domingo 15.12.2019

Particularismo y regionalismo en los orígenes de la Cantabria contemporánea

SERIE CANTABRISMO [TRIBUNA II]

Con el comienzo del siglo XIX desaparecía en 1801 la Junta de los Valles y la Provincia de Cantabria. El reino borbónico se sometía entonces a las corrientes de liberalización que sacudían Europa. Aunque en España la revolución liberal se implementó con deficiencias por el excesivo peso de los resortes propios del Antiguo Régimen, los cambios políticos abrieron un proceso que se extendió durante buena parte del siglo XIX, tanto por la vía de los afrancesados como de los liberales reunidos en el Cortes de Cádiz que alumbraron el primer texto constitucional aprobado el 19 de marzo de 1812.

La Guerra de la Independencia en Cantabria se realizó a partir del reclamo a la cantabridad

La administración de José I se conformó en torno a la Prefectura de Cabo Mayor desde abril de 1810. Sea desde una orientación que interprete la resistencia a la invasión francesa como la apuesta de los enemigos del liberalismo, o a partir de una línea que atisbaría una apuesta por el liberalismo desde el interior, sin injerencias francesas, lo cierto es que la Guerra de la Independencia en Cantabria se realizó a partir del reclamo a la cantabridad. La Junta Suprema Cantábrica, originada el 26 de mayo de 1808, invitó al levantamiento popular con esta proclama: ¡Valerosos Cántabros y compañeros. Ya es cumplido vuestro deseo. Ya reventó la mina que había en el corazón de este Pueblo...! Está abierto el debate sobre si la Guerra de la Independencia fue un levantamiento contra las ideas ilustradas que venían de la mano napoleónica o una de las primeras expresiones del nacionalismo español. No obstante, en el territorio de la Cantabria de inicios del siglo XIX, la articulación de la respuesta se llevó a cabo desde instancias que se adherían a un reconocimiento explícito de elementos propios. Así, varias unidades militares cántabras organizadas para la guerra, como los Tiradores de Cantabria, Húsares de Cantabria o Granaderos Cántabros, Primero y Segundo Regimientos Cántabros, Armamento Cántabro o División Cántabra, apelaron en sus denominaciones al histórico corónimo y gentilicio del país.

El liberalismo español afrontó la articulación de los diferentes territorios a través de las demarcaciones provinciales. Si el intento de unificación que se estableció a partir de la Junta de los Valles de Puente San Miguel se desbarató en 1801, la Provincia Marítima de Cantabria (1801-1805) será el siguiente eslabón de estructuración territorial que tendrá en la ciudad de Santander su referencia más incidente. Manuel Estrada Sánchez ha estudiado la evolución en esta construcción institucional en la etapa de este primer liberalismo. Las diputaciones provinciales reconocidas en el texto constitucional de 1812 tuvieron una vida efímera, aunque la reinstauración liberal de 1820 retomó la división anunciada ocho años antes. En el periodo gaditano, desde la demarcación territorial de la actual Cantabria se actuaba bicéfalamente: primeramente, en torno al Ayuntamiento de Santander y, en segundo lugar, alrededor del núcleo establecido por las antiguas jurisdicciones anteriores. El hecho de que los diputados a Cortes por Cantabria se eligieran en Burgos generó protestas tanto de parte de la Diputación como del propio ayuntamiento de la capital, y del medio local el Semanario Cántabro. Al final de la Guerra de la Independencia el territorio de Cantabria comenzó a conformarse como una “circunscripción homogénea”.

