jueves 04.06.2020

El cantabrismo político y el triunfo de la vía cántabra uniprovincial

SERIE CANTABRISMO [TRIBUNA III]

A partir de la premisa de que el cantabrismo, como apelación emocional, cultural y política en relación con el grupo humano cántabro, ha de ser estudiado según las tesis derivadas de las distintas ciencias sociales, las concreciones cantabristas en sus manifestaciones más genuinamente políticas se desarrollaron en la etapa contemporánea o en sus más inmediatos antecedentes. Estudiar el cantabrismo como forma de respuesta que asume algún grado de especificidad referida a Cantabria, ha de realizarse en el contradictorio proceso que se produce entre la deficiente construcción del Estado-nación español y, en segundo lugar, el surgimiento de los movimientos ideológicos y políticos de respuesta al Estado unitarista de base castellana.

La actual Comunidad Autónoma de Cantabria, como realidad institucional y jurídica en relación con las estructuras del Estado español, no ha surgido ex nihilo. No sería necesario indagar en la profundidad de la historia para asegurar que desde el “Siglo de las Luces”, en relación con la Ilustración, la búsqueda de una afirmación identitaria y, según el momento, de su subsecuente construcción político-administrativa, se establecieron como los iniciales fundamentos que cristalizaron con posterioridad, en los siglos XIX y XX. La influencia de cántabros en la Corte, el desgajamiento de los sectores de la burguesía ascendente respecto a sus supeditaciones castellanas y la emergencia de Santander como ciudad portuaria son elementos que convergieron en un primer intento de unidad y de institucionalización del antiguo territorio histórico: la Provincia de Cantabria (1778).

El Estado-nación español contemporáneo fue construyéndose bajo el signo de una debilidad que cayó en la tentación del autoritarismo

Con la revolución liberal se estableció, entre otras medidas, la división provincial de 1833 de Javier de Burgos, nueva configuración territorial de España. El Estado centralista, controlado por unas élites muy condicionadas por los sectores privilegiados del Antiguo Régimen, fue cuestionado por las primeras formas de afirmación periférica, antes del surgimiento en la Restauración de los primeros movimientos regionalistas y nacionalistas. El Estado-nación español contemporáneo fue construyéndose bajo el signo de una debilidad que cayó en la tentación del autoritarismo, debido a que las élites condicionaron una práctica política en que quedaron al margen del sistema el republicanismo, las organizaciones del movimiento obrero y el nacionalismo y regionalismo periféricos.

El cantabrismo decimonónico tuvo la oportunidad de expresarse, a partir de una cierta emocionalidad, en la guerra contra los franceses, adoptó una formulación “provincialista” en la que la burguesía dominante de Santander centró en torno a la capital su vinculación con los intereses económicos con Castilla y, en el último cuarto del siglo, se acercó a un “particularismo” que devino “regionalismo cultural”.

Las posiciones divergieron estratégicamente entre un regionalismo literario e inocuo y un cantabrismo republicano

El cantabrismo dio paso con el nuevo siglo XX a una reivindicación más económica que literaria, preludio de un cantabrismo de incidencia más política, apartándose de la visión bucólica del pasado del país sustentada en construcciones ideológicas tradicionalistas y conservadoras. Las posiciones divergieron estratégicamente entre un regionalismo literario e inocuo, que respondía a la especificidad “montañesista” a lo sumo con una mera descentralización que no cuestionaba su reafirmación en el unitarismo españolista de base castellana, y un cantabrismo republicano, federal, que aspiraba a afrontar el declive de los problemas económicos a través de una inicial actuación política que articulara una salida al problema de la regionalización y de la autonomía en el marco plural español.

La potencial institucionalización de la autonomía de Cantabria se estableció sobre diversas vías posibles, entre las que destacaron la adscripción a la matriz castellana –en la que Cantabria gozaría de su particularidad– y en la que pesaban los intereses históricos del puerto de Santander como exportador del cereal, y la vía de la Cantabria uniprovincial.

En la etapa de la Segunda República española, al amparo de las posibilidades propiciadas por la ampliación de las libertades democráticas y políticas, Cantabria afrontó el debate autonómico  con la decantación hacia la vía republicana, autonómica, federal y uniprovincial, a partir de la propuesta de Estatuto de autonomía realizada por el Partido Republicano Federal y, por la fuerza de los hechos impuestos por la Guerra Civil, por la constitución del Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos, antecedente de lo que en la línea de un País Cántabro autónomo podría haber derivado en un Estado cántabro federal.

El campo diverso de las distintas sensibilidades y realizaciones prácticas del cantabrismo ha tenido una connotación social que se ha extendido hasta el presente, después de la dictadura unitarista española que representó el régimen franquista. Mientras los sectores con mayor incidencia de las élites burguesas y  buena parte de los prebostes locales, no obstante la asunción de ciertos ribetes “particularistas”, han tendido a una identificación nacional española de base castellana, el cantabrismo uniprovincial que se erige como la opción triunfante en la denominada Transición desde el franquismo al régimen democrático puesto en marcha con la Constitución Española de 1978, hunde sus raíces en las propuestas de la pequeña y mediana burguesía progresista, ámbitos populares y en algunos sectores tradicionalistas. Mediante el Compromiso Autonómico por la que los partidos firmantes se comprometen a solicitar la autonomía, tras las elecciones municipales de abril de 1979, el Pleno del ayuntamiento de Cabezón de la Sal del día 30 de abril, con Ambrosio Calzada como regidor (sector autonomista de la Unión de Centro Democrático), iniciaba la petición de la autonomía para Cantabria, con la adhesión de 84 de los 102 municipios de la comunidad, y la votación por unanimidad del Pleno de la Diputación Provincial el día 22 de junio de 1979.

