heridas causa tanto dolor

Con esa grandilocuencia que tanto gusta al joven dirigente popular, y aprovechando un homenaje a las víctimas de ETA en Santa Pola, arremetió contra el acercamiento de presos de la banda diciendo: "nos vamos a oponer frontalmente. Es una contraprestación a una moción de censura vergonzante".

Por primera vez, las asociaciones de víctimas del terrorismo, tan cercanas al PP, han puesto el punto de cordura ante un tema que por reabrir heridas causa tanto dolor. Ha sido precisamente Consuelo Ordóñez, hermana del concejal asesinado por ETA, la que ha tenido que recordar que la medida cumple los requisitos legales y "no nos oponemos".

La hermana de Gregorio Ordóñez ha tenido el coraje personal de recordar al fogoso Casado que siempre ha habido acercamientos, incluso en la época de Aznar, y que el acceso al tercer grado de la etarra que ha sido trasladada se lo concedió el PP.

También Maite Araluce, presidenta de la AVT reconoce que se cumplen todos los requisitos y que, pese a no gustarles, no se pueden oponer.

La generosidad de los verdaderamente afectados por los asesinos de la banda ETA contrasta con la ligereza con la que los dirigentes populares pretenden volver a poner en almoneda la lucha contra el terrorismo que siempre, siempre, debe ser tratado como un tema de Estado. ETA ha desparecido pero no ha borrado la responsabilidad de sus crímenes ni sus miembros han logrado la amnistía. Quedan trescientos asesinatos sin resolver y largas condenas por cumplir que ninguna ley va a modificar.

El regreso a las esencias del PP, más cercano a un espectro ideológico de pura derecha, no excusa unas declaraciones que ni siquiera respaldan ni las propias víctimas. Ni da muestras de rigor en la labor de oposición. No se puede utilizar el dolor para asentarse como líder de la oposición ni para consolidar una alternativa de gobierno.

Manténgase la vigilancia ante un posible error en los beneficios penitenciarios de los etarras, mírese con lupa el historial de cada uno de los solicitantes de traslado pero, si son conformes a derecho, cuantos menos aspavientos mejor. Bastante duro es ya para los que sufrieron su crueldad en persona.

No todo vale en política y, menos en un tema tan hiriente como este.

La política del aspaviento
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