La nueva demarcación provincial perdió el Valle de Mena (Burgos), los siete pueblos palentinos (Palencia) y Peñamellera y Ribadedeva (Oviedo)

El reconocimiento de la entidad provincial para Santander en los inicios del Trienio Liberal (antigua Provincia marítima reinstaurada en 1816, y que confirmaba el informe presentado por Felipe Bauzá en 1813) y la constitución de una Diputación en 1820, ratificaba el proceso iniciado en Cádiz, pero no consolidaba un espacio territorial definitivo. La decisión del ejecutivo, plasmada en el Decreto de Cortes de 14 de enero de 1822, reconoció los límites del territorio, a pesar de la oposición de Castro Urdiales, Sámano, Mena, Relloso, Ribadedeva y Villaverde de Trucíos, que pretendían incluirse en las provincias adyacentes. El peso de Santander impidió que la provincia se denominara Cantabria, como había sido solicitado por la Diputación en octubre de 1821. En la reacción que representó la Década Ominosa (1823-1833) no se retornó al modelo de las juntas territoriales y, en septiembre de 1825, se conformó la Intendencia de Santander, una de las principales reivindicaciones de la burguesía santanderina desde principios del siglo XIX, mediante la cual se desgajaban de Burgos todas las materias de índole fiscal que afectaban a las jurisdicciones del antiguo Bastón de Laredo. El nuevo marco espacial institucional quedó finalmente definido en el Decreto de 30 de noviembre de 1833: la Provincia de Santander. Respecto al Trienio Liberal, la nueva demarcación provincial perdió el Valle de Mena (Burgos), los siete pueblos palentinos (Palencia) y Peñamellera y Ribadedeva (Oviedo). El Decreto de 21 de septiembre de 1835 recuperó la institución, que pronto protagonizó las discusiones políticas que se sostuvieron en la época isabelina.

En la génesis del “nation-building” español se van a producir varias fracturas que le van a dar ese sesgo o naturaleza específica: 1) la escisión del protonacionalismo ilustrado en las facciones afrancesada y reformista antifrancesa; 2) convivencia entre el naciente liberalismo español y la reacción tradicionalista contra el invasor portador de los principios liberales e ilustrados; 3) oposición entre centralización y descentralización políticas, originándose en la etapa isabelina las primeras manifestaciones contrarias al modelo centralista, en una etapa de reivindicación dentro de los márgenes del “provincialismo”; 4) pérdida del imperio colonial a lo largo del siglo XIX. Todo ello configuró un estado-nación pleno de desaciertos y dificultades, lo que explica que algún estudioso haya hablado del “fracaso de España como nación”.

El republicanismo, dividido entre unitaristas y federales, intentó desarrollar un proyecto descentralizado

El republicanismo, dividido entre unitaristas y federales, intentó desarrollar un proyecto descentralizado que evolucionó desde la indefinición (Estanislao Figueras) al autoritarismo (Nicolás Salmerón, Emilio Castelar), pasando como etapa intermedia por el federalismo (Pi i Margall). Pero la inestabilidad política derivada de la desunión republicana, los conflictos sociales generados por las clases populares (obreros, campesinos y jornaleros), el conflicto carlista que resurgió con la proclamación de un monarca liberal, la continuación de la guerra colonial en Cuba y el problema de la insurrección cantonal impidieron que se consolidaran los gobiernos democráticos.

La Restauración fue el marco en el que afloraron los movimientos ideológicos y políticos regionalistas y nacionalistas periféricos: surgían las ideologías y primeras organizaciones políticas del catalanismo y del nacionalismo vasco, como confluencia de reivindicaciones particularistas anteriores (foralismo), defensa de elementos culturales propios y la exigencia de instrumentos políticos de descentralización y autogobierno.

El núcleo de la Cantabria histórica conoció también postulados afirmadores de su identidad e inicial reivindicación

El núcleo de la Cantabria histórica, estructurado desde los inicios del liberalismo en la Provincia de Santander, conoció también, en el proceso dificultoso de la construcción del Estado-nación en España, postulados afirmadores de su identidad e inicial reivindicación. Como consecuencia de la crisis económica, la burguesía cántabra, específicamente santanderina, volvió su mirada hacia el interior cántabro, en un cierto maridaje entre las posturas librecambistas y fisiócratas y, en la década de los setenta del siglo XIX, según la interpretación de Manuel Suárez Cortina, llevó a cabo la primera experiencia de afirmación de un “particularismo centrípeto”, construyendo una peculiar visión idealizada del pasado histórico y cultural muy ligada a una orientación tradicional, en una lectura específica de “invención de la tradición”. La burguesía o, mejor, los sectores de la burguesía santanderina en torno al puerto, glosaban las diferencias culturales y las especificidades cántabras, pero sin propugnar una alternativa de corte político centrífugo.