Fue el momento en que se expresaron las primeras reivindicaciones e hitos de carácter socioeconómico y de tamiz cultural e identitario

La Transición política, desde el surgimiento del Comité Cívico en los inicios de 1976 hasta la entrada en vigor del estatuto de autonomía el día 1 de febrero de 1982, con la institucionalización de la Comunidad Autónoma de Cantabria, ha supuesto para el cantabrismo varias consecuciones de tipo histórico. En primer lugar, nuclear en torno al debate de la identidad cántabra y su forma de inserción en el andamiaje estatal la transición política en Cantabria. Todos los agentes sociales, económicos, sindicales, culturales y políticos hubieron de decantarse ante la definición de la entidad cántabra y ante sus posibles salidas políticas en aquellos momentos trascendentales de salida de la dictatura franquista. Fue el momento en que se expresaron las primeras reivindicaciones e hitos de carácter socioeconómico (movilizaciones de los trabajadores de Agua de Solares, oposición al proyecto de central nuclear en Santillán) y de tamiz cultural e identitario (Día Infantil de Cantabria, desde 1978; “Jisquío, con el ton y el son”; Días de afirmación autonómica en diferentes localidades de Cantabria).

En segundo lugar, el cantabrismo adquirió su mayoría de edad, apelando a lo político y poniendo en marcha las primeras asociaciones de decisión exclusivamente cántabra (Cantabria Unida, Comunidad Regionalista Cántabra, Movimiento Nacionalista Cántabro y, sobre todo, la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria –ADIC–) que apostaban por las singularidades del país y propugnaban su autogobierno, como paso previo a la puesta en marcha de las primeras organizaciones políticas autoorganizadas en Cantabria que tomaron como base la defensa de los intereses y de un proyecto de base cántabra (Partido Regionalista de Cantabria –PRC–).

En tercer lugar, el cantabrismo y el cantabrismo político en particular, decantaron las opciones de adscripción del país hacia la vía uniprovincial. De modo definitivo, las veleidades de las élites de incorporar Cantabria en entes que no se ajustaban a la conciencia de pertenencia mayoritaria entre la población y de la sociedad cántabra fueron superadas por la opción que se impuso: la vía de Cantabria al margen de cualquier otra circunscripción ajena.

La inexistencia histórica en las altas cúpulas de la burguesía de una respuesta cantabrista política explica que la vía autonómica haya sido asumida de modo problemático por parte de los sectores políticos más conservadores

Si el análisis histórico debe posibilitar la comprensión del pasado para propiciar el análisis del presente, se puede afirmar que el cantabrismo actual es sustentado sociolectoralmente con prioridad por clases medias y capas populares urbanas junto a ciertos sectores del mundo rural, e ideológicamente en tendencias básicamente progresistas. Mientras, la inexistencia histórica en las altas cúpulas de la burguesía comercial, industrial y financiera de una respuesta cantabrista política –ni regionalista ni, mucho menos, de carácter nacionalista periférico– explica que la vía autonómica haya sido asumida de modo problemático por parte de los sectores políticos más conservadores.

El periodo transcurrido desde los inicios de la Transición hasta la puesta en marcha de la Comunidad Autónoma es tributario de unos orígenes del cantabrismo contemporáneo que es antecedente de una línea evolutiva que ha llegado a su mayor desarrollo en los momentos posteriores al final del régimen franquista, representando la coyuntura en la que irrumpen las primeras organizaciones, asociaciones o partidos políticos de disciplina cántabra autoorganizados en el país, y la puesta en marcha de la actual vía de su autogobierno.

En la construcción política, económica y cultural de la Cantabria del presente, las diversas expresiones del cantabrismo, en forma de emocionalidad, provincialismo, particularismo, regionalismo cultural, económico y político, federalismo, autonomismo, incluso, más recientemente, nacionalismo y soberanismo, han representado una aportación histórica sin la cual la conciencia específica de cantabridad no habría progresado y su institucionalización autonómica no se hubiera producido.


Viene de: [BLOQUE 02 | ARTÍCULO 06] “La reivindicación histórica en favor de Cantabria se constituye por primera vez en proyecto político organizado”

[BLOQUE 02 | ARTÍCULO 05] “Como si la eterna y siempre joven Cantabria nos convocara a despertar”

[BLOQUE 02 | ARTÍCULO 04] “A partir de ahora se hablará mucho menos de Santander o La Montaña y mucho más de Cantabria”

[TRIBUNA II] | Particularismo y regionalismo en los orígenes de la Cantabria contemporánea

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 03] | Un proyecto de Estado cántabro frustrado por la Guerra Civil

[TRIBUNA I] | Una vía propia en la Cantabria del final del Antiguo Régimen y la Ilustración

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 02] | Bajo las quimas de una vieja cajiga

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 01] | “El río Ebro nace en el país de los cántabros”

[PRESENTACIÓN] | “A los que en el pasado consiguieron el reconocimiento de las libertades de Cantabria y a los que luchan y lucharán en el futuro”

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