En la larga etapa de implementación del Estado liberal español, sin embargo, el reconocimiento de la realidad propia de Cantabria también se efectuó desde posicionamientos críticos con el orden social en un sentido democratizador. Comenzaba, de esta manera, una línea autoafirmación relacionada con ámbitos políticos democráticos de la órbita del republicanismo federal en la propia capital santanderina. El órgano federal El Hambre en Puerta abogaba en 1907 por un “Estado cántabro en una España federal”.

Simon establece una evolución de la reivindicación cantabrista en tres etapas: regionalismo literario, regionalismo económico y regionalismo político

En realidad, el proceso histórico de conformación de un cantabrismo político también tiene en la Restauración la etapa de partida: por un lado, un reconocimiento del país que no se traduce en propuesta de activación política; por otro, los primeros posicionamientos que prenderán en el futuro (II República, Transición política del franquismo a la democracia) como una vía de afirmación autonómica en lo político, con el surgimiento de los primeros partidos políticos de vocación cántabra autoorganizados en la comunidad y la institucionalización de vías propias de autogobierno. Emmanuelle Simon, en su libro Regionalisme en Espagne. L´exemple de la Cantabrie (2003), establece una evolución de la reivindicación cantabrista en tres etapas: regionalismo literario (finales del siglo XIX), regionalismo económico (dos primeras décadas del siglo XX) y, desde finales de la década de los veinte, regionalismo político que se fortaleció en la Segunda República, en la que en el marco de un modelo de “Estado integral” con posibilidad de estatutos de autonomía regionales, en Cantabria se dieron los debates que se concretaron en dos vías: la tradicional de adscripción castellana, y la vía uniprovincial que tuvo en el proyecto de Estatuto Cántabro-Castellano del Partido Republicano Federal su realización más explícita. En aquellos momentos, las únicas alternativas que sobrevivieron fueron la ligada a las tesis castellanistas que, no obstante, reconocían la especificidad “montañesa”, con Cantabria como avanzada de un estado autónomo castellano, opción sostenida por los sectores más influyentes de las élites urbanas, buena parte de su red caciquil en el interior, así como por los sectores más españolistas del tradicionalismo unitarista que contaba también con representantes adscritos al “particularismo”. Y, en el otro polo, se ofertó la alternativa del cantabrismo uniprovincial, defendido por los sectores de la pequeña y mediana burguesía con más historia reivindicativa, de ideología republicana y federalista, y también apoyado por algunos tradicionalistas defensores de las especificidades cántabras favorables, incluso, a un cierto foralismo.

Las críticas historiográficas al carácter tradicionalista de la respuesta de las élites cántabras parecen obviar, por tanto, que frente a un “particularismo centrípeto” inocuo, que nunca derivó en la asunción de instrumentos políticos de vocación autonómica, surge un cantabrismo para el que la vinculación con Castilla no era un factor decisivo. De manifestación crítica, vocación democrática y republicana, sostenido por sectores sociales de la pequeña burguesía urbana a los que se irán adhiriendo con mayor o menor convicción representantes de los intereses de las clases populares, esta orientación más política y crítica ha sido la que, en fases, se ha ido imponiendo históricamente, pasando del bucolismo a la acción política, y desde una adscripción de Cantabria a otros territorios –tradicionalmente, Castilla– a la afirmación de la vía propia: la expresión ideológica y organizativa del cantabrismo y la consideración de Cantabria como sujeto político en una gradual asunción de progresivas cotas de autogobierno.


Viene de: [BLOQUE 01 | ARTÍCULO 03] | Un proyecto de Estado cántabro frustrado por la Guerra Civil

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[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 02] | Bajo las quimas de una vieja cajiga

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